Ajodar: la fortaleza perdida de los antiguos canarios | Quinta parte

La investigación arqueológica (I)

Las primeras prospecciones en la Mesa del Junquillo permitieron localizar depósitos de agua excavados en toba blanca y una cueva con restos pintura roja

Vertiente norte de la Mesa del Junquillo,  captada por un dron.

Vertiente norte de la Mesa del Junquillo, captada por un dron. / Julio Cuenca

Durante las últimas semanas hemos publicado una serie de artículos relacionados con la búsqueda de Ajodar, la fortaleza perdida de los aborígenes canarios. Hasta ahora nos hemos centrado en el análisis de las fuentes etnohistóricas, es decir, las crónicas de la conquista, que datan de la segunda mitad del siglo XV y en los relatos de los primeros historiadores, de los siglos XVI y XVII, que tuvieron acceso a fuente documentales, algunas hoy desaparecidas.

El análisis interpretativo de estas fuentes escritas, nos ha llevado a plantear la hipótesis de que Ajodar pudiera ser una montaña situada al Oeste de los confines de la Caldera de Tejeda, un lugar que se conoce hoy en día como la Mesa del Junquillo. Una meseta imponente que reunía todas las características descriptivas que la señalaban como la legendaria fortaleza de los canarios que describieron los primeros cronistas, como veremos más adelante.

La hipótesis que planteamos se basa no solo en el estudio y cotejo detallado de las crónicas y relatos históricos, sino también en un conocimiento profundo del territorio donde se desarrollaron aquellos hechos históricos, donde los cronistas e historiadores sitúan de manera confusa y poco precisa la fase final de la Guerra de Gran Canaria.

Juanico Velazquez, pastor del Junquillo que aportó valiosa información.

Juanico Velazquez, pastor del Junquillo que aportó valiosa información. / Julio Cuenca

Aportamos también un conocimiento arqueológico del territorio sobre la cultura de los antiguos canarios y de los restos materiales que aún se conservan, que nos ayudan a comprender cómo organizaron su defensa en un territorio remoto, donde tenían sus principales fortalezas.

Prospecciones arqueológicas

Había que pasar a una segunda fase en la investigación, que consistía en realizar prospecciones arqueológicas en la Mesa del Junquillo con el objetivo, primero, de encontrar evidencias de la ocupación y actividad de los aborígenes canarios en esa montaña a lo largo del tiempo y, después, de buscar pruebas del descalabro de Ajodar, por lo que localizar dónde fueron enterrados los centenares de soldados castellanos que cayeron en aquella emboscada era también uno de los retos prioritarios.

Partimos del hecho cierto de que las prospecciones arqueológicas cada vez tienen una mayor importancia por sí mismas. Establecen las bases empíricas relativas al comportamiento territorial de las sociedades del pasado. Y eso es precisamente lo que pretendemos con este proyecto, en esta montaña, que consideramos una fortaleza natural que sería en parte adaptada a las necesidades defensivas de una sociedad que no tenía motivos para levantar fortalezas de obra debido a que disponían de estos extraordinarios monumentos naturales que equiparon para que sirvieran de refugios a la población en caso de conflictos armados que casi siempre eran provocados por gente venida por mar.

Los primeros trabajos de investigación arqueológica que se realizaron en la Mesa del Junquillo datan de finales de la década de los años 80 del siglo XX cuando llevamos a cabo desde el Servicio de Arqueologia del Museo Canario un proyecto de investigación para elaborar la carta arqueológica de la Caldera de Tejeda, un estudio financiado entonces por la Consejería de Cultura el Gobierno de Canarias.

En aquellas primeras prospecciones realizamos importantes descubrimientos, como los hallazgos en la Umbría de Tagaste, en la escarpada cara norte de la montaña, donde encontramos, en un anden oculto de muy difícil acceso, que era conocido por la gente mayor del Carrizal como Andén de Las Brujas, depósitos de agua excavados en un estrato de toba blanca y una cueva con restos pintura roja.

También se prospectaría la cima de la montaña-fortaleza y el andén por donde discurre el único sendero que rodea la montaña. En su cara naciente se encuentra el único acceso a la cima, datos que coinciden con la descripción de los cronistas, por lo que ya entonces, a finales de los años 80, tras las prospecciones realizadas, nos planteamos la posibilidad de que aquella escarpada montaña fuera la legendaria fortaleza de Ajodar.

En 2017 iniciamos una segunda fase de investigación arqueológica financiada con escasos recursos por la Consejería de Cultura y Patrimonio Histórico el Cabildo de Gran Canaria en el marco de un programa de investigación que pusimos en macha, para reforzar la candidatura de Risco Caído y las Montañas Sagradas de Gran Canaria como Patrimonio Mundial de la Unesco. En ese escenario se promueve un proyecto de investigación histórico-arqueológica en la Caldera de Tejeda y en concreto en la Mesa del Junquillo.

Además de los trabajos de prospección arqueológica que llevamos a cabo en parte de la vertiente poniente de la montaña también tuvimos la oportunidad de entrevistar a los últimos pastores de la Mesa del Junquillo. Eran canarios que habían transitado durante toda su vida aquellos territorios remotos entre los barrancos de Taigui, Lina, Vigaroe, Siberio, Tejeda y las montañas próximas, incluidas la Mesa del Junquillo. Alguno de ellos había nacido y vivido allí, en la Casa de Los Junquillos.

Con ellos nos recorrimos numeroso lugares accesibles para su avanzada edad, en la Mesa del Junquillo. Lugares estratégicos que conocían bien y desde donde dominaban una gran extensión de la montaña. Y allí nos fueron contando sus vivencias, dando los nombres de los andenes, dónde estaban las fuentes, en qué lugares habían vistos restos de los canarios... Eran lugares e historias que sus abuelos les habían contado de pequeños.

En 2021, la Dirección General de Patrimonio Cultural del Gobierno de Canarias financia una nueva fase de investigación para continuar con las prospecciones arqueológicas y elaborar la carta arqueológica de la Mesa del Junquillo. En esta fase de la intervención no pudimos tampoco completar la exploración de toda la montaña, teniendo en cuenta que nos encontrábamos ante un escenario de grandes dimensiones y de orografía muy accidentada (La Mesa del Junquillo ocupa una superficie de 195 hactáreas, equivalentes a 1.946.715 metros cuadrados), por lo que hubiera sido necesario contar con más recursos para abordar un estudio, con tiempo y medios. No fue posible entonces.

Aún con todo, decidimos acometer el proyecto. En cuanto a la estrategia de investigación, seleccionamos tres procedimientos para la obtención de datos. La prospección arqueológica de superficie. La captura de imágenes desde plataformas aéreas o espaciales. Y la prospección geofísica. Aplicamos dos de las principales herramientas disponibles entonces: la prospección arqueológica sobre el terreno y la captura de imágenes mediante el uso de drones, que fueron programados para realizar vuelos adaptativos por determinadas vertientes y en la cima de la montaña.

Como no disponíamos de recursos suficientes dejamos fuera la aplicación de técnicas de prospección geofísica. De tener que usarse quedarían para una siguiente fase, una vez que se hubiera decidido llevar a cabo los sondeos arqueológicos en los sitios de enterramientos localizados.Se optó por una estrategia de muestreos sistemáticos de transectos. Son muestreos estratificados por los cuales se divide el área de estudio en una serie de subáreas de acuerdo a criterios de configuración física, que en este caso tenía que ver con intervalos altimétricos, dado que se prefirió centrar las prospecciones en lo que conforma el tercio superior de la Mesa del Juanquillo, lo que en realidad constituye la fortaleza natural.

Este trabajo de prospección mediante la técnica de transectos lo hicimos además con el apoyo de vuelos de dron programados previamente que realizan pasadas aéreas con movimientos de trasectos paralelos, con lo cual se tienen unas imágenes aéreas de gran calidad, que nos ayudan a detectar estructuras, de superficie, cuevas, etc, en los sectores de la montaña que han sido seleccionados.

Próximo domingo

La investigación arqueológica (II)