CRÓNICA

El profesor Reina y Cueva Grande

Manuel Lorenzo Reina, uno de los personajes más pintorescos de la Isla, que cantaba folías y villancicos en ruso o el himno de Canarias en chino, recibe mañana un homenaje

El profesor Reina y Cueva Grande

El profesor Reina y Cueva Grande / Pedro Socorro Santana

Pedro Socorro Santana

Hay personajes que identifican tanto a sus pueblos como algunos de sus mejores monumentos. Cueva Grande, pago de la Vega de San Mateo, tributa mañana sábado al mediodía un merecido homenaje a uno de sus hijos más ilustres: el profesor Reina, dentro del programa de fiestas patronales en honor de San Juan Bautista. Nacido el 20 de julio de 1923, en una humilde casa del mencionado pago cumbrero, Manuel Lorenzo Reina fue uno de los personajes más pintorescos de la Isla. Aquel ‘cuevagrandino’ pasó su niñez y adolescencia entre montañas, balidos de ovejas, aromas de salvias, tomillos y las zafras del tomate en el Sur, durante las tareas de recolección y empaquetado de un monocultivo isleño que requería de todas las manos posibles, incluida las de los menores.

Aprendió las primeras letras en el colegio de Cueva Grande de la mano de su primer maestro José Dávila Hidalgo (-1947), de imborrable recuerdo en aquel barrio. Se cuenta que en aquel tiempo, con ocasión de oír hablar a los ingenieros de la compañía inglesa City of Las Palmas Water and Power Company Limited, concesionaria del abastecimiento de las aguas de la ciudad, en aquel tiempo en que la City proyectaba la adquisición de nacientes particulares en las cuencas de la Hoya de El Gamonal, Camaretas y Cueva Grande, nació su vocación de profesor de lenguas extranjeras en otros muchos centros, sobre todo en la calle Buenos Aires, en donde fundó, en 1957, el ‘Colegio Inglés de Canarias’, más tarde establecido en la calle mayor de Triana. Allí ofrecía clases de idiomas: inglés, francés, alemán, sueco, noruego, ruso, chino... toda una obra de anticipación de este políglota que trascendió del campo a la ciudad de cara a la consolidación de la industria turística, «puesto que comprendimos antes que nadie que el inglés era una lengua de futuro», como explicó en su día.

El profesor Reina y Cueva Grande

El profesor Reina y Cueva Grande / Pedro Socorro Santana

Bajo el patrocinio de aquel célebre colegio, al que siempre ligó con diversos y habituales actos culturales, el profesor ‘cuevagrandino’ formó en 1967 un equipo pionero de fútbol femenino en las islas con sus alumnas de inglés, capitaneada por la veterana futbolista inglesa Ivone Freeman, que estudiaba español en dicho colegio, cuando todavía el deporte rey era el reino de la masculinidad y todavía le separaba tantas décadas de un mundial. Fue un adelantado a la época, un hombre culto, educado en un espacio rural en el que la vida tenía las hechuras de un pueblo recóndito, alejado, pero también era un tanto estrafalario que, a su manera, ayudó a apretar el acelerador social que requería el feminismo. En las calles y plazas más concurridas nunca pasaba desapercibido, sino bien visible. Solía ir vestido de traje, con sus barbas bíblicas, gafas, apoyado en un garrote y aquel gorro de astracán negro que nunca dejaba ver su coronilla. Ni siquiera cuando paseaba desnudo por la orilla de la playa de Maspalomas mientras gastaba el tiempo durante esos veranos en los que parecía eterno.

El sabio profesor solía cantar folías y villancicos en ruso o el himno de Canarias en chino para asombro de los presentes, y convertía las clases, las disertaciones públicas o en las charlas con los amigos en un pasatiempo divertido en las que sus vocaciones poéticas interferían con los idiomas, y uno terminaba no solo por creerlo, sino por naufragar en ellas. Fue, además, un asiduo colaborador de Cáritas Parroquial de San Mateo y del Domund, y participaba en cualquier acto cultural que realizara el ‘Taller Martí’, de su Vega de Arriba, fundado por el también maestro, escritor y poeta, Rafael Franquelo, vecino ahora de Cueva Grande y uno de los impulsores de este homenaje a su figura. Estamos hablando de alguien que, cuando el cambio climático ni las proclamas verdes formaban parte del debate, ya defendía plantar castañeros y nogales en la cumbre para luchar contra la sequía. Su pueblo natal recupera ahora su memoria y agradece al profesor Reina que fuera el fundador y director de las academias ‘Ramón y Cajal’ (1953) y ‘San Mateo Apóstol’, en la Vega de Arriba, ambas en la calle principal, pues por primera vez en la historia de ese municipio facilitaron a los más jóvenes el acceso al bachillerato, sin diferencia de clases sociales.

El profesor Reina y Cueva Grande

El profesor Reina y Cueva Grande / Pedro Socorro Santana

El maestro que llevó la segunda enseñanza a su pueblo, contaba con la experiencia a mediados del siglo pasado de su etapa como profesor de idiomas y subdirector del colegio Lope de Vega, en la calle Travieso; director de la academia San Pío X (1955), de segunda enseñanza; vicedirector del colegio Pedro Manjón, también en la capital, a la que regresó tras su paso por San Mateo, y poco antes de fundar el célebre ‘Colegio Inglés de Canarias’. Nunca olvidó sus raíces y siempre que podía volvía a Cueva Grande, y fue uno de los primeros en defender la creación de un mercado agrícola en la Vega de San Mateo para que los agricultores ofrecieran sus frutas y verduras de manera directa, fijando precios razonables con lo que se suprimiría la figura del intermediario. Fue muy aplaudida su intervención en una mesa redonda sobre agricultura celebrada en su pueblo con motivo de las fiestas patronales de 1977. «Es absurdo —dijo el profesor Reina— que los frutos cultivados en los campos vayan al mercado central de Las Palmas, y luego, desde allí, regresen al lugar de origen para ser detallados por el comercio, lo que origina un encarecimiento inconcebible». Aún faltaban dos años para que ese icono de la despensa agrícola de la isla se hiciera realidad en una de las naves ganaderas de la zona de El Convento, pero ya contaba con un aliado natural que departía ante sus vecinos con una postura de campesino experimentado hablando de papas y peras.

Casado el sábado 19 de abril de 1975 en la Catedral de Santa Ana con la veguera Paquita Jorge Navarro, el profesor Reina comenzó esa década siendo un personaje controvertido, pues a cada rato sacaba a relucir en sus conversaciones sus denuncias de atentados o presuntos intentos de asesinato o envenenamientos, mezclándole vidrios molidos en la bebida… por haber inventado su particular idioma universal, que diera a conocer por varias ciudades españolas y europeas, y de cuyo proyecto hablaba a quien quisiera oírlo, aunque casi siempre visto como una extravagancia. Por eso mismo, el peculiar profesor exigía que le esterilizaran el vaso y le sirvieran la bebida en su presencia, con dos cañitas de plástico, imprescindibles para evitar que sus inhiestos bigotes «se emborracharan», aseguraba.

A todos contaba con orgullo que estrechó la mano de Winston Churchill, quien le escribió una carta manuscrita, fechada en Londres el 18 de abril de 1961, agradeciéndole su amable acogida y el poema que le dedicó durante su última visita a Las Palmas el mes anterior, al Papa Juan XXIII o a Mao Tse Tung. En palabras del periodista Salvador Sagaseta, «hay quien le admira y quien le asocia, cual al Lazarillo de Tormes, a la tradición picaresca nacional», aquel año de 1996, que comentaba una iniciativa popular para cambiar el nombre de Triana por el del profesor Reina. Y sugería que «eso de que domina catorce idiomas (entre ellos el arameo, el árabe o el chino, que muy pocos de nosotros solemos hablar en familia) por ejemplo, no convence del todo al personal, de modo que la propuesta de que Triana cambie su nombre por el suyo es algo que divide a la parroquia: unos dicen que no y otros que tampoco, aunque la peña de leales está ahí, firme el ademán y buscando sufragios a favor para una iniciativa, que para bien o para mal resulta tan pintoresca como el personaje mismo, protagonista de una peripecia entre las cumbres y los rascacielos», señalaba el célebre y sagaz periodista de LA PROVINCIA en su columna diaria Archipiélago Veneno. Lamentablemente, perdió la vida el 10 de febrero de 2007, víctima de un atropello a la altura de Tinoca cuando contaba con 84 años. Poco después, en 2013, el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria decidió dedicar una calle en el barrio del Atlántico (La Feria) a este personaje tan singular que, aunque nacido en plena cumbre, se hizo un hueco en la memoria colectiva de la capital. Por todo eso y por otras cosas que no caben en estas líneas celebramos este homenaje en su pueblo de Cueva Grande algunos testigos de su memoria.

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