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Santa Lucía de Tirajana

El artesano de las 2.000 iglesias

Manuel López, de La Orilla de Sardina, hace miniaturas de templos desde hace 20 años de las islas y del extranjero con tablillas de cajas de madera y tarda de dos semanas a dos meses

Manuel López, artesano de La Orilla de Sardina, ante una muestra de sus iglesias en miniatura.

Manuel López, artesano de La Orilla de Sardina, ante una muestra de sus iglesias en miniatura. / La Provincia

Santa Lucía

«De niño no teníamos juguetes. Tengo 70 años y con 10 ya hacía pelotas y las niñas muñecas con telas viejas o lo que encontrábamos por ahí. Había pobreza, pero nos divertíamos con imaginación. Empezaba mi afición por la artesanía casi sin darme cuenta». Así lo relata Manuel López en el garaje de su casa, en el santaluceño barrio de La Orilla de Sardina del Sur. Ahí reposan en hilera sobre estanterías muestras de las más de 2.000 maquetas artesanales en miniatura de réplicas de iglesias de la isla, del archipiélago, del país y del extranjero que ha confeccionado como aficionado en 20 años. 

«Aunque soy creyente a mi modo, no piso una iglesia si no es por algo excepcional», comenta como anécdota y en confianza reconoce que «vender una pieza ahora me da salud. Padezco una enfermedad y esto me ayuda a evadirme». 

Ha recreado miniaturas anteriormente, «pero empecé a hacer las iglesias porque era algo novedoso para mí y creo que hoy día nadie se ha dedicado a esto». 

De la catedral capitalina a Ecuador

La catedral de la capital grancanaria, la parroquia de Agüimes, la ermita de Los Dolores en Lanzarote, San Vicente de la Barquera en Santander, o de San Antonio en Venezuela o Nuestra Señora del Quinche de Ecuador.  

Son algunas de las pequeñas obras que elabora minuciosamente con madera, concretamente de las tablillas de las cajas que usaban los tomateros, «que había en los supermercados, pero que ahora me cuesta encontrar», detalla López, que también usa palillos, cola y pintura en los que  en los que entremezcla igualmente sabiduría, historia y reciclaje. 

Emplea aproximadamente dos semanas en ver terminada cada pieza única que elabora. Aunque todo depende del grado de complejidad de la estructura. Por ejemplo,  finalizar al detalle la catedral de Santa Ana capitalina le llevó invertir dos meses, aunque reconoce que le dedica unas horas al día. En su mayor parte se basa en imágenes de internet para replicarlas.   

Por encargo

En estos momentos las hace por gusto o por encargo y las vende en diferentes ferias al precio de 20 euros. Se enorgullece de que su labor haya sido reconocida  desde la Mancomunidad del Sureste, en su barrio de La Orilla, en Valleseco, Teror, Cruce de Arinaga y en breve de la radio local agüimense Planeta. 

Con la catedral de Arucas, una finalizada y la otra aún en ejecución.

Con la catedral de Arucas, una finalizada y la otra aún en ejecución. / La Provincia

No es artesano profesional «porque de esto no se vive». López, dedicado a la construcción toda su vida, casado y con tres hijas, sonríe cuando muestra sus manos poco castigadas en el taller que tiene en la azotea de su casa, tres pisos por encima del garaje. Esta zona de trabajo se acota en poco menos de dos metros cuadrados en un cuartito repleto de herramientas con vistas al Roque Aguayro y curiosamente, a la torre de la iglesia de su barrio. 

Manuel López, en el garaje de su casa con una muestras de sus réplicas de iglesias e miniatura.

Manuel López, en el garaje de su casa con una muestras de sus réplicas de iglesias e miniatura. / La Provincia

"Solo gano en salud"

«De la artesanía viven solo los que tienen tienditas. Pretenden comprarme una pieza por 10 euros para venderlas a 30, como le pasa a los agricultores con los intermediarios, pues lo mismo. Con la diferencia de que yo no vendo para ganar. Solo gano en salud y satisfacción por ver contenta a la gente cuando compran algo», subraya. 

Hace sana crítica de los que juzgan su obra: «Me dicen, eso lo hago yo en un momento. Claro que lo puede hacer, mejor o peor, pero la artesanía es una pieza única así hagas réplicas dos y tres veces. Pero la que hago yo es mi propia creación. Y es arte porque nunca una pieza saldrá igual que la otra. Cada una tiene su particularidad». 

La iglesia de Todoque en La Palma

Lloró con la primera pieza que vendió, la miniatura de la iglesia de Agüimes, porque afirmó, «era como desprenderme de algo mío». También lo hizo al ver cómo la lava durante la erupción del volcán de La Palma se tragaba la iglesia del barrio de Todoque. Pensó que la esquivaría. No fue así. «Hice cinco miniaturas y las vendí el mismo día en la feria del Sureste. Me pidieron muchos encargos. Dio tanta tristeza verlo», dijo.   

Hace dos décadas sus piezas artesanales en miniatura se centran básicamente en iglesias o tronos en miniatura para santos e incluso, tallas de la Virgen. Pero la temática eclesiástica no es única.

 No le faltan las confeccionadas a escala de museos, antiguos barrios del sureste comidos por el cemento, el Estadio Insular de la UD, el Nou Camp o el Bernabéu. Esas las guarda en la azotea de su casa, en su taller algunas inacabadas y otras a falta de retoques.  

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