Agüimes

La única floristería con letras y amor

La dueña de la única floristería de playa de Arinaga desde hace 28 años explica cómo tras su boda abrió el negocio para ahorrar gasolina con los viajes a Vecindario

Fefi Sánchez, en su floristería de Arinaga, la única en casi 30 años.

Fefi Sánchez, en su floristería de Arinaga, la única en casi 30 años. / La Provincia

Spatifilio o lirio del amor. Además de dejar un ambiente tranquilo, absorbe el exceso de humedad y elimina contaminantes de nuestro hogar. Es una de las reseñas que escribe Fefi Sánchez a mano en pequeños papelitos que recorta y adhiere a macetas, estanterías o jarrones de las plantas ornamentales de su floristería Tasaigo, la única que existe y que fundó en 1996 en playa de Arinaga. Es particular. «Nació del amor y algo más.», dice sin desvelarlo sonriendo entre el frescor, tranquilidad y paz y olor de la tiendita en pleno corazón de la avenida Polizón en la zona comercial abierta de playa de Arinaga, en Agüimes.

Nada frena a Fefi, propietaria de la única floristería de playa de Arinaga desde hace 28 años. Se respira fresco, se entremezclan aromas de flores y de paso, aprendes el significado de cada planta o flor, sus propiedades curativas o las románticas leyendas que envuelven la historia de cada una. Las escribe a mano en recortes de papel que luego pega en estanterías junto a la planta o en jarrones donde tiene en remojo los ramos de flores adornadas con siemprevivas.  

Historia de amor y ahorro

 Observa un ramo que tiene a medio hacer sobre la mesa de trabajo en su local de alquiler, de 120 metros cuadrados y recuerda el año que se casó. Marcó precisamente el inicio de este negocio en 1996. «Yo vivía en Vecindario y al casarnos, en 1995, nos vinimos a vivir a playa de Arinaga». Relata que el comienzo del negocio es una historia aparte, bonita, pero distinta.

«Mi marido es de estas personas que siempre me regalaba flores, desde novios. ¿Qué pasó? Él continuaba comprándome flores después de casados. Pero tenía que ir a Vecindario, en el municipio de Santa Lucía, a por el ramo casi a diario porque en playa de Arinaga no había ni una floristería».

 Entonces se le ocurrió la idea. «¿Por qué no montamos un negocio de plantas y flores aquí y me ahorro el viaje hasta Vecindario todos los días?». Lo relata con alegría y riendo porque reconoce que el amor de su marido hacia ella era, ha sido y es el mismo, «pero nos ahorrábamos el gasto de gasolina, tiempo en desplazamiento y sobre todo, sabía que adoraba las plantas».

 Todo tomó cuerpo cuando inauguró un negocio «que nació del amor y también del ahorro», comenta Fefi Sánchez mientras atiende a una clienta de las de siempre. 

En el patio de mi abuela

Recuerda «cuando fue una de las mayores alegrías de mi vida. Yo me crié prácticamente en casa de mi abuela, bueno, en el patio de casa de mi abuela. Era donde tenía la pileta y repleto de plantas que colgaban de las paredes o en macetas. Ella me explicó el significado de algunas, sus propiedades, cuidados y yo era feliz. Una de las etapas más felices de mi vida».

Ahora se documenta ampliamente. Se sirve de diferentes páginas especializadas en internet para ganar en conocimiento y también, mostrarlo a sus clientes.  

Fefi Sánchez y su cienta Erika.

Fefi Sánchez y su cienta Erika. / La Provincia

Entra una de sus asiduas compradoras y amiga, Erika Santana, a por el ramito de flores que se lleva cada semana, con LA PROVINCIA como testigo. Mientras Sánchez lo armaba, Erika fisgaba por la tienda y sacó de la maceta una planta: «Qué bonita está esta cinta». Fefi respondía desde el fondo: «Es una chloropytum comosum, es el lazo del amor, de interior, necesita mucha luz y purifica el aire» dijo como si nada. «Está bonita, la verdad» comentó Erika. «La otra que te gustó es la cuna de Moisés o lirio de la paz (Spatfhiphylum), esa se vende mucho». 

Desde 1996 hizo realidad, su floristería, que mantiene ininterrumpidamente abierta hasta día de hoy a diario.

Fefi escribe a mano las propiedades de cada planta.

Fefi escribe a mano las propiedades de cada planta. / La Provincia

 Fefi, como la conocen todos, es jefa, decoradora, directora, administrativa y lo que le caiga, como pedidos a media noche para hacer una corona por encargo por algún fallecido. Tiene ayuda excepcional de algún amigo, «pero la floristería es mía, la creé yo y soy su propietaria», añade orgullosa. Y es clara y modesta al constatar que «ni entiendo cómo me vienen desde Telde o del Sur y Las Palmas, con todas las floristerías que tienen allí». El perfil de la clientela ha variado y ampliado en estas tres décadas», destaca, pero continúa fiel la que comenzó desde sus inicios. 

 «El verano no es temporada de flores y plantas, «pero como ahora Arinaga se llena de veraneantes, cada vez son más y más los clientes que vienen. Como los extranjeros, sobre todo los italianos. Les encanta», reseñó. 

«¿Quién dice que no se casan?»

Habla con asombro de las noticias que hacen referencia a la caída estrepitosa de los enlaces matrimoniales, bodas, en Canarias: «¿Cómo que no se casan? Claro que se casan. Muchísimos. Los pedidos de ramos de novia son una constante», asevera. Solo especifica que lo que ha cambiado es el volumen de los pedidos de flores. «Antes eran mayores para engalanar las iglesias o los bancos. Ahora es más sencillo. Un ramo de novia y con un buen diseño. Pero bodas, claro que las hay».

 Sobre las tendencias de compra explica que «antes venía gente de más edad, sobre todo para poner flores a la Virgen o para las casas», aunque constata que la pandemia y el confinamiento por el Covid también marcó un antes y un después entre la clientela. «Ahora es más joven», apunta. 

«Compran semillas, macetas y tierra. Va en crecimiento entre personas de 30 años o menos. Ah, y también muchas orquídeas. Son caras, delicadas, pero se las llevan muchísimo». Aunque por lo general, señala «la gente busca que la planta requiera poco cuidado y agua» y apostilla que en Arinaga el viento no es molestia, si las cuidas, te lo agradecen». 

Eligió el nombre de Tasaigo (Rubia fruticosa), porque le gustó tras verlo en un coleccionable «porque es una planta canaria y me encantó». Se trata de un arbusto autóctono canario, que se ha  usado en medicina popular por sus propiedades diuréticas, cura los catarros o abrir el apetito o incluso, tintóreas al moler sus raíces o con frutos que sirven de alimento a los lagartos.