Más de 70 años de vida y un camino de superación y "honestidad": la historia de la dulcería Nublo, en Tejeda
El local comenzó su andadura en el año 1946 y, ahora, se ha convertido en uno de los más populares de la Isla

Rosa Mari, en la dulcería Nublo. / Efe

Hace ya más de 70 años que la dulcería Nublo, en el municipio grancanario de Tejeda, abrió sus puertas. Fue en 1946 cuando Dolores Navarro decidió fundar un negocio que, ahora, se ha convertido en uno de los más populares de la isla de Gran Canaria.
Palmeras de más de veinte sabores, polvorones, bollos, mazapanes o dulces de almendras. Son muchos los postres que la dulcería Nublo ofrece. Sin embargo, la fundadora empezó "haciendo piñones y mazapanes en Casas del Lomo, un barrio del pueblo de Tejeda, y los vendía después de la misa", explica Rosa Mari Medina, actual dueña del negocio.
Tras un comienzo que se desarrolló "muy poco a poco", Dolores Navarro alquiló en el pueblo un pequeño local que, como mucho, "mediría tres por cuatro, era chiquitito", dice Rosa Mari. Ahora, cuando echa la vista atrás tiene claro que Navarro "fue una mujer adelantada a su tiempo".

Dulcería Nublo, en Tejeda. / Alexandra S.

Dulcería Nublo, en Tejeda. / Alexandra S.
El comienzo
Apenas tenían 21 y 23 años cuando Rosa Mari y su marido, hijo de Dolores Navarro, se adentraron en la aventura de hacerse cargo de la dulcería Nublo. "Eran otros tiempos" y, por aquel entonces, el negocio solo contaba con una persona dada de alta en la Seguridad Social. Actualmente, después de casi 40 años al frente del local, cuentan con 23 empleados contratados.
El calor aprieta en Tejeda cuando llega el verano, "todos los almendros de la zona están secos" y, desde que llegue septiembre, el horno de leña, primer elemento que Dolores Navarro construyó, se encenderá todos los días. "Hay que preparar la campaña de Navidad", dice Rosa Mari.

Dulces de la dulcería Nublo. / Alexandra S.
Es ahí, en ese horno de leña que acumula años de historia, donde todas las noches duerme la harina "para hacer los famosos polvorones de Tejeda".
Un camino de superación
78 años han dado para mucho y la crisis de 2008 "fue terrible" para la empresa. También lo fue la pandemia en 2020, pues "todos los trabajadores se fueron al ERTE", recuerda Rosa Mari y añade que, durante el confinamiento, la gente le decía "dedícate a la casa", pero su objetivo era claro: no dejar morir la dulcería Nublo.
"Le comenté a mis hijos que pusiesen en redes sociales como Instagram o Facebook que, desde nuestro negocio, repartíamos a domicilio por toda la Isla si hacían un pedido superior a los 25 euros", cuenta Medina.
Lejos de quedarse en una idea loca y en un plazo de 15 días, a través de la iniciativa "los 18 empleados que trabajaban en 2020 fueron levantados del ERTE", asegura, con mucho orgullo, Rosa y presume, además, de que ella "también recorrió toda Gran Canaria" mientras repartía los míticos dulces de Tejeda.
"La gente conoce nuestros dulces"
Durante la pandemia, la dulcería Nublo llegó a la puerta de muchos hogares grancanarios. Lo hizo en momentos especiales como, el Día de las Madres o el Día de Canarias. "El Día de las Madres lloré más que de pelos tengo en la cabeza", reconoce Rosa Mari y explica que, para celebrar la efeméride, hizo unas cestas a las que incluyó "unos gladiolos preciosos de la finca".
El regalo se llevó a casa de muchas abuelas y madres. "Cuando me veían con la cesta, ocurría algo inexplicable", confiesa Rosa Mari.
Una de las cosas que más ha sorprendido a la dueña de la dulcería Nublo es ver cómo la gente conocía, incluso, hasta el lugar exacto en el que se encontraban los dulces. "Cuando repartíamos a domicilio nos decían, por ejemplo, quiero el dulce blanco que está al lado de los mantecados".
Otro de los aspectos que destaca es la solidaridad de los canarios y canarias: "Íbamos a La Aldea y nos daban tomates". Tras superar la época de la pandemia, y darse cuenta de que fue un camino "de supervivencia", la dueña del local asevera que, en la vida, "no puedes esperar a que te toquen la puerta, debes ir detrás de las oportunidades".
Un negocio que llega al resto de Islas
En el local de Tejeda se vende un 20% de lo que produce la dulcería Nublo. El resto viaja a diferentes partes: restaurantes, mercadillos o cadenas de supermercados. Además, cuando llega la campaña de Navidad, los postres de esta localidad grancanaria llegan a todas las Islas Canarias.
Para Rosa Mari, lo que convierte en especial a sus productos es la calidad y la materia prima con la que se cocina, pero también ha influido en la popularidad alcanzada "el trato a la gente y el caso que en el negocio se le hace al consumidor final".

Palmeras, en la dulcería Nublo. / Alexandra S.
Asimismo, explica que uno de los dulces más famosos que tienen son las palmeras y, eso, en gran parte "es por los clientes". Cuentan con aproximadamente veinte clases de palmera y la variedad es "porque cuando viene la gente preguntan por qué no se puede hacer una de plátano, una de polvito...", expone Rosa Mari y agrega que los trabajadores "lo intentan y, así, es como han surgido tantas palmeras".
"La clave es la honestidad"
Hace un año y medio que la dueña del local ha dado paso en la empresa a su hijo. Destaca que, una de las cosas más importantes, es el trato que se le da a las personas: "Somos 23 y la trayectoria de la dulcería se la debemos a los trabajadores, todos remamos en la misma dirección, somos una familia".
La clave del éxito, reconoce, "es ser honesto con todo". La experiencia le ha demostrado que la honestidad con "proveedores, trabajadores y clientes es lo más importante", pues "para ser feliz primero hay que ser honesto".
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