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Agaete

La Rama, un pretexto para volver

Los vecinos del pueblo de Agaete se preparan para vivir la fiesta más esperada del año junto a sus seres queridos

Kiara García regresa después de cuatro años en Malta

Preparativos para La Rama de Agaete 2024

Andrés Cruz

Agaete

Como cada agosto, los vecinos de Agaete se preparan para vibrar bajo la melodía de La Rama, que todos los años recibe a miles de personas. Durante este fin de semana, el pueblo acogerá a los de siempre, pero también a los que llegan desde fuera con la perfecta excusa de regresar. Mientras tanto, están los que hacen la cuenta atrás para el tan ansiado volador, o los que se ven obligados a hacer sus maletas y huir por la masificación. 

Dicen que uno vuelve siempre a aquellos sitios donde amo la vida, y Kiara García no tiene ninguna duda de ello. Hace cuatro años abandonó su Gran Canaria natal para poner rumbo a Malta, y desde entonces no había vuelto a bailar al son de La Rama. Este jueves, con el comienzo de agosto, García regresó a ese lugar que tanto anhelaba y cuando su avión aterrizó en la isla, sus ojos no pudieron contener la emoción de regresar a casa. "Llevaba sin venir desde antes de la pandemia, y este año que he conseguido volver estoy como si fuera el día de Navidad", explica con un brillo especial en su mirada. La reserva del hostal la realizó hace un año "porque si no es imposible conseguir alojamiento", y desde entonces ha vivido haciendo la cuenta atrás más esperada. "La gente de Malta ya sabe lo que amo Agaete y mi tierra, y no dudan cuando les digo que mi día favorito del año es el Día de Las Nieves", sentencia Kiara García.

El reloj no ha marcado las doce de la mañana, pero la esquina del bar El Perola ya empieza a animarse. Las terrazas están comenzando a llenarse de vecinos, turistas y visitantes que atraídos por La Rama ya empiezan a hacer acto de presencia en Agaete. En una de las mesas de la terraza, Ana Rodríguez disfruta junto a su padre, Cayetano Rodríguez y unos amigos de la previa de esta fiesta popular, declarada Bien de Interés Cultural desde el año 2018. "Deseando que llegue el día y contando los días", confiesa Ana, que a pesar de vivir desde hace 18 años en Huelva, su mente se traslada cada 4 de agosto hasta las calles que la vieron crecer y le transmitieron este sentimiento.

El logo de las fiestas

Este año, por primera vez, hay junto al centro cultural de Agaete un espacio dedicado a la venta de merchandising oficial con el logo oficial de las fiestas de La Rama y el cartel, que ha corrido a cargo de la artista plástica Abenchara Álamo. Una obra en la que la vecina de Agaete ha puesto a la mujer en el centro de la imagen a modo de reivindicación. Un poco indecisas, Adriana Medina y Carla Marichal intentan elegir la camiseta que llevarán para la gran cita de La Rama. Llegadas desde Fuerteventura, este año será la segunda vez que disfruten de esta cita gracias a la familia de Adriana, que tiene casa en la Villa. "Es una fiesta diferente y no sabíamos si nos iba a gustar, pero todas nuestras expectativas se superaron y no paramos ni un momento de bailar, por lo que no dudamos en repetirlo de nuevo", confiesan entre risas.

Sin embargo, no es oro todo lo que reluce, como se suele decir. Durante estos primeros días de agosto Agaete acoge más de lo que puede soportar, una cuestión que agobia a los residentes, quienes esperan estas fechas tan señaladas para huir de la villa en busca de una mayor tranquilidad. «Nosotros nos escondemos para que vengan los de fuera, y cuanto más lejos estemos, mejor», asegura Ramón Ramos, nacido, criado y envejecido en Agaete, tal y como expresa. «Ahora las fiestas son diferentes. Antes bailábamos los del pueblo y los de fuera nos miraban, y ahora es al revés», comenta.

Ramón, que ha crecido bailando la melodía de La Rama, no duda al decir que «esto ya no es una fiesta, sino un desmadre». A sus 74 años, intenta achacar ese pensamiento a su vejez, pero se apoya en la opinión de uss hijos e incluso sus nietos, que a pesar de ser jóvenes detestan esta celebración. 

Beneficio al pueblo

En esos bancos de la plaza, donde se reúnen los jubilados de la zona, todos tienen la misma opinión. Y es que a pesar de que "los vecinos de Agaete escuchan cacharros sonando y ya están en la calle bailando, la masificación no gusta". Si hay una cuestión en la que coinciden es que la fiesta trae beneficio al municipio, y que a los vecinos lo que más gusta es la diana. Un evento que consideran más íntimo entre los del pueblo antes de que, unas horas más tarde, llegue la multitud desde todos los rincones de la isla, del archipiélago e incluso en algunos casos del mundo.

Preparativos para la Rama de Agaete 2024

Preparativos para la Rama de Agaete 2024 / Andrés Cruz / LPR

Bajo esta misma opinión, son muchos los bares del pueblo los que han decidido, desde hace unos años, cerrar sus puertas el día cuatro de agosto. Es el caso de la tasca El Surtidor y el bar El Perola, que atienden con mucho gusto a los visitantes durante los días previos, pero no el mismo día de La Rama. Sin embargo, también están los que llevan toda una vida y se niegan a cerrar sus puertas en una fecha tan reseñable, como la Asociación Cultural TEA. «Estamos acostumbrados y aunque muchos en el pueblo optan por marcharse y los negocios por cerrar, yo pienso que debo estar aquí», explica Orlando Cruz, encargado de sacar adelante la asociación junto a dos parejas más y amigos de toda la vida. 

Con tiempo para el disfrute y el trabajo, Orlando Cruz asegura que abren durante la noche del 3 de agosto desde hace años, pero hay una condición para todos los que acudan a la asociación: A las cinco menos cuarto las puertas se cierran y van todos juntos a presenciar la diana. «Echamos una hora, vemos el momento y volvemos para empezar a preparar los bocadillos y volver a abrir a las nueve de la mañana», explica orgulloso. 

Participar de esta manera en las fiestas es un homenaje a su padre, que cada cuatro de agosto lo subía a sus hombros y lo metía en el barullo para bailar con la rama al aire. «Si tuviera que describir estas fiestas en una palabra sería emoción, un sentimiento que pasa de padres a hijos y que puedo ver reflejado en mi nieta, cuando suena La Rama y levanta la mano para menear su cuerpo», recuerda. 

2.600 litros de cerveza

Aunque faltan unas cuantas horas para que Agaete comience a vibrar y sus calles se llenen de personas, la Asociación Cultural TEA ya está preparada para lo que viene. Con la guía del año pasado, cuando gastaron 65 barriles de cerveza que contenían 40 litros y un sinfín de latas, este 2024 han vuelto a repetir con esas cantidades. «Normalmente gastamos todo, y eso sin duda alguna es una buena señal, porque significa que las cosas van bien», sentencia.

Preparativos para la Rama de Agaete 2024

Preparativos para la Rama de Agaete 2024 / Andrés Cruz / LPR

Lo cierto es que Agaete durante estos primeros días de agosto parece otro. Sus calles parecen un arcoíris eterno, el buen ambiente reina en cada rincón del pueblo, las terrazas lucen llenas de reencuentros y los niños pequeños corretean felices. También están las familias que intentan seguir las tradiciones, como es el caso de Eva Rosendo y sus tres pequeños. El mayor de todos, Noah, a sus once años ya tiene experiencia de sobra con su papahuevo de Spiderman, con el que sale cada Rama. Junto a Enzo, su hermano mediano, comienza a ver vídeos antiguos de esta fiesta popular cuando falta un mes para la celebración, y convierte su casa de Las Palmas en una fiesta. Un ritmo con el que también baila Liam, con tan sólo un año. «Noah vino por primera vez cuando estaba en la barriga, y con cuatro meses de vida volvió», explica su madre. 

Rosendo ha vivido La Rama desde siempre, y sus recuerdos más bonitos son cuando era niña y correteaba por las calles junto a sus amigas para meterse junto a la multitud. Hoy en día, es consciente de que las fiestas han cambiado mucho. «No me planteo dejar a mis hijos solos dentro de la fiesta, y sin embargo hace 20 años eso era posible, porque no pasaba nada, éramos todos conocidos del pueblo», apunta. «Ahora las peleas suelen ser las protagonistas de una fiesta que antes era familiar», dice. Sin embargo, nada ha impedido que sus tres hijos sigan sus pasos y adoren esta fiesta tanto como ella. 

Noah, su hijo mayor, está nervioso y emocionado a partes iguales, algo que se ve en su manera de actuar. La sonrisa no se le quita de la cara, y el orgullo se apodera de el cuando es cuestionado por su papahuevo. «Cuando era pequeño me daba miedo, pero poco a poco me empezó a gustar y a los cinco años mis padres me regalaron por mi cumpleaños el que llevo cada año desde entonces, que es de Spiderman», cuenta feliz. Su madre explica que a día de hoy siente obsesión por esta fiesta, y llevaba tiempo haciendo la cuenta atrás para salir a la calle. «Ahora mi sueño es que pasen los años, yo crezca y pueda llevar el de los mayores», dice. 

Todavía faltan unas horas para que el volador que de inicio a esta fiesta, declarada de Interés Turístico Nacional desde 1972 y Bien de Interés Cultural desde 2018 comiencen. Los vecinos ya se preparan, tanto los que van a hacer sus maletas para poner rumbo a otro lugar de la isla, como los que no han dudado en coger un avión para regresar a ese lugar feliz. Maletas, risas, abrazos y nostalgia unidas a La Rama, que siempre será un pretexto para volver. 

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