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Honores y distinciones del Cabildo: Roque Nublo de Solidaridad Internacional

La asociación Mi Hijo y Yo, once años de autismo en la calle

Hace 11 años nació Mi Hijo y Yo, una asociación que vuelca todos sus esfuerzos en lograr la autonomía y la normalización de la vida de las personas con autismo. Arrancó en Gran Canaria en 2014 y en este tiempo ha dado el salto para atender a niños en los campamentos de Tinduf, en Mauritania y en Nicaragua.

Las Palmas de Gran Canaria

En 2010, y tras formarse en Estados Unidos, la psicóloga Davinia González comenzó a tener sus primeros contactos con el mundo de los trastornos del neurodesarrollo y se dio cuenta de que en las islas se trataba a los niños con autismo en los despachos, sin tener en cuenta el contexto natural, así que empezó a poner en marcha un modelo de trabajo centrado en los hogares de las familias y en los espacios abiertos a fin de conseguir una mayor autonomía y la normalización de la vida de las personas con autismo. Una familia creyó en su propuesta y, sin saberlo, se convirtió en el germen de la Asociación Mi Hijo y Yo, un colectivo social que nació en 2014 y que desde entonces ha atendido a 470 familias en Gran Canaria, 250 en los campamentos de Tinduf y en Mauritania, 500 en Nicaragua y ha colaborado con colegios de 22 países europeos, por lo que ha sido merecedora del Roque Nublo de Solidaridad Internacional del Cabildo. «Este premio es el resultado de que sabíamos lo que estábamos haciendo en cooperación internacional», señala la ahora presidenta de la organización.

En el espejo, Marta Acosta, gestora de proyectos, y Andrea Hernández, trabajadora de la entidad.

En el espejo, Marta Acosta, gestora de proyectos, y Andrea Hernández, trabajadora de la entidad. / Juan Castro

Desde que empezó a implementar su modelo de abordaje del autismo, a la psicóloga llegaron familias con poder adquisitivo que contaban con recursos para llevar a sus hijos a actividades como equinoterapia. «Pero, ¿y qué pasa con las familias que tienen menos recursos, con los niños que viven en zonas rurales o en otros continentes?», se preguntó. Así que después de terminar de trabajar dedicaba las noches, durante dos años, a desarrollar el proyecto de la asociación. Entre medias, a través de un niño con autismo, conoció a Víctor Santana, quien de un solo vistazo confió en su proyecto y a los cuatro días registró la asociación. Era 2014 y ambos fundaron la Asociación Mi Hijo y Yo.

Arrancaron en una oficina muy pequeña, cuyo alquiler y materiales pagaban de sus bolsillos, atendiendo a 10 familias y ofreciendo charlas. Y meses después lograron un premio de la FundaciónAlcampo dotado con 12.000 euros, su primer gran impulso económico para desarrollar el Proyecto Atcoe, un programa integral en el que se aborda el autismo en casa y en la escuela. Y desde ahí, siempre para arriba porque técnicos, familias y voluntarios emplearon todos sus esfuerzos en los siguientes años para trasladar a la sociedad, en decenas de campañas de sensibilización, qué es el autismo y qué es Mi Hijo y Yo. «Antes la gente no sabía qué era el autismo, tenía conceptos negativos e incluso miedo, pero hoy la población está mucho más sensibilizada», destaca Víctor Santana.

La asociación ha atendido a 470 familias en Gran Canaria, 250 en África y 500 en Nicaragua

Poco a poco la organización fue atendiendo a cada vez más familias en Gran Canaria, primero en su hogar, después en su sede y por último en la calle, en los espacios naturales, con actividades como terapia con caballos, con perros, arteterapia, yoga, piragüismo, paseos en barco, surf, convivencias y hasta lanzó un proyecto de cocina impulsado por el interés de un niño de ser chef -trabajo que ha conseguido ya de adulto-.

Cooperación internacional

En 2017, el colectivo impulsó sus primeros proyectos europeos. Entre ellos destaca el Ettecec, con el que lleva su modelo de terapia a colegios de 22 países europeos; el Naate de metodología compartidas entre distintos países; el Diteam 12 para crear en los clubes deportivos la conciencia de la no competición en el deporte inclusivo; y SurFedAut de la mano de la Asociación SoloSurf de Cádiz para crear un manual de seguridad laboral para que los instructores de surfterapia asegurando que cualquier niño que realiza esa actividad no tendrá riesgos. En el continente hay más de siete millones de personas diagnosticadas con autismo; Mi Hijo y Yo reclama un estudio para saber cuántas hay en Canarias, pues el último data de 2012.

Por la izquierda, Marta Acosta, Davinia González y Víctor Santana.

Por la izquierda, Marta Acosta, Davinia González y Víctor Santana. / Juan Castro

La actividad de Mi Hijo y Yo no se quedó en Gran Canaria y Europa, sino que dio el salto a otros continentes y en 2016 miró a los campamentos de refugiados de Tinduf. «Hicimos un primer viaje para ver qué condiciones tenían, jaima por jaima, y observamos que allí de autismo no se sabía absolutamente nada; por una percepción cultural, a los niños los creían poseídos y sus familias les tenían miedo», relata Davinia González. Allí impulsaron el proyecto NUAT(Necesidad Universal a la Atención Temprana), y en 2020, con apoyo del Cabildo, abrieron una casa para la atención a las familias y formaron a profesionales. «Allí tenemos psicólogas y maestras que estaban sentadas en su casa y ahora tienen una oportunidad laboral; ahora se ha empoderado a las familias y los niños son respetados», añade la psicóloga, «es posible llevar nuestro modelo a cualquier parte del mundo». 

De hecho, de Tinduf saltaron a la ciudad mauritana de Nuadibú, donde contaron con la colaboración de su alcalde para abrir un centro e implementar la misma metodología; y de Mauritania a Nicaragua, en cuya capital, Managua, la Fundación Cainna, que dirige Gerda Gómez, ayuda a más de 500 familias. Ahora, de la mano de colaboradoras de México y Perú, y a través de formación, se espera ampliar la atención hasta las 6.000 familias.

De vuelta a las islas, en los últimos años Mi Hijo y Yo ha dado el salto a Tenerife, donde trabaja en el colegio Cisneros Alter con sensibilización en la escuela y este año comenzará a atender en los hogares; y a partir de 2025 también arrancará su actividad en Fuerteventura en un centro que abrirá en una casa ubicada en Tetir. Para este año, la asociación también prevé estrenar una nueva sede después de que el Ayuntamiento de Las Palmas de GranCanaria le cediera un espacio en el parque de La Mayordomía y el Cabildo y el Gobierno de Canarias hayan financiado un nuevo centro con 1,6 millones de euros. «No conozco ninguna otra asociación en España que esté en el centro de un parque público», reconoce González, para quien el entorno es ideal para empezar a desarrollar proyectos comunitarios con los usuarios del parque.

Todos los proyectos desarrollados desde su fundación, recuerda la psicóloga, se han puesto en marcha logrando fondos en concurrencia competitiva y sin subvenciones nominativas. Así, la asociación reclama «más apoyo directo del Gobierno de Canarias para poder seguir llevando a cabo proyectos sociales». «Seguimos apostando por salir a la calle y llevar a los niños al entorno natural», destaca la presidenta, «y lograr los proyectos internacionales es un orgullo porque llevamos el nombre de Gran Canaria a todos los lugares donde vamos», concluye. n

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