Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

San Bartolomé de Tirajana

De la tienda de aceite y vinagre al escenario: los hermanos Andrés y Roque, pregoneros de San Fernando

Llegaron a San Bartolomé de Tirajana a mediados de los años 50 y en los 70 heredaron la tienda de aceite y vinagre que su madre abrió en San Fernando, donde estuvieron 34 años. Luego Andrés y Roque la convirtieron en un minimercado que mantiene la esencia de las tiendas de pueblo. Este jueves por la noche estos vecinos de 77 y 68 años pregonan las fiestas del barrio.

Los hermanos Andrés y Roque Santana Trujillo detrás del mostrador de su minimercado en San Fernando.

Los hermanos Andrés y Roque Santana Trujillo detrás del mostrador de su minimercado en San Fernando. / LP/DLP

San Bartolomé de Tirajana

Tienen 77 y 68 años y todas las ganas del mundo de continuar atendiendo a las gentes del poblado de San Fernando tal y como lo han hecho durante los últimos 54 años desde que recogiesen el testigo de la tienda de aceite y vinagre puesta en marcha por Andreíta, su madre.

Y eso, porque su jubilación activa les permite mantenerse cada día detrás de un mostrador donde no solo sirven bocadillos elaborados al momento, sino donde en poco más de medio siglo se han convertido casi en los confesores de sus vecinos, a quienes ya consideran familia. «Nuestro secreto ha sido el trato cercano y familiar, porque aquí todos nos hemos criado juntos», señalan, detrás del hoy reconvertido minimercado Arosan.

Su larga trayectoria en esta localidad regala este jueves por la noche a Andrés y Roque ser los pregoneros de las fiestas de San Fernando de Maspalomas después de una década de insistencia por parte de la organización.

Los hermanos aún fían a clientes contados y venden la fruta y la verdura por piezas

Son naturales de Telde, pero llegaron a San Bartolomé de Tirajana en la década de los años 50 porque su padre, José Santana, era encargado en los cultivos de tomate del exportador Mayor Martín. Primero pasaron una temporada en Las Carpinteras, hasta que en agosto en 1960 se establecieron en unas cuarterías en Playa del Inglés, donde su madre Andreíta montó una tienda. «Allí no había ni luz ni agua, había que ir a buscarla a los chorrillos», recuerdan.

Roque Santana Trujillo atiende tras el mostrador de su minimercado.

Roque Santana Trujillo atiende tras el mostrador de su minimercado. / LP/DLP

En su memoria aún conservan de forma nítida los recuerdos de aquellos viejos tiempos en los que preparaban bocadillos para los empleados del sector tomatero y de la construcción que trabajaban en las obras para levantar la urbanización turística de Playa del Inglés, de cuyo nacimiento fueron testigos. Por entonces tenían 12 y 4 años.

Tras 11 años en Playa del Inglés, en 1971 su familia se trasladó a San Fernando de Maspalomas, donde los hermanos abrieron y continuaron con la tienda en pleno centro del poblado durante 34 años, hasta 2005. En aquel momento, un problema en los techos de varias viviendas obligó a trasladar la tienda al local de al lado, donde aprovecharon y montaron un minimercado que mantiene la esencia de la tiendita de aceite y vinagre.

De hecho, los hermanos siguen sirviendo bocadillos de aguacate y berros, de salchichón o chorizo de Pamplona -tal y como hicieran durante años a todos los niños del colegio, que en su hora de recreo iban corriendo a buscar el pan- y, como en aquellas antiguas tiendas, todavía conservan costumbres como la de vender a sus vecinos las frutas o verduras por piezas, así que no es difícil encontrar al cliente que solo compra una cabeza de ajo y dos plátanos. Y lo más llamativo es que aún fían a algunos de sus vecinos que, como antaño, pagan a final de mes. «Ya casi no se fía a nadie, pero aún mantenemos el crédito para clientes de hace 40 o 50 años», relatan.

«Nuestro secreto ha sido el trato cercano y familiar, porque aquí todos nos hemos criado juntos»

Su minimercado fue y sigue siendo un punto de encuentro social. «Da mucha vida al barrio», reconocen, por eso siguen al frente, porque están «bien de salud» y porque su sueño siempre ha sido ampliarlo. Llegado el momento, su idea es vender o alquilar «pero ni una cosa ni la otra es fácil; ojalá sobreviva el negocio», señalan.

Para estos dos hermanos pregonar las fiestas de San Fernando es «un honor porque sabemos que lo hacen con la mejor voluntad del mundo y estamos muy agradecidos», pero consideran que en el barrio hay «gente que se lo merece más». De ahí que la organización lleve una década intentando convencerles de este momento. Para que después de 54 años detrás del mostrador disfruten con su gente. La del poblado.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents