San Bartolomé de Tirajana
Antonio Pérez, 47 años fusionando el mar y la gastronomía junto al Faro de Maspalomas
Antonio Pérez Pérez (Risco Blanco, 1959) llegó a Maspalomas a trabajar como camarero con tan solo 19 años en 1978 y 47 años después es propietario de cinco establecimientos ubicados en el centro comercial Oasis, a pie de playa. Y no descarta seguir creciendo. «Si se presenta la oportunidad, ¿por qué no?» reflexiona.

Antonio Pérez, propietario del restaurante El Velero Casa Antonio. / Andrés Cruz
Cuando llegó a Maspalomas apenas estaba el faro, dos hoteles, pequeños apartamentos y tomateros, muchos tomateros. Lo hizo primero como trabajador, luego fue inquilino en un restaurante y después propietario de un negocio que no ha parado de crecer desde que tomó las riendas hace ya 47 años. A sus 66 años Antonio Pérez, propietario de El Velero Casa Antonio, no tiene pensamiento de retirarse y se levanta cada mañana con la misma energía de siempre para servir en su establecimiento las mejores piezas del mary la gastronomía isleña. «Me levanto con ganas de trabajar porque es lo que me gusta, me hace mucha ilusión ver crecer mis negocios», señala. Y es precisamente esa ilusión la que lo ha convertidor en el restaurador más veterano de su entorno comercial.
Tenía solo 14 años cuando este vecino oriundo de Risco Blanco empezó a trabajar como camarero en varios establecimientos de Playa del Inglés, como Cita o Kashbah, hasta que en 1978, con 19 años, recaló en un local ubicado en el centro comercial Oasis en Maspalomas. Empezó a trabajar como camarero asalariado, pero al poco tiempo alquiló junto a un socio un restaurante que poco después compró junto a uno de sus hermanos. Ese fue el germen de un pequeño imperio de hasta cuatro locales de restauración con diferentes propuestas para atraer a distintos públicos que Antonio Pérez regenta en este espacio comercial a pie de playa.

Fachada del retaurante El Velero Casa Antonio en Maspalomas. / LP/DLP
«En aquel entonces estaba a gusto trabajando, me gustaba esta zona tan privilegiada y además había mucho trabajo; empecé y seguí y siempre me fue bien», explica un empresario que en las casi cinco décadas que lleva pilotando sus negocios no ha parado de reinvertir parte de sus ganancias, «veía que los negocios funcionaban». Así, cada vez que le surgía una nueva oportunidad Antonio compraba locales anexos y ampliaba sus restaurantes.
Pero sacar esos negocios adelante no fue un camino de rosas. «Había que trabajar mucho», recuerda, «y antes no era como ahora, antes había muchos menos apartamentos, mucho menos turismo, pero también menos competencia. Y además el trabajo no era continuo, había grandes bajones entre mayo y julio». De ahí que para impulsar sus negocios a Antonio se le ocurrieran todo tipo de ideas, desde celebrar el fin de año en el mes de mayo, con turrones incluidos, hasta una fiesta hawaiana y otra flamenca. «Tenía a un compañero tocando y yo mismo me ponía a bailar, había que estimular el gasto para poder hacer caja», señala, «para levantar todo esto estuve 10 años sin coger vacaciones y ni un solo día libre».
Sin terrazas
Hoy ya no baila flamenco, pero sigue al frente de sus negocios habiendo incluso superado nueve cánceres. «Tuve tres en el cuello, tres en el pecho y tres en la barriga; me empezaba a dar la quimio a las 08.30 y terminaba a las 15.00 horas y me venía al restaurante», rememora, «¿descansar? ¿Para qué? Estando aquí ni siquiera pensaba en que tenía cáncer».
Antonio ha sido testigo de la evolución del entorno del Oasis. «He llegado a ver la playa de Maspalomas sin un grano de arena desde aquí hasta las dunas por los movimientos naturales», afirma. Todos esos cambios pasan también por las modificaciones normativas. De hecho, recuerda cuando su restaurante gozaba de terrazas en la misma arena de la playa, que fueron eliminadas con la entrada en vigor de la Ley de Costas. «Lo más lógico es que los negocios que estén cerca tengan terrazas en la playa porque a la gente le gusta estar ahí sentada comiendo y bebiendo, es un servicio que no se le debe negar al turista porque para eso viene», reflexiona, «pero no tuvimos apoyo político; me quitaban la terraza, la ponía otra vez y me daban 48 horas para quitarla, así que iba a hablar con el gobernador civil Eligio Hernández y me decía que las pusiera. Fui 105 veces a hablar con él durante un mes, pero para nada porque nos engañaba. Tuve que afrontar una multa de 20 millones de pesetas por tener las terrazas».
Hace 10 años, Antonio empezó a hacer el pan con matalahúva que vende en el restaurante
Ya no tiene aquellas terrazas que la normativa le quitó en 1988, pero Antonio tuvo y tiene buen ojo para elegir la ubicación de sus locales, en primera línea de playa y con vistas a un mar que le ofrece el principal producto de la carta de su restaurante: el pescado fresco. Así, su propuesta gastronómica incluye platos elaborados con medregal, jurel, cherne o viejas que muestra en dos expositores al que se suma un vivero con bogavantes frescos. Y en pleno entorno turístico ofrece recetas tradicionales isleñas como carne de cabra en salsa, baifo, conejo en salsa o gofio escaldado en una carta que también propone solomillos, ternera strogonof, paellas o langostinos al curry.

Antonio Pérez, propietario del restaurante El Velero Casa Antonio / Andrés Cruz
Y hay más, porque hace 10 años Antonio empezó a elaborar él mismo el pan con matalahúva que vende en su restaurante. «Primero empezó mi hermano a hacer pan casi de broma arriba en Risco Blanco, pero ahora elaboramos cerca de 100 panes al día que servimos en el restaurante con un majado de ajo con pimienta verde», relata. Tiene tanta salida, que muchos clientes directamente le encargan el pan, incluso para eventos familiares.
En estos 47 años Antonio Pérez ha montado El Velero Casa Antonio, pero en su pequeña expansión por el centro comercial Oasis también es propietario del Burger Pepe, Strand ApoTheke -un establecimiento dirigido a la comunidad LGTBI- y La Azotea del Velero, un espacio para comer y disfrutar de la coctelería.
La experiencia de casi medio siglo de trabajo ha aportado a Antonio «mucha satisfacción personal porque he tenido y tengo muy buenos trabajadores -más de 40- y somos como una gran familia». En este tiempo también ha logrado aprender idiomas como el alemán, sueco o inglés. «La mejor universidad es la calle, aunque en aquel entonces los ligues enseñaban mucho», bromea.
Antonio está contento con su trayectoria y con su legado, aunque tiene clavada la espinita de no haber logrado por ahora la renovación del centro comercial Oasis, cuya junta de empresarios preside. Y a futuro quiere que sus negocios sigan creciendo dentro del centro comercial. «Si se presenta alguna oportunidad, ¿por qué no?», concluye.
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