Vivienda
La vivienda colaborativa se abre camino en el norte de Gran Canaria con cuatro cooperativas
Siempreviva y Los Girasoles, en Firgas, así como Ciempiés y El Chinijo, en Arucas, son las iniciativas pioneras que ya han comprado terrenos o un edificio para vivir en comunidad dentro de, como mínimo, un año y medio

Algunos socios y socias de Los Girasoles en el terreno donde construirán sus casas / LP/DLP

El modelo residencial de vivienda colaborativa busca el regreso a la vida compartida y los cuidados comunitarios, alejándose de la soledad no deseada pero manteniendo una esfera privada en el propio hogar. Viene funcionando desde los años 60 en países como Suecia, Dinamarca o Alemania, a los que se sumó España en la década de los 90. Canarias se encuentra a la cola, ya que todavía no existen complejos terminados en las Islas. Pero el norte de Gran Canaria va en la senda de cambiar esa realidad con cuatro proyectos que prevén empezar a funcionar, como mínimo, en un año y medio: las cooperativas Siempreviva y Los Girasoles, en Firgas, así como Ciempiés y El Chinijo, en Arucas.
Siempreviva, Los Girasoles y Ciempiés ya han comprado los terrenos donde unos arquitectos están diseñando los complejos, que albergarán entre 20 y 30 viviendas cada una. Estarán dotados de múltiples espacios compartidos como salas de ocio, cocinas comunitarias, huertos o lavanderías que permitirán compartir costes, ahorrar energía y liberar espacios dentro del propio hogar. Algunos de estos proyectos tienen la idea de que la vivienda colaborativa también sea prestadora de servicios para el barrio, albergando actividades donde puedan participar personas no residentes.

Plano de algunas de las viviendas previstas para la cooperativa Siempreviva / LP/DLP
Un envejecimiento activo
El Chinijo, por su parte, optó por adquirir un edificio abandonado durante la crisis de construcción con intenciones de rehabilitarlo, dotándolo también de espacios comunes y un total de nueve viviendas. La presidenta de esta cooperativa intergeneracional, Paqui Martín Cárdenes, cuenta que entró al mundo de la covivienda con intenciones de tener un envejecimiento activo: "Tenía muy claro que yo no me quiero ver en una residencia y tampoco quiero ser una carga para mis hijos".
Pensamientos similares tienen Pedro Gutiérrez y Carlos Quesada, socios respectivamente de Siempreviva y Los Girasoles, ambas destinadas a personas en edad de jubilación. Uno de los aspectos en los que hacen más hincapié es que las viviendas colaborativas tienen la capacidad de "retrasar la dependencia, incluir cuidados preventivos en la vejez y llevar una vida activa en un entorno pensado para que nos apoyemos unos a otros", según reflexiona Quesada.
De ese modo, añade, esta dinámica se distancia de los habituales pisos ubicados en bloques de edificios que contribuyen a aislar a las personas mayores, cuyo cuidado "suele recaer en las mujeres". También se diferencia de las residencias, que tienen "modelos muy institucionalizados similares a un internado, con poco control en la propia gestión de la vida en general".
Apoyo mutuo y sostenibilidad
Por el contrario, lo que plantea este tipo de convivencia se asemeja mucho a "la vida de antes en los barrios y los pueblos" donde "hay un apoyo entre las personas y nos cuidamos los unos a los otros pero sin invadir la vida de los demás", apunta Ana María Ronda Martínez, socia de la cooperativa intergeneracional Ciempiés.
Las cuatro iniciativas tienen su mirada puesta en la sostenibilidad, ya que contemplan cuestiones como la instalación de placas solares, el reciclaje del agua, o el ahorro de recursos mediante la colectivización de servicios. Con esta distribución se posibilita, además, la creación de espacios de encuentro, diálogo y convivencia para realizar las tareas diarias. Ello no quita que, dentro de cada hogar, haya lo necesario para vivir con independencia, incluyendo también una pequeña cocina.
El reto de ser pioneras
Son muchos los beneficios que plantea la convivencia desde una perspectiva social y medioambiental, por lo que también hay otras dos iniciativas gestándose en Tenerife: EntreAlisios y Taro. No obstante, las cooperativas pioneras deben hacer frente a los retos que suponen allanar el camino, empezando por la búsqueda de subvenciones y la colaboración con las administraciones para crear un marco legislativo.
La idea primordial de una cooperativa de vivienda es que esta es la propietaria de los terrenos, y no las personas a título individual, lo cual impide la especulación y garantiza la continuidad del proyecto más allá de las personas que lo iniciaron. La entidad cede los derechos de uso de por vida a las personas socias, si bien tienen la posibilidad de marcharse si así lo desearan, recuperando la aportación que hayan hecho al capital social. En caso de defunción, la familia del fallecido heredaría ese dinero.
La inversión durante los primeros pasos es mayor, al tratarse de iniciativas que todavía están gestándose, porque es necesario construir, comprar materiales o rehabilitar espacios. Una vez hecho, habría un pago mensual para cada una de las personas socias en función de los gastos comunitarios y del préstamo que tuviesen que devolver progresivamente.
Crear un marco legislativo y de ayudas
Quesada cuenta que gracias a una mesa de trabajo con el Gobierno autonómico se pudo dar forma de manera conjunta a la Ley de Sociedades Cooperativas de Canarias, "la primera de España con un apartado íntegro dedicado al cohousing". En esa línea, Cárdenes apunta que una de las líneas de trabajo principales consiste en "intentar que las administraciones se impliquen y colaboren haciendo aportaciones al capital social de las personas con dificultades económicas".
Tal y como explica, ya se han aprobado unas primeras subvenciones por valor de 3 millones de euros, que emanan de fondos europeos, a repartir entre las seis cooperativas del Archipiélago en función de su volumen de gastos. Sin embargo, todavía hay muchas personas, sobre todo jóvenes, que no pueden acceder a este tipo de viviendas, aunque estén interesadas, porque no disponen de la entrada que deben aportar al capital social. Por eso, Cárdenes propone que se debería crear una línea de ayudas similares a las que se conceden para las hipotecas juveniles.
Subvenciones para la juventud
De hecho, tanto en El Chinijo como en Ciempiés, a pesar de ser intergeneracionales, las personas más jóvenes que se han sumado hasta la fecha tienen 49 o 50 años, si bien las hay más jóvenes que han mostrado interés. Entre ellas se encuentran parejas con niñas y niños pequeños que buscan en este modelo la tranquilidad de contar con alguien para cuidar a sus hijas e hijos, así como un ambiente comunitario donde puedan desarrollarse.
Se trata, en palabras de Gutiérrez, de "alejarse del individualismo y acercarse a la comunidad", reproduciendo unas dinámicas de cuidados, compañerismo y apoyo mutuo que se veían hace décadas en los pueblos pequeños.
Parte de ese espíritu comenzó a sembrarse gracias a la asociación Semilla del Norte, a través de la cual se conocieron algunos de los socios y socias que actualmente integran las cooperativas de Ciempiés y Siempreviva. Sus objetivos continúan en la línea de difundir las ideas del cohousing y promover la creación de nuevas comunidades.
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