Así es la piscina natural El Charcón, el lugar donde la cobertura no existe y la desconexión está asegurada
Ubicada en Gáldar, acoge a los isleños y peninsulares que, cansados de la masificación de las playas de arena, se desplazan hacia el norte en busca de paz

No hay cobertura, tampoco un restaurante ni bazar en la zona y, mucho menos, aglomeraciones. De la arena rubia no hay rastro. De la negra, tampoco. Menos aún hamacas y sombrillas pero, sin embargo, es uno de los lugares favoritos de los canariones y turistas peninsulares que, cansados de ver playas abarrotadas en sus ciudades de origen, buscan en la piscina natural de El Charcón, en Gáldar, el tesoro más valioso para ellos: un lugar lleno de paz y tranquilidad.
“Yo conozco el lugar porque una amiga que ha venido a Gran Canaria varias veces me lo ha enseñado”, explica Paula Sánchez, una sevillana que llegó el pasado lunes a la Isla y que se ha propuesto explorar todos sus rincones a fondo. Cansada de ver el típico paisaje turístico que reina en las playas de la zona sur, ha optado por coger el coche junto a su grupo de amigos y trasladarse hasta Gáldar. “Mi amiga me ha hecho un mapa a mano, dibujándome con flechas los caminos para que no nos perdiéramos”, continúa. Sánchez está muy acostumbrada a veranear en las playas más cercanas a Sevilla y, aunque han elegido un destino en medio del Atlántico y, por tanto, rodeado de mar, están descubriendo otro tipo de costas que no conocían. “Esto es muy diferente a las playas de Andalucía”, subraya. Eso es, concretamente, lo que más le ha llamado la atención.

Rocío Abad junto a Abel en la piscina natural El Charcón, en Gáldar / José Carlos Guerra
Alejandra Valverde también contactó con una amiga que reside en la Isla para pedirle orientación sobre playas y piscinas naturales. Es de Madrid y, ahogada por las altas temperaturas que azotan a la capital durante los meses de verano, ha decidido acudir a un lugar con costa en busca de fresco y brisa. Sin embargo, no le apetecía toparse con playas abarrotadas de gente ni tan turísticas y, por ese motivo, se han puesto manos a la obra para evitar ese escenario a toda costa. “No habíamos estado nunca en las playas de Gáldar y esto es precioso”, recalca. Su conocida le había advertido que por la zona no habían restaurantes ni ningún lugar en el que comprar. “Por eso mismo hemos traído la nevera y todo lo que necesitamos para disfrutar de un día de playa al máximo”, finaliza.
Nostalgia y disfrute
Ana Casal llevaba años sin disfrutar del sonido del mar en las piscinas naturales de El Charcón. Su hermana vive en Gran Canaria pero ella es de Fuerteventura y, ahora que ha venido a visitarla, ha aprovechado para volver. Esta vez muy bien acompañada, pues su hija y su marido también se han apuntado a la aventura y, junto a ellos, lo está disfrutando al máximo. “Queríamos hacer algo diferente y no caer siempre en ir a las mismas playas”, recalca. Además, han aprovechado para practicar snorkel ya que en el interior de los charcones se puede apreciar una amplia variedad de peces. “Antes nos han intentado atacar en grupo”, bromea. Casal, a su vez, destaca la limpieza y ética de los visitantes del lugar. “Me ha llamado mucho la atención lo limpio que está todo y es que, sería una pena que la gente dejase aquí basura”, concluye. “Nosotros somos amantes de los charcos”, retoma Roberto Fernández, su marido. Aunque no conoce todos los que hay en la Isla, es un experto en los de Fuerteventura. “Las piscinas de Aguas Verdes son increíbles y la gente no las conoce”, reconoce.

Charco de la Punta, en Gáldar / José Carlos Guerra / LPR
“He buscado piscinas naturales y playas que visitar en Gran Canaria y aquí hemos acabado”, desvela Rocío Abad mientras toma el sol en una de las rocas que bordean el agua. Ella es de Valencia y está impactada con el paisaje que regala la zona norte. “Me parece increíble y muy bonito, transmite mucha paz”, expresa. Los días anteriores han paseado por otras playas de la capital y del sur, pero nada se asemeja a El Charcón, en Gáldar. “Las otras estaban llenas de gente y eran todas de arena, no tienen nada que ver”, machaca. Tras haberse desplazado muchos kilómetros desde su residencia habitual hasta el archipiélago para pasar unos días de vacaciones, Abad esperaba ver cosas diferentes y, desde luego, lo está consiguiendo.
La costa de Gáldar se convierte durante los meses de verano en un oasis de paz y tranquilidad para aquellos que, cansados de no encontrar un lugar en la arena donde clavar la sombrilla, se desplazan hacia el norte para gozar de lugares mágicos, solitarios y llenos de paz.
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