Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Arquitectura industrial con alma canaria: así es la Casa de las Cuevas

El proyecto del estudio Gloci gana el premio Miguel Martín Fernández de la Torre

La vivienda 'Casa de las Cuevas' galardonada con el premio Miguel Martín Fernández de la Torre.

La vivienda 'Casa de las Cuevas' galardonada con el premio Miguel Martín Fernández de la Torre. / Cedida

Las Palmas de Gran Canaria

La vivienda industrializada en Canarias aún está envuelta en prejuicios, aunque en otros lugares de Europa ya se ha estandarizado como un estilo de construcción efectivo. «La gente piensa que no es una casa segura y fuerte porque no tiene cementos», lamenta el director del estudio de arquitectura Gloci, Jorge Castro. El proyecto Casa de las Cuevas fue galardonado con el premio Miguel Martín Fernández de la Torre por el Colegio de Arquitectura de Gran Canaria. «Este premio es importante porque se entrega a la calidad arquitectónica», apunta Castro, que espera que derribe mitos sobre este estilo de construcción.

Las casas industrializadas son una evolución al sistema tradicional. Las estructuras se diseñan en el estudio, se fabrican en la Península y se transportan a Canarias. «La gran ventaja que tienen es, por un lado, la eficiencia y lo rápido que se construye y, por otro, la mejor calidad de la eficiencia energética», explica el arquitecto, que junto a Jaime González, director técnico del estudio, crearon la Casa Cuevas.

El inmueble, ubicado en Artenara, en un paraje natural montañoso está en un terreno que alberga dos cuevas, que ahora son las habitaciones de la vivienda. De esta forma, la edificación se mimetiza y respeta su ambiente. El risco no es un complemento ni parte de las vistas, sino que forma parte de la historia que quiere contar la casa. Por ello, están intensamente relacionadas no solo a través de las cavidades, sino también por la dinámica de los espacios.

Los arquitectos del estudio Gloci, Jorge Castro y Jaime González.

Los arquitectos del estudio Gloci, Jorge Castro y Jaime González. / Cedida

La naturaleza

La casa se planteó con dos edificaciones con una escala «muy humana» y que se dispone para generar muchas relaciones diferentes con el risco. Por ejemplo, la ducha está enmarcada en una pared de piedra del risco, que permite a los propietarios ducharse con intimidad, pero con la naturaleza siempre presente. El segundo volumen se desplaza para generar un patio, que aporta luz y ventilación a las cuevas. «Queríamos que la casa no resalte, que no se imponga sobre el paisaje, sino que al fragmentarla se divida», detalla Castro.

La inspiración en la arquitectura tradicional canaria se percibe claramente, a pesar de que la edificación se ha realizado con sistemas y materiales de construcción actuales. «Como no iba a ser de estilo rústico porque es industrializada, quisimos que fuera extremadamente refinada», observa Castro. El objetivo era reforzar una inmersión con la naturaleza y a la vez demostrar que una arquitectura de estilo moderno con raíces canarias es posible.

Vista cenital de Casa de las Cuevas.

Vista cenital de Casa de las Cuevas. / LP/DLP

Prejuicios

El arquitecto lamenta que aún hay prejuicios en torno a la vivienda prefrabricada. Castro cuenta que los clientes tienen la falsa percepción de que todos los proyectos de vivienda industrializada son iguales y sin personalidad. «Queremos huir de la idea de que es aburrida o son cajas de zapato», apunta. Por ello, prefieren tomarse con calma el diseño para hacerlo a medida de las necesidades de cada proyecto.

Por ahora, es uno de las pocos estudios que trabaja con este estilo de construcción en el Archipiélago. En la actualidad, sus principales clientes son extranjeros que ya conocen la vivienda industrializada en sus países. «Cuando vienen saben cuáles son todas las ventajas, las han vivido en su entorno, así que no tenemos que convencer a nadie», afirma. Uno de los principales miedos de los clientes locales es que los materiales no aguanten: «Nosotros les explicamos que hay arquitectos detrás y que está calculado». «Hace falta un cambio de mentalidad del usuario final porque vienen pensando que saldrá más barato», comenta. «Normalmente en la construcción si las cosas se hacen bien, cuesta lo que cuesta», añade.

Aunque la Casa de las Cuevas es un proyecto de vivienda industrial, el proceso fue más artesanal. Todo ello porque era una parcela con una orografía complicada, en un paraje aislado con carreteras estrechas. Estas características se convirtieron en un reto que les llevó un año finalizar, aunque la mayoría de sus trabajos son más rápidos. «Nosotros queremos ser un estudio detallista, un estudio boutique dentro de la industrialización», comenta Castro.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents