Las vidas que esconde la calle: así sobreviven las personas sin hogar en el sur de Gran Canaria
En los bancos, en parterres, debajo de puentes, en cuevas o en chabolas. El número de personas sin hogar no deja de crecer en las calles de San Bartolomé de Tirajana y cada uno sobrevive como puede: con pensiones o acudiendo a recoger comida y ropa en colectivos sociales. El Ayuntamiento encamina la elaboración de un censo.

Personas sin hogar en San Bartolomé de Tirajana / José Carlos Guerra
Miércoles, 10.00 de la mañana. Francisco Hernández se refugia a la sombra de una cúpula ubicada en medio de la plaza de San Fernando de Maspalomas, sentado sobre una toalla y desayuna apenas media lata de mejillones y un pedazo de pan. La otra mitad se la toma su compañero. No ha saciado su hambre y por eso pone una lata de albóndigas a calentar al sol. «¿Y qué quiere usted que haga? Si no se calienta me lo comeré frío, que tampoco pasa nada», señala. Su dura realidad, la de la calle, es la misma que la de cientos de personas sin hogar que duermen a la intemperie en plazas, bancos, parques, parterres, puentes, cuevas o chabolas en San Bartolomé de Tirajana. Y cada vez son más. Son, coinciden muchos de ellos, los olvidados. Aquellos cuyas vidas esconde la calle. Las vidas que nadie ve.
Muchas de las personas sin hogar sobreviven con ayuda de los colectivos sociales
A sus 67 años, Francisco lleva ya 15 sin hogar. Trabajó durante años como cocinero en un hotel y en plataneras y llegó a tener varias propiedades, unas que vendió y otras que perdió. Vivió de alquiler y llegó a compartir piso, «pero los precios son muy altos, a nosotros nos echaron a la calle porque a los turistas les cobraban más», relata. Y de ahí, de la calle, no ha vuelto a salir.

Andrés Urbano y Arancha Lago salen de Cáritas, donde fueron a recoger una bolsa de comida y ropa. / José Carlos Guerra
Como tantos otros, se mueve por distintos lugares del municipio, aunque tiene un espacio más o menos fijo junto a unos contenedores ubicados al lado del Centro Cultural de Maspalomas. «Tengo una manta que tiro en el suelo y ya está, no puedo tener un colchón porque me lo quitan», afirma. Solo tiene una mochila y una bolsa con algunos alimentos y subsiste con una pensión por discapacidad que apenas le llega para gastar 10 euros al día, pero no pide limosna, y se ducha cuando puede con una garrafa de agua. «Me apaño con lo que tengo», cuenta. Relata que ha pedido ayuda en el Ayuntamiento «pero no te dan nada» y además dejó de poder ducharse, cortarse el pelo y comer caliente con el cierre del comedor de Caipsho hace año y medio. «¿Por qué no ponen una nave con literas y baños para nosotros y ya está?», se pregunta. Su sueño es acceder a una vivienda. «Eso sería más saludable para mi vida, pero la doy por perdida, nadie alquila, solo a los turistas», añade.
A pocos metros, Arancha Lago recoge en Cáritas, junto a su amigo Andrés Urbano, una bolsa de comida con un poco de pollo congelado, galletas, tomates, plátanos, y dos latas de albóndigas, además de unas prendas de ropa y algo de calzado. Ella, cántabra, llegó a la isla hace 25 años y lleva 17 sin vivienda. Era camarera, pero su relación con una persona agresiva y con adicciones le imposibilitó alquilar una casa, así que primero se fue de ocupa a un edificio abandonado -ya inexistente- y luego se pasó a una cueva ubicada en la zona alta del barranco de El Veril, donde lleva 13 años. No tiene agua ni luz y se ducha con las garrafas que su amigo le sube, ya que ella no puede cargarlas porque camina con muletas tras una operación. «La calle es muy difícil, hay mucha gente mala que no te deja tirar para arriba», relata. Ahora recoge algo de comida enCáritas, pero antes se ha visto rebuscando en la basura de los supermercados.
En su día a día intenta buscarse la vida en las calles de San Fernando y Playa del Inglés. «Por la mañana me voy a pedir dinero y a aparcar coches, me muevo para salir adelante, luego compro lo que necesito, si es que puedo, y me vuelvo a la cueva. Y por la tarde vuelvo a bajar», comenta. Relata que ha solicitado ayuda en el Ayuntamiento pero, a su parecer, «todos los años contratan a los mismos para barrer o en los jardines; yo llevo años en paro y nunca me llama nadie ni para una media jornada».
Miedo
Y quiere salir de esa situación cuanto antes. «Estoy cansada y aburrida, pero tengo esperanza de que algún día pueda acceder a una casa, porque si no yo no me cuidaría y me dejaría ir», relata. «Yo me siento olvidada, esto es muy difícil», cuenta entre lágrimas y tirando de la muleta, «en la calle hay mucha droga y el que no vende, consume. Esto es una mierda, el Gobierno no mira para Canarias. Es muy difícil salir de aquí, la gente es mala y envidiosa».
Tanto, que cuenta Andrés Urbano que deben dormir «con un ojo cerrado y otro abierto». ¿Tienen ustedes miedo? «Sí claro, la gente está atravesada; hay apuñalados y muertos [cuentan, en relación a sucesos ocurridos recientemente en Playa del Inglés], vaya usted a saber quién viene por la noche».

Javier Álvarez entra en la chabola en la que vive detrás del mercado. / José Carlos Guerra
En la calle también duerme Francisco, quien hace tres años llegó a la isla y desde entonces se ha visto dos veces sin casa. Llegó buscando una oportunidad laboral pero solo encontró, señala, contratos temporales en la hostelería y la construcción, por lo que cobra un ingreso mínimo vital cuya cuantía le han reducido y con la que no puede hacer frente al pago de un alquiler. Eso lo ha obligado a dormir en la calle, donde ya lleva tres meses. Consigo tan solo lleva una mochila con su saco de dormir y una bolsa con unos pocos alimentos. Duerme en bancos, aunque también ha llegado a dormir en una pequeña caseta en la playa de Meloneras.
«Yo no pido dinero, con lo que cobro del ingreso mínimo y lo que me da Cáritas, escapo». Ha pedido ayuda al Ayuntamiento, pero asegura que no la recibe. «He intentado empadronarme y no me han dejado, a la gente que no tenemos hogar no nos dejan y si no me empadrono no me puede ayudar un asistente social. ¿Cómo se le niega la ayuda a un español en cualquier punto de España?No tiene sentido», critica.
Duermen en cuevas, parterres, bancos, debajo de puentes, en el canódromo o en chabolas
Francisco padece artrosis y eso además de dificultarle encontrar trabajo también le supone un problema mayor al estar a la intemperie. «Durante las últimas lluvias habilitaron un pabellón porque llovía a cántaros y cuando yo fui estaba cerrado, y con eso empeoré». Sus perspectivas de futuro no son muy halagüeñas. «Estoy condenado a estar en la calle», lamenta, junto a una bolsa de comida que no le da para todos los días, por lo que debe racionar sus alimentos.
En San Bartolomé de Tirajana casi no hay espacio en el que no haya personas sin hogar: bancos, plazas, parterres, jardines, cuevas, el antiguo canódromo, debajo de puentes o en chabolas construidas en medio de los barrancos. Precisamente, desde hace unos años ha surgido un asentamiento chabolista en la trasera del mercado municipal en el que vive más de una veintena de personas.
Una de ellas es Javier Álvarez, un uruguayo de raíces españolas que lleva 26 años en la isla. Peluquero y barbero, durante un viaje por vacaciones sufrió un ictus que le dejó el hemicuerpo izquierdo paralizado. «Hasta hace tres años tenía un piso alquilado, pero cuando estuve ingresado me robaron mi documentación y no me la han devuelto, y como no tengo no puedo cobrar todo lo que he cotizado y por eso he terminado en la calle», relata.

Un grupo de voluntarios en la sede del colectivo Karuna prepara el reparto de alimentos de cada mañana. / José Carlos Guerra
Duerme en una chabola construida con palés de madera y plásticos que levantó debajo de un árbol para protegerse del sol y en la que vive con otras cuatro personas, apelotonados. «No pido dinero, como con ayuda de Cáritas y Cruz Roja y estoy con una trabajadora social para intentar expedir de nuevo mi documentación», explica. También lo ayuda una antigua clienta, que le acerca comida y ropa, y una amiga que lo invita a ducharse en su casa.
Francisco, Arancha, Andrés, Francisco y Javier son solo cinco rostros de las cientos de personas que pernoctan en la calle en San Bartolomé de Tirajana, muchos de ellos españoles, pero también extranjeros que múltiples nacionalidades, que esperan un golpe de suerte que de un momento a otro los saque de la calle y mejore sus vidas. Mientras tanto, resisten. Bajo el calor y la lluvia. Con viento o frío. Y lamentando que les haya tocado ser «los olvidados».
Un censo para conocer la situación personal y ronda de consulados
El Ayuntamiento ha anunciado en varias ocasiones su intención de elaborar un censo para conocer cuántas personas duermen en la calle y cuál es su situación personal. La última vez fue en el Pleno de junio, en el cual se aprobó por unanimidad una moción propuesta por los todavía concejales de NC -y escindidos a Primero Canarias- para la puesta en marcha de un plan municipal para abordar el sinhogarismo. Con todo, el Consistorio, de la mano del Gobierno de Canarias, está en vías de poner en marcha ese estudio. Muchas de las personas son extranjeras y es por ello que el Ayuntamiento ya contacta con los consulados. Así, se reunió recientemente con los servicios sociales del consulado británico para buscar la fórmula de ayudar o repatriar a los ingleses en situación de calle. La previsión es continuar la ronda de contactos con los consulados a partir de septiembre. Mientras, muchas de esas personas sin hogar acuden a los colectivos sociales. Cáritas en San Fernando ayuda a unas 300 personas al año mientras que la asociación Karuna atiende a unas 2.200 personas al mes, unas 120 familias al día, gracias a las donaciones y al trabajo altruista de 67 voluntarios.
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