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Altas temperaturas en Gran Canaria: la roca volcánica ofrece un hogar fresco en plena ola de calor en Artenara

Los vecinos del municipio se refugian de las altas temperaturas en casas cueva y con la vista puesta en las fiestas patronales

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Elena Montesdeoca

Elena Montesdeoca

Artenara

Vivir en una cueva es, en Artenara, un privilegio cuando hace mucho calor. También si hace bastante frío. El bochorno sigue azotando a la Isla y, aunque durante el pasado fin de semana los termómetros bajaron incluso cinco grados en comparación con los días anteriores, este lunes el mercurio volvió a ascender. Las máximas en el municipio rozaron en horas del mediodía los 36 grados. El Gobierno de Canarias aún mantiene la alerta en Gran Canaria por altas temperaturas y, a su vez, la alerta máxima por riesgo de incendios forestales.

Los vecinos de la zona, mientras tanto, para no pensar en el calor se refugian en el comienzo de las fiestas de La Cuevita y, además, en el frescor tan característico que se respira en las casas cueva, un hogar privilegiado para pasar el cálido verano en la Isla.

Antonio González tiene 95 años y es uno de los propietarios de las aproximadamente 640 casas cueva privadas que hay actualmente en el pueblo. Sentado en un banco muy cerca de la Plaza de San Matías, explica las ventajas de su vivienda. «Mientras todos tienen que poner el aire acondicionado en sus casas con este calor, yo me tengo hasta que tapar por las noches del fresco que hace». Ese es, sin duda, uno de los motivos por los que lleva la ola de calor «muy bien y como si nada».

Un verano más ameno

Durante los meses de verano, Artenara se convierte para muchas personas en un lugar «horroroso». No tiene mar, el sol aprieta con fuerza y el bochorno se hace «muy cuesta arriba». No obstante, para las personas que tienen la suerte de vivir en una cueva, el bochorno se hace más ameno. Este tipo de casas es tan fresco debido a su construcción subterránea, que aprovecha el aislamiento natural de la roca volcánica.

Agustín Díaz señala la vegetación que bordea a su vivienda

Agustín Díaz señala la vegetación que bordea a su vivienda / Andrés Cruz

Una botella de agua bien fresca es, desde hace semanas, uno de los complementos preferidos de González. «Hoy noto el día un poco más fresco pero, cuando estoy en la calle, me achicharro», subraya. Él, debido a su edad, ya no asiste a las fiestas de La Cuevita pero sabe, a ciencia cierta, que es uno de los antídotos contra el calor para los habitantes del lugar. «No creo que se llegue a suspender ningún acto por las altas temperaturas», afirma. «La gran mayoría de ellos se celebran en horario de tarde, cuando ya no hace tanto sofoco», concluye con una sonrisa.

Isabel Díaz recoge la ropa que había tendido en unas liñas situadas en el exterior de la fachada de su casa. «La colgué hace menos de una hora para que se secase y ya la estoy recogiendo», exclama. Ella no tiene ventilador en su vivienda y tampoco lo echa de menos. Su hogar también está en el interior de una cueva y, aunque «no es un iglú», la diferencia de temperatura es bastante notoria. «Si no abro la puerta de la calle, no te enteras ni de la temperatura que hace en el exterior», asegura.

Miedo

«Menos mal que de momento no ha habido ningún incendio», agradece Agustín Díaz, otro vecino del pueblo. Desde una de las barandillas de la Plaza de San Matías señala toda la vegetación que bordea su vivienda. Él no tiene una cueva pero, igualmente, cuenta en su interior con todo lo necesario para refrescarse. «Me da mucho miedo que pase lo mismo que en la Península con los incendios», lamenta. A Díaz le tranquiliza pensar que, si eso sucede, está el helipuerto justo al lado. Sin embargo, tiene muchas ganas de disfrutar de las fiestas. «Sobre todo, del concierto ‘Una Noche en Artenara’», finaliza.

Mientras la ola de calor sigue afectando a gran parte de la Isla, en Artenara y la calima aún tiñe los cielos de la Isla, los vecinos que viven en casas cueva encuentran en la tradición una solución natural y efectiva al sofocante verano interminable.

Lejos del aire acondicionado y los ventiladores, el frescor de la roca volcánica se convierte en el mejore aliado para resistir las altas temperaturas sin perder la alegría de sus fiestas. En este rincón de Gran Canaria, vivir bajo tierra no solo es una costumbre ancestral. Ahora es también un privilegio climático.

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