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El hombre que desafió a la Iglesia para fundar la arqueología en Canarias

La historia de Gregorio Chil y Naranjo, el médico que fundó El Museo Canario y abrió el camino a la ciencia en las islas

El Museo Canario

El Museo Canario / Hola Islas Canarias

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Johanna Betancor Galindo

Johanna Betancor Galindo

Las Palmas de Gran Canaria

Las piedras guardaban un secreto. Bajo la tierra de Gran Canaria, ocultas en cuevas y enterramientos, yacían las huellas de un pueblo que el tiempo quiso silenciar. Fue necesario un hombre con visión, pasión y coraje para sacarlas a la luz: Gregorio Chil y Naranjo, médico de formación y pionero de la arqueología científica en Canarias.

El divulgador Álvaro Franco (@alvarofrancomontesdeoca) lo resume con claridad: “Un hombre con visión, pasión y un legado inmortal para la arqueología canaria. Él fue el pionero que dio forma a lo que hoy conocemos como la arqueología científica de las islas”.

El pionero de la arqueología científica

“Un hombre con visión, pasión y un legado inmortal para la arqueología canaria”, resume el divulgador Álvaro Franco. Chil fue el primero en abordar de manera científica la cultura prehispánica del archipiélago, situándose en la misma corriente de pioneros de Inglaterra y Francia que estaban dando forma a la antropología moderna en el siglo XIX.

No solo excavó, clasificó y describió. También interpretó las prácticas quirúrgicas, la momificación y la vida cotidiana de los aborígenes. Donde otros veían superstición o restos sin valor, él reconocía la huella de una civilización compleja.

El Museo Canario

El Museo Canario / Hola Islas Canarias

El Museo Canario

En 1879, junto a intelectuales como Grau Bassas o Diego Ripoche, fundó El Museo Canario en Vegueta. Allí reunió piezas arqueológicas, colecciones zoológicas y geológicas, y, sobre todo, documentos que permitían reconstruir la vida de los antiguos pobladores.

“Fue el pionero que dio forma a lo que hoy conocemos como la arqueología científica de las islas”, subraya Álvaro Franco. Gracias a Chil, Canarias dejó de depender únicamente de relatos externos y ganó un espacio propio para preservar su identidad histórica.

Al morir, el médico legó incluso su propia casa y su biblioteca al museo. Ese gesto permitió que la institución siga en pie hasta hoy como referente cultural y científico.

Fachada de El Museo Canario, en Las Palmas de Gran Canaria.

Fachada de El Museo Canario, en Las Palmas de Gran Canaria. / El Museo Canario

Entre la ciencia y la condena

El camino de Chil no fue fácil. Fue criticado, censurado y hasta excomulgado. Para la Iglesia de su tiempo, hablar de cirugía indígena o de momificación aborigen era rozar la herejía. Para Chil, en cambio, era un acto de verdad: “su pasión por la historia nunca flaqueó, aun en medio del rechazo”, recuerda Franco.

Ese enfrentamiento lo convirtió en una figura incómoda, pero también en un símbolo de resistencia intelectual. Supo que desenterrar la historia significaba, en su época, desenterrar también los límites que imponía el poder religioso.

Hoy, pasear por las salas de El Museo Canario es recorrer el eco de aquella batalla personal. Las momias guanches, los ídolos y la colección documental más completa sobre la historia de las islas son testimonio de que Chil no trabajó en vano.

Más de un siglo después de su muerte, sigue siendo un referente. “Gregorio Chil Naranjo fue el hombre que cambió para siempre la arqueología en Canarias”, concluye Álvaro Franco. Su nombre permanece en los libros, pero sobre todo en cada visitante que entra en Vegueta y descubre que la historia de Canarias también se escribe desde dentro.

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