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Ni Tatooine ('Star Wars') ni Arrakis ('Dune'): el paisaje más marciano de Gran Canaria que parece sacado de una película

La mezcla de geología volcánica y huellas de la actividad humana ha dejado en la isla rincones de colores ocres y volúmenes imposibles que muchos comparan con el decorado de una película

La Cueva Herrera Cantera, en Gáldar

El Coleccionista de Instantes

Santa Cruz de Tenerife

Hay paisajes que, sin trucaje ni focos, parecen salidos de una superproducción de ciencia ficción. La mezcla de geología volcánica y huellas de la actividad humana ha dejado en Gran Canaria rincones de colores ocres y volúmenes imposibles que muchos comparan con Tatooine o Arrakis, dos de los mundos imaginarios más reconocibles de la historia del cine.

Quien llega por primera vez a la Cantera de Cueva Herrera, en el municipio de Gáldar, entiende al instante por qué muchos la comparan con escenarios de ciencia ficción. Las paredes de toba y picón volcánico aparecen cortadas a pico y los estratos dibujan una atmósfera extraña, casi extraterrestre.

Este anfiteatro mineral es una antigua explotación a cielo abierto del norte grancanario, y su potencia visual nace precisamente de lo que dejó la extracción: taludes verticales, galerías parciales, cavidades que el tiempo ha ido erosionando hasta darles aspecto de catedral derruida.

La Cueva Herrera Cantera, en Gáldar

La Cueva Herrera, en Gáldar / LP

Cicatriz geológica

El topónimo no engaña: “Cueva Herrera” alude a las bocas horadadas en la ladera, a medio camino entre cueva natural y hueco de cantera. La maquinaria retiró durante décadas el material más blando para usos constructivos, y el paisaje quedó como una cicatriz geológica de proporciones fotogénicas.

A ratos recuerda a Marte, por los tonos cálidos y la ausencia casi total de vegetación. En otros rincones, donde dominan los grises y el polvo fino, la escena se vuelve más lunar. Esa mezcla, tan poco habitual a la vista, explica su éxito en redes: es difícil no levantar la cámara.

Conviene, sin embargo, entender qué es hoy: un frente minero abandonado, sin señalización turística ni medidas de seguridad. No hay barandillas ni pasarelas, los techos de algunas cavidades están debilitados y los desprendimientos son un riesgo real, sobre todo tras episodios de lluvia.

Por eso, aunque circulan rutas informales que parten del barrio de La Montaña y bordean la ladera, la visita no se parece a un paseo por un mirador habilitado.

Peligro real

Si las fotos te tientan, la prudencia manda: mantenerse en zonas firmes, no entrar en huecos ni galerías, evitar el entorno después de lluvias y recordar que aquí no hay socorrismo ni señalética que te avisen de un peligro inminente.

La cantera no es un “set” ni un recurso visitable al uso, pero sitúa muy bien el carácter volcánico del norte de Gran Canaria. A poca distancia están la Montaña de Gáldar, la costa de El Agujero y El Frontón, y, si buscas patrimonio con todas las garantías, el Museo y Parque Arqueológico Cueva Pintada, que sí ofrece recorrido guiado y contexto histórico.

Esa combinación de geología, mar y arqueología permite entender por qué Gáldar es una parada con personalidad propia dentro de la isla: aquí los estratos cuentan historias, y no todas son antiguas, las más recientes hablan de cómo la industria también modela el paisaje.

Fotos espectaculares

Quienes van a fotografiar Cueva Herrera suelen preferir la hora dorada del atardecer, cuando el sol baja y enciende los ocres “marcianos”. Los contraluces ayudan a perfilar crestas y viseras de roca, y los encuadres cerrados sobre las capas de toba refuerzan el parecido “planetario”.

El resultado puede ser espectacular, pero la imagen no debería pesar más que el sentido común: volar drones solo donde esté permitido, no mover piedras, no dejar rastro y respetar cualquier vallado o cartel que limite el paso.

Tal vez el mayor valor de este lugar esté en esa contradicción: parece un decorado de película y, sin embargo, es real. Seduce como postal y, al mismo tiempo, exige distancia, porque, a veces, los paisajes más asombrosos no se crean para ser visitados.

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