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La borrasca Claudia pasa por San Bartolomé de Tirajana: muros caídos, vías cortadas y agricultores esperanzados

El municipio acumula más de 127 litros por metro cuadrado en una jornada en la que el agua alegra al campo.

Así quedaron los coches afectados por la caída de un muro en el centro comercial Anexo II

La Provincia

San Bartolomé de Tirajana

San Bartolomé de Tirajana fue el municipio más afectado por la borrasca Claudia. Hasta 14 fueron las incidencias que movilizaron a los operativos activados del Plan de Emergencia Municipal, como la caída de dos muros en Maspalomas y desprendimientos y cortes de carreteras en las medianías después de acumular unos 127,8 litros por metro cuadrado en la zona alta y 28,8 litros en la costa. A la vez, este episodio también ha dejado una cara más amable en lugares como Cercados de Araña, donde hasta hace una semana un centenar de agricultores recurrían a cubas de agua para sus cultivos y que ven hoy como el agua acumulada les asegura dos meses de riego.

Los incidentes empezaron desde la madrugada con la caída de un muro en el entorno del centro comercial Anexo II de Playa del Inglés sobre tres vehículos que quedaron destrozados pero sin heridos. La zona quedó despejada pero precintada hasta asegurar la estabilidad de las inmediaciones. A pocos metros, en el paseo Costa Canaria, otra pared colapsó sin provocar daños personales pero dejando bloqueado un tramo peatonal que parte desde el Mirador de las Dunas hacia la avenida Alemania. El interior de una vivienda quedó afectada pero tampoco dejó heridos al encontrarse en obras. Las terrazas de tres apartamentos adyacentes quedaron dañadas.

Desprendimientos en carreteras

La tromba de la noche provocó varios desprendimientos de piedras y lodo en carreteras que dejaron bloqueados durante unas horas los accesos a los barrios de La Montaña, Taidía, Perera baja y Arteara donde operarios municipales y del cabildo trabajaron para dejarlos habilitados cuanto antes. La entrada a Tunte a través de la GC-60 desde la costa se mantiene bloqueada debido a la rotura de las mallas de protección y la llegada al pueblo se desvió hacia la carretera del Hotel Las Tirajanas.

Las lluvias provocaron tres accidentes de tráfico, todos ellos sin heridos. Uno por un coche que derrapó en la rotonda de la Piscina Municipal de San Fernando, una señora que chocó contra una roca en Arteara y un último en la GC-1 sentido sur.

El pabellón municipal, habilitado para el resguardo de población en riesgo, recibió a cuatro personas, una de ellas llevada tras negarse a abandonar la calle, y tres mascotas.

Las playas quedaron sin afecciones más allá de las escorrentías desde los barrancos, que no sumaron problemas al habilitarse canales en los trabajos preventivos.

El alcantarillado aguantó sin problemas salvo dos obstrucciones en la avenida de Tirajana frente a los apartamentos Los Molinos y en la zona del canódromo. Las inundaciones fueron de escasa entidad en esa misma zona y en el túnel frente a El Veril Playa, donde se socorrió a una señora. El alumbrado público llegó a quedarse sin luz en las avenidas turísticas de Tirajana, Gran Canaria, Tenerife, Italia y Francia. Vecinos de San Agustín refirieron haberse quedado sin señal de televisión.

Operarios municipales actuaron en la calle Las Margaritas, Altos del Gloria Palace, Paseo Costa Meloneras y Avenida de Colón , que quedaron afectadas por residuos, restos vegetales y barro. Los bomberos realizaron trabajos de achique menores en Playa del Inglés.

"Las incidencias no han sido numerosas ni severas. No hemos tenido que socorrer a ningún vecino y los daños registrados no son cuantiosos”, declaró José Felipe Santana Rodríguez, oficial del Servicio de Extinción de Incendios y Salvamento.

Alivio para la sequía

La cara amable de Claudia se vió en las medianías y la cumbre, donde caideros y escorrentías llevaron la ansiada agua. Más de 98 litros se acumularon en Cercados de Araña, sumidos en una grave sequía desde hace un año.

Para llegar hasta allí, retenes de empleados municipales y del cabildo trabajaron desde la madrugada en la limpieza de los múltiples desprendimientos que salpicaron también la GC-65, que lleva a Tunte desde Vecindario.

"Hacía años que no lo veía bajar así", comentaba asombrada una vecina del barrio santaluceño de Rosiana mientras se asomaba al borde de la carretera para ver cómo corría el agua por el barranco de Tirajana. Continuando la subida aparecía el retén del Cabildo que había dejado practicable la carretera de los cuchillos. "Desde las doce de la noche y aquí seguimos en marcha", comentaron mientras el tractor terminaba de retirar un último predrusco.

Carretera arriba esperaba, imponente, la caída del barranco del Negro junto al morro de la Conejera. La fuerza y el flujo de agua de sus cascadas sirven como guía para terminar de valorar la potencia de un temporal. "Otras veces caía más, aquí se formaba una represa y el sonido era atronador", se quejaba un padre que llevó hasta ahí a su hija para enseñarle un espectáculo que, pese a su decepción, dejó admirada a la niña, menos acostumbrada a ver llover así en la isla.

"Un remedio momentáneo"

Así lo atestiguaban en Cercados de Araña, donde llevaban "años esperando una lluvia como esta", como declaron Antonio Luis Cerpa y Diego León, agricultores de la zona. Desesperados por la sequía que estaba secando sus cultivos, están manteniéndolos gracias a las cubas que trae el Ayuntamiento de San Bartolomé de Tirajana y la bomba de agua con la que el Cabildo reparte la poca que quedaba en la presa de Chira. Califican las precipitaciones de la borrasca Claudia como "un remedio momentáneo y agradable para todos".

La altura del preciado líquido en la presa aumentó unos 50 centímetros, aún insuficiente para dejar de necesitar la ayuda del Cabildo. "Necesitamos que siga lloviendo y que suba otros 50 centímetros el agua acumulada para dejar de depender de la bomba", apostilló Cerpa.

El agricultor Diego León muestra parte de su finca tras el paso de la borrasca Claudia por Gran Canaria

El agricultor Diego León muestra parte de su finca tras el paso de la borrasca Claudia por Gran Canaria / Andrés Cruz

Diego León mostró con su sacho cómo la humedad de las precipitaciones se ha había adentrado en la tierra. Momentos antes se lamentaba de haber tenido que cortar hace unas semanas lo que fue un lustroso aguacatero de más de 20 años que no paraba de producir tan preciada fruta. "Hasta que se secó", remarcó.

Ambos coinciden en calcular que lo caído este jueves les valdrá hasta enero. "No da, pero ayuda", comentó León, quien se fija esa fecha para decidir qué hacer con sus terrenos. "Si llueve más, plantaré papas, si no, sólo lo suficiente para mi familia y amigos", concluyó.

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