Medioambiente
La cochinilla mexicana se ‘come’ las tuneras de la isla sin solución a la vista
El insecto nocivo se fija a la planta y acaba con su vida por la succión de la saviav Supone una amenaza directa para la supervivencia del cultivo canario

Imagen de una tunera en la zona del Barranco del Laurel, en Moya, atacada por la cochinilla mexicana. / LP/DLP

La cochinilla mexicana o ‘mala’ (Dactylopius opuntiae) se expande sin control por todos los espacios naturales de la isla afectando a las tuneras. Este insecto nocivo, cuando se fija a la planta acaba con su vida por la succión de la savia y termina matándola. Tienen, además, la capacidad de eliminar cosechas enteras de esta planta muy presente en el medio natural de las Islas, como así está ocurriendo sin que haya una solución a la vista.
La plaga, detectada por primera vez en La Palma en 2010 y confirmada en Tenerife en 2019 y Lanzarote en 2020, supone una amenaza directa para la supervivencia del cultivo tradicional de cochinilla canaria -el único con Denominación de Origen Protegida (DOP) en Europa- y para la biodiversidad asociada a las tuneras en el Archipiélago.
La ingeniera agrónoma de la Unidad de Protección de Cultivos del Cabildo de Gran Canaria, Nayra Oliva, recuerda que el primer reporte de su aparición en Gran Canaria lo tuvieron en Los Tilos de Moya en 2022. « Inmediatamente lo pusimos en conocimiento a Sanidad Vegetal del Gobierno de Canarias, que es la autoridad competente en cuanto a plagas y enfermedades», señala.
La plaga se detectó en La Palma en 2010 y el Gobierno regional sacó la orden de la epidemia trece años después
La técnica explicó que se encontraron con una «dificultad muy grande» porque la planta está catalogada como una especie invasora a nivel estatal. «Eso quiere decir que se considera que esas especies perjudican a nuestra flora autóctona y hay que hacer lo posible por erradicarla, concretamente a la tunera, no a la plaga de la tunera», señala Oliva, quien añade que «nos encontramos con una especie que tiene una dificultad muy grande y es que por una parte es un cultivo del que se hace un aprovechamiento agrícola y, por otra parte, medioambientalmente y a nivel de legislatura del Ministerio de Medioambiente, está considerada una especie exótica invasora».
Nayra Oliva explica que tras su detección empezaron a observar que aparecían focos muy dispersos en la isla de Gran Canaria como en San Bartolomé de Tirajana y Agaete. «Empezamos a ver que el patrón de dispersión es bastante raro, por lo que deducimos que hay un factor humano».
Sobre la forma de combatir a esta cochinilla, Oliva asegura que Sanidad Vegetal acudía al lugar, y si eran parcelas agrícolas, informaban a las personas de cómo tenían que actuar y lo que debían hacer mediante lavados a presión de jabón potásico o con aceites parafínicos. «Son las maneras que están autorizadas para actuar contra esta plaga», relata.
El principal damnificado por esta plaga en Gran Canaria es Lorenzo Pérez, dueño de la marca Canaturex, que se dedica en exclusiva al cultivo, selección y exportación de la cochinilla canaria a diferentes partes del mundo.
La forma de combatirla es con jabón potásico o aceites parafínicos, que también pueden matar a la cochinilla canaria
Pérez recuerda que ya en el año 2018 se presentó al Parlamento de Canarias una primera Proposición No de Ley (PNL) para que se tomaran medidas contra esta plaga. «Y no se ha hecho nada», critica. El productor subraya que esa plaga entró en 2010 en La Palma, y el Gobierno de Canarias publicó la orden de la plaga en trece años más tarde, y añade que el principal causante de esta plaga en el Archipiélago es el comercio de frutas entre diferentes islas afectadas. «Antes de que entrara en Gran Canaria yo ya había enviado un escrito al Gobierno de Canarias y otro al Cabildo para que tuvieran cuidado», apunta.
Lorenzo Pérez confiesa que de momento «escapa». «Estoy escapando porque esto no tiene remedio. Tendré que separar una de la otra y no puedo usar un fitosanitario porque si no mataría también a la nuestra», sostiene, haciendo referencia a la Dactylopius coccus, que se cultiva en Canarias. Pérez opina que «ha habido una «inacción total» por parte de la Administración. «El día que entre en mi finca tendré que actuar desde el ámbito judicial».
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