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Cuando una barbería de Guía se enteró de la Guerra Civil antes que el aviso oficial

La radio anunció en Santa María de Guía el inicio de la Guerra Civil antes que la notificación de las autoridades, un ejemplo de cómo el nuevo medio empezaba a transformar la forma de informarse en Canarias

Interior de una barbería grancanaria de los años 60.

Interior de una barbería grancanaria de los años 60. / Fedac

Héctor Rosales

Héctor Rosales

En julio de 1936, algunos vecinos de Santa María de Guía se enteraron del estallido de la Guerra Civil en la barbería, donde una radio encendida interrumpió la rutina con la noticia. La escucharon antes que cualquier comunicación oficial, incluso antes que las autoridades.

Este episodio, documentado por Rafael Pérez y Francisco Quintana, refleja el impacto de la radio en Gran Canaria y cómo transformó la manera de informarse. Para comprender cómo se llegó a ese punto, es necesario retroceder varias décadas.

La radio llegó a Canarias casi sin querer, como ocurrió en otras regiones alejadas de los grandes núcleos urbanos. No hubo una planificación estatal ni una empresa dispuesta a tejer una red desde el principio. Fueron pequeños grupos de aficionados quienes, a base de pruebas y con sus propios equipos, extendieron el conocimiento y el interés por aquella nueva tecnología.

Entre quienes dieron forma a ese despertar radiofónico destacaron Arthur Gerbahuer y Hans Meinke. Eran técnicos alemanes internados en las islas tras el estallido de la Primera Guerra Mundial y su experiencia fue decisiva: promovieron encuentros, transmitieron sus conocimientos y colaboraron en las instalaciones experimentales que darían forma a los primeros grupos radiofónicos. Fue alrededor de ese impulso inicial donde empezaron a surgir los clubes que marcaron el despegue de la radiodifusión en el archipiélago.

La primera radio en Gran Canaria

A mediados de la década de 1920, en pleno periodo de entreguerras, comenzaron a consolidarse las primeras iniciativas estables. En Las Palmas de Gran Canaria nació el Radio Club Canarias, que en 1929 instaló su emisora en el Gabinete Literario y empezó a realizar emisiones regulares.

El Gabinete Literario en los años 20.

El Gabinete Literario en los años 20. / Fedac

Aquella etapa dependía casi por completo de la voluntad de sus miembros ante la falta de medios. A diferencia de lo que ocurría en la mayoría de las emisoras peninsulares, la radio creció en Canarias de abajo arriba, impulsada por grupos de aficionados con más entusiasmo que recursos. La fragilidad de este proyecto quedó en evidencia cuando un temporal, que entró por una ventana mal cerrada, dañó los equipos y puso fin a la emisora.

Pese a la desaparición de aquella primera emisora, el interés por la radio siguió creciendo en Gran Canaria. En pocos años aumentó el número de radioaficionados, se multiplicaron los talleres que reparaban y montaban equipos y empezaron a sintonizarse con regularidad emisoras de la Península y del extranjero. En ese proceso quedó registrado el primer radioaficionado oficialmente documentado en Canarias, Antonio Suárez Morales, residente en la capital grancanaria.

Emisiones peninsulares y extranjeras

Las señales de Unión Radio, antecedente de la actual SER, así como las de la BBC o las emisoras francesas y holandesas, llegaban con notable claridad a la isla. Esa presencia creciente incentivó una afición que se fue consolidando, hasta convertir la radio en parte de la vida diaria de muchos canarios.

Como era de esperar, la escucha no siempre era limpia. Las emisiones sufrían frecuentes interferencias provocadas por instalaciones eléctricas deficientes, motores, timbres o incluso guaguas.

La radio pasó de ser una afición doméstica a una experiencia colectiva. Empezó a escucharse en bares, quioscos, talleres y otros puntos de encuentro, integrándose de forma natural en la vida social.

Durante la década de 1930 su presencia se hizo aún más constante. Aunque no todos podían permitirse un receptor, su uso se extendió por comercios y pequeños negocios, y cada vez más personas siguieron noticias y emisiones que llegaban tanto del archipiélago como del exterior. La radio ya estaba plenamente integrada en la vida cotidiana, incluso en los lugares con menos recursos.

Este proceso fue clave para que, en el verano de 1936, los vecinos de Guía se enteraran del inicio de la Guerra Civil en su barbería, antes de que lo hicieran las autoridades. En las islas, tan alejadas de donde se tomaban las decisiones, la radio pasó de ser una novedad a convertirse en una herramienta esencial para mantener a los canarios informados sobre lo que ocurría en el resto del país y del continente.

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