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Cookies XXL y un pedacito de Nueva York en plena capital: La Bastardería abre su primer local físico en Gran Canaria

Descubre el nuevo local de La Bastardería en Gran Canaria: galletas rellenas, repostería creativa y una experiencia gastronómica mágica.

El chef Manuel García junto al resto del equipo de La Bastardería en su tienda en Las Palmas de Gran Canaria

El chef Manuel García junto al resto del equipo de La Bastardería en su tienda en Las Palmas de Gran Canaria / La Provincia

Adolfo Rodríguez

Adolfo Rodríguez

La Bastardería, la reconocida marca de cookies XXL en Canarias, ha dado un paso decisivo al inaugurar su primera tienda de galletas física en Las Palmas de Gran Canaria. Ubicada en una zona emblemática, este nuevo local combina repostería creativa con la esencia de la experiencia gastronómica interactiva que la ha hecho viral en redes sociales.

El local se encuentra en una de las zonas más reconocibles de la capital. Un rincón que, según cuenta, llevaba tiempo visualizando como el hogar perfecto para este proyecto. “Hoy conseguimos un local aquí y estamos súper contentos. Queremos enseñar un trocito de lo que podemos llegar a hacer, queremos que lo disfruten con nosotros”, asegura.

Un local mágico… literalmente

La Bastardería, según su propio creador Manuel García, no quería abrir “una tienda más”. El objetivo era ofrecer la misma experiencia que ha hecho que sus vídeos acumulen miles de visualizaciones: diversión, sorpresa y mucha personalidad. “Hemos creado un local mágico, con un montón de cosas escondidas para que la gente vaya investigando dentro de él”, adelanta.

El concepto visual y la experiencia interactiva son parte esencial del ADN de la marca. Nada es casual: desde los rincones secretos y guiños a sus seguidores, hasta los detalles que recuerdan a los grandes templos de la repostería creativa en Estados Unidos.

La revolución cookie ahora también tiene versión salada

Aunque La Bastardería se hizo famosa por sus galletas de 100 gramos, sus brownies imposibles y esa estética gamberra tan reconocible, el nuevo local llega con una novedad importante: una carta salada inspirada en Nueva York.

“En esta tienda incorporamos ahora la parte salada. Traemos un trocito de Nueva York, de Estados Unidos, aquí”, explica el chef.

La idea es combinar la esencia del street food neoyorquino con la propuesta dulce que ya se ha vuelto viral en Gran Canaria. El resultado, promete, será igual de explosivo que sus postres.

Cookies de culto: sabores únicos y recetas afinadas al milímetro

Pero si hay algo que define a La Bastardería, son las cookies. Enormes. Con relleno. Y con sabores que cambian la idea de “una simple galleta”. Su fundador insiste: “Hemos buscado siempre que cada galleta tenga su sabor único”.

Y los ejemplos hablan solos:

  • Limón ácido, elaborado con limones ecológicos de finca propia.
  • Cubanito, con cremita de cubanito real para que el sabor sea idéntico al original.
  • Manzana, loto, y una versión tropical hecha con naranja, limón y maracuyá, perfecta para el clima canario.
  • Tiramisú, una de las favoritas.
  • Y, por supuesto, las icónicas de la marca: Happy Weekend del Bueno, Nutella y los aclamados brownies.

“Vamos a hacer lo mejor que se nos da y lo que ya llevamos cuatro años haciendo con todo el mundo”, afirma con la seguridad de quien ha convertido un antojo gigantesco en un negocio reconocible en toda la isla.

Una marca con identidad (y un gesto que ya es viral)

La Bastardería no solo vende dulces; vende actitud. Lo confirma su fundador cuando, entre frases, repite ese gesto que ya es marca registrada en sus vídeos: “¡Vamos, vamos, vamos!”.

Ese espíritu enérgico y desinhibido es el mismo con el que ahora levantan la persiana de su primera tienda física. Un paso que no solo consolida el proyecto, sino que promete convertirse en parada obligatoria para foodies, curiosos y fans de las experiencias diferentes.

Un nuevo punto dulce (y salado) para la capital

Con este estreno, La Bastardería inaugura una etapa en la que su comunidad —que ya es enorme en redes— podrá disfrutar de la marca en un espacio físico pensado para jugar, descubrir y, sobre todo, comer sin culpa.

Ellos lo tienen claro: es solo el principio.

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