Entrevista | Pedro Quintana Andrés Doctor en Historia Moderna y licenciado en Geografía e Historia
Pedro Quintana, doctor en Historia Moderna y licenciado en Geografía e Historia: «Los Tilos pasan de 12.000 hectáreas a una en tres siglos»
«Si los montes de la isla hablaran nos podrían reprochar muchísimas cosas como sociedad», explica el investigador

Pedro Quintana Andrés. / José Pérez Curbelo
Pedro Quintana, doctor en Historia Moderna y licenciado en Geografía e Historia, presenta su libro ‘Los montes de Gran Canaria en la Edad Moderna’, un estudio que examina la gestión de los bosques de la isla.
Historiador y profesor de ciencias sociales. ¿Cuál ha sido su trayectoria estudiantil y laboral?
Estudié el Grado en Geografía e Historia en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria; sin embargo, como en la isla solo se impartía el primer ciclo, tuve que trasladarme a la Universidad de La Laguna para completar mis estudios. En 1996 obtuve el doctorado en Historia Moderna. Actualmente imparto clases de Ciencias Sociales en las escuelas de adultos de Santa Brígida y San Mateo y en mi tiempo libre me dedico a la investigación sobre los montes de la isla y sobre lo que hoy denominamos artesanía, que antiguamente se conocía como oficios tradicionales.
¿De qué trata el libro ‘Los montes de Gran Canaria a fines de la Edad Moderna’?
El eje central del libro es la documentación relativa a un foro creado por el Ayuntamiento de Gran Canaria —hoy Cabildo— en el que se convocó a varios regidores para formar una comisión dedicada a los montes de la isla. En esa comisión se recogieron extractos de reuniones en los que se aprecian distintos posicionamientos y antagonismos. Nuestro propósito fue transcribir estos documentos de manera íntegra, ya que, aunque existían transcripciones previas, eran incompletas. Además, he añadido una introducción que recoge la evolución de los montes desde comienzos del siglo XVI hasta las repoblaciones del siglo XX.
¿Qué fue lo primero que le sorprendió al investigar los montes de Gran Canaria en esta época?
Lo más sorprendente es la lucha de intereses que se observa entre instituciones. Por un lado, el Cabildo defendía determinados beneficios vinculados a la explotación del monte; por otro, la Real Audiencia actuaba como una especie de protectora de los campos, aunque también con sus propios intereses. Ese enfrentamiento entre la defensa del monte y la voluntad de explotarlo resulta especialmente revelador. También destaca el papel de la población local, que veía el monte como un elemento esencial para su vida cotidiana, ya que lo necesitaban para el carboneo, para recoger pinocha, para obtener madera. Ellos, en general, no deseaban una explotación abusiva que pusiera en riesgo ese recurso.
«La madera tuvo una enorme influencia en la política insular»
La madera condicionó la política insular durante la Edad Moderna. ¿Podría dar algún ejemplo?
Evidentemente, la madera tuvo una enorme influencia en la política insular, porque la Edad Moderna fue, en gran medida, la sociedad de la madera ya que casi todo dependía de este recurso. En Gran Canaria existía un contrabando de madera facilitado por los puertos del norte y del sur, desde donde salía clandestinamente. Este comercio ilegal beneficiaba a quienes tomaban decisiones políticas, por ejemplo, al no actuar adecuadamente en épocas de incendios o al intentar que los guardas forestales fueran elegidos por esos mismos grupos de poder. Todo ello provocaba que los beneficios recayeran en una parte muy concreta de la sociedad, mientras el monte quedaba desprotegido.
¿Qué partes de la isla serían irreconocibles si no se hubieran tomado medidas de conservación en el pasado?
En los años cincuenta, zonas como Tamadaba y los Llanos de la Pez habían perdido prácticamente toda su masa arbórea. La presión ejercida sobre ese territorio fue enorme y, hoy en día, reconocemos las áreas de cumbre gracias a las repoblaciones posteriores. Algo similar ocurre con Los Tilos de Moya, que se conserva gracias a los esfuerzos de reforestación, porque de las aproximadamente 12.000 hectáreas de monteverde que existían en la zona en el siglo XVIII, en la actualidad apenas queda una.

Pedro Quintana Andrés. / José Pérez Curbelo
¿Es necesario repoblar otras zonas de la isla?
Podemos decir que sí, aunque es cierto que algunas de las zonas repobladas necesitan ahora someterse a espurgos, porque los árboles deben disponer de espacio para alcanzar un mayor tamaño. Además, es fundamental reintroducir especies autóctonas y no limitarse únicamente al pino, ya que estas áreas están siendo invadidas por plantas foráneas como el rabo de gato.
Si los montes de la isla pudieran hablar, ¿qué cree que nos reprocharían como sociedad?
Muchísimas cosas. Los bosques y espacios verdes son fundamentales, pero no siempre sabemos protegerlos. Por ejemplo, los pinos son beneficiosos para nuestra salud, ya que funcionan como un pulmón adicional para respirar y también ofrecen un espacio de ocio, porque naturalmente nos sentimos atraídos por las zonas verdes en la ciudad. Es necesario que la ciudad respire, sobre todo porque estamos retrasados en materia de prevención frente al cambio climático. Por eso es fundamental fomentar estos espacios y cuidar la vegetación que ya tenemos.
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