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Legado y futuro marinero en Mogán: homenaje a una vida de sacrificio y pasión por la pesca

El Ayuntamiento de Mogán reconoce la pasión y el sacrificio de Ángel Perdomo, José Macías, Francisco Ortega y Estanislao Godoy, cuatro marineros que han dedicado su vida a un oficio marcado por el océano.

Ángel Perdomo, José Macías, Francisco Ortega y Estanislao Godoy.

Ángel Perdomo, José Macías, Francisco Ortega y Estanislao Godoy. / La Provincia

Mogán

Las vidas de Francisco Ortega Santana, Ángel Perdomo Alonso, José Macías Hernández y Estanislao Godoy Déniz son el reflejo vivo de la historia de Mogán: una existencia marcada de manera indeleble por el océano. Cuatro vecinos que encarnan años de entrega a un oficio, el de marinero, que exige una pasión y un valor inquebrantables.

Estos nombres simbolizan el corazón de una profesión en un Mogán que late al ritmo de sus mareas y de quienes las navegan. Representantes del pasado, presente y futuro de una labor ardua, de la que todos ellos se han sentido profundamente orgullosos. Herederos de una estirpe de padres y abuelos, compartieron esa pulsión que les empujaba a salir cada día bajo la oscuridad del cielo de madrugada, sin la certeza de un retorno exitoso. Una vida de sacrificio merecedora del homenaje que les rendirá este viernes el Ayuntamiento de Mogán en la 8ª Feria del Atún y del Mar. Un reconocimiento que para José Macías y Estanislao Godoy llegará a título póstumo.

A sus 38 años, Ángel Perdomo representa el relevo generacional que afronta un oficio en tiempos difíciles. Hijo, nieto y sobrino de pescadores, tanto por parte de madre como de padre, todos nacidos y criados en el Puerto de Mogán al arrullo de las olas que baten el costado de los barcos. Ese arraigo familiar le acompañó desde su primera aventura profesional a los 16 años y hoy, 22 años después, sale cada día junto a sus dos compañeros, también de Puerto de Mogán, a bordo del ‘Emiliano I’ -bautizado con el nombre de su padre por su abuelo-.

Ángel Perdomo

Ángel Perdomo / LP/DLP

No le ha tocado navegar la mejor época que vive el sector pesquero isleño. «Hay poco pescado, poco atún, así que toca dedicarse más a la nasa para ir tirando», explica. Aun así, asegura que «no veo la vida ahora sin pescar». Describe la pesca del atún rojo y el bonito del norte como la más emocionante y con la que más disfruta.

Ante el homenaje de este viernes, pese a declararse «algo vergonzoso», reconoce que es una plataforma necesaria para exponer no sólo la tradición y el relevo generacional -otro de los homenajeados, Estanislao Godoy, es tío de su madre-, sino también los problemas actuales del sector, abogando por la visibilidad de su ardua labor.

La figura de José Macías Hernández encarna al pescador tradicional de Arguineguín. Fallecido en 2013 a los 81 años de edad, su hija Dolores recuerda que su padre empezó su trayectoria cuando contaba apenas con diez años junto a su padre y hermanos pescando, reparando el barco o haciendo sus propias nasas. Si bien sus raíces familiares procedían de Telde, la necesidad del trabajo pesquero los hacía viajar continuamente, hasta que, ya adulto, Macías echó raíces en Arguineguín al casarse y comprar su propio barco.

José Macías

José Macías / LP/DLP

Su rutina era la de salir muy temprano, sobre las 5 de la mañana a bordo del ‘Juan Agustín’ -el nombre de sus dos hijos varones- para regresar a tierra a media mañana. Testigo directo del desarrollo pesquero de Arguineguín, sus primeras salidas las hacía desde la playa de El Perchel hasta que se construyó el muelle nuevo.

Sobre la arena o en puerto, a la vuelta siempre le esperaba su esposa para recibir las capturas y llevarlas a vender al pueblo. María Ángeles Ruiz Sánchez, más conocida por todos como Mariquita la del pescado.

Su hija Dolores recuerda con cariño la pericia de su padre para localizar de nuevo dónde había dejado la nasa. Mucho antes del GPS y los ordenadores a bordo, José anotaba en su libreta el punto exacto guiándose por referencias que le ofrecía la costa moganera como ‘donde cayó la avioneta’. Nunca falló una recogida.

Ese mismo sistema es el que también rememora Simone Ortega que usaba su padre, Francisco Ortega, con la misma destreza a la hora de soltar y volver a recuperar las nasas.

Ortega, que hoy cuenta con 76 años, dedicó más de 40 años de su vida a la pesca, labor a la que se unió junto a su abuelo y su padre cuando contaba con 12 años de edad. Trabajó con ellos hasta que se compró su primer barco, el ‘San Rafael’ y ya luego el definitivo, el ‘SimoJeni’ en honor a sus dos hijas. Simone recuerda el acontecimiento social que suponía la llegada a puerto de los barcos cargados con las capturas, especialmente en la época del atún y la albacora.

Francisco Ortega

Francisco Ortega / Javi Navarro/Ayuntamiento de Mogán

Unas embarcaciones que trascendían lo laboral y se transformaban en centros de celebración y que en algunas ocasiones tenían el honor de transportar la imagen de la Virgen del Carmen.

Pese a su delicado estado de salud, Francisco encarna la nostalgia y la pasión inquebrantable por el oficio. Si alguien le sugiere volver a pescar, no duda en su respuesta. «Siempre ha sido su pasión», remarca su hija.

La misma devoción que tenía Estanislao Godoy, fallecido en 2013 a los 62 años, un marinero que representaba el espíritu proactivo y modernizador del sector pesquero del Puerto de Mogán. Fuera del mar demostró la misma ilusión con su compromiso con la Cofradía y el sector actuando muchas veces de representante en reuniones en Madrid.

Estanislao Godoy

Estanislao Godoy / LP/DLP

De estirpe marinera, ya su padre y sus abuelos se dedicaban al oficio, Godoy se volcó en la mar desde joven en el barco familiar, el ‘Virgen del Carmen’. Esta embarcación era conocida en el puerto con el cariñoso apodo de El Corte Inglés, un mote que, según su hija Patricia, provenía de la exhaustiva equipación que su abuelo procuró para el barco, «no le faltaba de nada».

«La pesca no es una profesión al uso, tiene que ser una pasión», señala su hija. «Mi padre estaba pendiente 24 horas, siete días a la semana: si no salías a pescar tenías que estar cosiendo redes, haciendo nasas, el mantenimiento del motor o reparando el barco», explica sobre un oficio que «si no es tu pasión, no aguantas».

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