Gran Canaria
Los ángeles de la guarda de las pardelas
El colectivo Naturaleza al rescate ha logrado auxiliar durante la campaña que está ahora en plena ebullición a cerca de 400 pollos en riesgo de morir en el litoral de la isla

Rescate de pollos de pardelas deslumbrados por la iluminación nocturna / José Carlos Guerra

Las pardelas cuentan con sus propios ángeles de la guarda. El colectivo Naturaleza al rescate ha logrado auxiliar durante la campaña que está ahora en plena ebullición a cerca de 400 pollos en riesgo de morir en el litoral de la isla. Una treintena de voluntarios activos está dispuesto a trasnochar para salir a las llamadas de emergencia.
La pardela cenicienta es una de las grandes aves del mar que tiene Canarias. De ahí la creciente multiplicación de esfuerzos para tratar de protegerlas. ¿De qué? Sobre todo del deslumbramiento que sufren los pollos con las luces, ya que la cría se desarrolla en cuevas de acantilados y roques. Y, durante sus primeros vuelos al mar, las crías se desorientan por las luces y caen al suelo, necesitando ser rescatadas en muchas ocasiones de una muerte casi segura.
Reproducción natural
Precisamente, estamos en esos dos meses de octubre y noviembre en el que se produce este proceso de reproducción natural en el que las madres se acercan al litoral y en el que las medidas de protección se deben extremar.

Una de las pardelas rescatada por el colectivo durante la noche. / José Carlos Guerra
Y ahí está ‘Naturaleza al rescate’, un colectivo de voluntarios que surgió hace un año precisamente de la mano de personas que están dispuestas en cualquier momento a echarse a la calle en busca de esas pequeñas aves desnortadas en cualquier rincón del litoral grancanario. O bien para echar una mano en la toma de medidas para proteger estas aves. De hecho, en lo que va de año sus voluntarios han auxiliado a unas 400 pardelas, gracias también a la sensibilidad de muchas personas que se ponen en contacto con ellos para pedirles ayuda. Y operan en casi toda la isla, sobre todo en la costa norte, y sur-sureste.
Atropellos
Una de las curiosidades de este año es que se ha disminuido el número de llamadas. Si en campañas anteriores recibían hasta 40 comunicaciones de emergencia en una noche, ahora como mucho están en una quincena. No hay que olvidar que si el pollo cae se muere de hambre, atropellado o devorado por otras especies.
Aunque no ha terminado la campaña, una de las activistas, Lidia Quintana, lo achaca a múltiples factores. Entre ellas, la fase de la luna en la que nos encontramos en estas primeras semanas, que pueden haber retrasado la nidificación. O bien que el calentamiento global está modificando los hábitos de los animales. Como también admite que existe una mayor conciencia social sobre las medidas correctoras.
El colectivo está formado en estos momentos por una treintena de voluntarios activos, aunque hay cerca de 80 personas involucradas.
Lidia Quintana señala que el grupo surgió entre personas que trabajaban en tareas de rescate y liberación de estos pollos, y mantienen una estrecha colaboración con el Cabildo.

Rescate de una pardela por los voluntarios. / José Carlos Guerra
‘Naturaleza al rescate’ señala que el gran problema que sufren las pardelas es la contaminación lumínica, que también está afectando a la reducción de los insectos. Se ha avanzado mucho, pero todavía queda camino por recorrer para ser respetuosos. Y pone como ejemplo la rebaja de la intensidad de la luz en el muelle de Agaete y en el alumbrado público de muchas carreteras y zonas urbanas.
Su labor no se apaga en los restantes 10 meses del año, ya que están siempre dispuestos a llevarse a su casa los mirlos, vencejos y otras especies que han sufrido algún percance para cuidarlos y alimentarlos, antes de poder devolverlos a su hábitat natural.
Mirlos
Lidia Quintana asegura que todavía hay caminos a recorrer, sobre todo en el campo de las medidas de prevención. Entre ellas, instalar más luces con tonalidades amarillentas que deslumbren menos; o con medidas prácticas como apagar los campos de fútbol cuando acaba el juego y no mantener los focos encendidos durante más horas. «Hay que ir al origen del problema», recalca.
El afán de muchas personas por auxiliar a los pollos de pardelas lleva también muchas veces a la confusión de las personas que les llaman, y que se han llegado a confundirlas con alcaravanes, gaviotas y hasta palomas. Pero son los casos menores, porque demuestran también una sensibilidad social por las aves.
El colectivo está en activo toda la noche, en el que hay una persona de guardia que se encarga de derivar el rescate a otros colaboradores distribuidos por la geografía insular.
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