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Ingenio

Los rostros detrás de la historia que se repite en El Burrero: los afectados por el deslinde de Costas

La vida del barrio costero, con familias asentadas hace generaciones, vuelve a verse afectada por la intervención de Costas. Para algunas, no es la primera vez.

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La historia del barrio costero de El Burrero en Ingenio, con familias asentadas desde hace generaciones, vuelve a verse afectada por la intervención de Costas. Para algunas, no es la primera vez: ya en 1988, la familia de Josefina Gopar, de 89 años y Dolores (Loli) Valerón, 84, son ejemplo vivo. De Ingenio y Carrizal, todas lloran la actuación.

Perdieron las casas que fueron de sus por un deslinde que exigía un retiro de 20 metros. Las viviendas fueron permutadas por otras que, hoy, se ven nuevamente amenazadas por la ampliación del dominio público marítimo-terrestre, que ahora la Demarcación de Costas plantea llevar hasta casi 100 metros. Para la familia, como para otras 50 vecinos, se trata de perder historia y vida, especialmente en casos como el de Josefina, Loli, o también José Cruz y su tío, Tomás Cruz, este último, un ilustre del municipio de Ingenio, con una placa con su nombre en la avenida para reconocer al hombre que descubrió unos cañones en una de sus inmersiones junto al Roque en 1969 en un pecio. Al final se los llevaron del municipio. Otra historia perdida, como el valor de sus propiedades si el organismo estatal lleva a efecto su propuesta. Además el municipio se enfrenta a un varapalo urbanístico, al verse obligado a paralizar las licencias urbanísticas previstas en las urbanizaciones como Vista Alegre durante dos años o hasta que se resuelva el litigio.

Alegaciones

En esta ocasión, los afectados han presentado alegaciones formales contra la ampliación provisional propuesta, junto con informes técnicos, fotografías históricas, planos urbanísticos y documentación que, según los vecinos, desmonta los argumentos de Costas. El Gobierno de Canarias y el Ayuntamiento de Ingenio han presentado igualmente alegaciones, advirtiendo sobre las repercusiones de la medida sobre un barrio consolidado y reconocido en los instrumentos urbanísticos vigentes.

La playa, tras añadirle la arena.

La playa, tras añadirle la arena. / La Provincia

Repiten historia

Loli Valerón repite historia y amargura. y sentencia con ironía «¿Quieren que nos vayamos a la Cumbre o qué?» Tiene amor a la playa de El Burrero. «No la cambio por otra playa. Me bañaba mi madre en una palangana siendo yo bebé porque le daba miedo meterme en el agua. Imagina si ha pasado tiempo». Recuerda que la casa que derribaron tras ser expropiada era de su abuelo Román Valerón Martín, que en los 50 obtuvo licencia de construcción cuando no existía ni Costas y pertenecía a la Marina». Es uno de los argumentos que refleja en el dosier de las alegaciones en contra a la nueva demarcación de provisional de la ley de Costas que vuelve a afectar a la nueva propiedad, al igual que el resto de afectados.

Viviendas volverán a verse afectadas.

Viviendas volverán a verse afectadas. / La Provincia / la pro

"¿Qué más quieren, mandarnos a la Cumbre?"

Dolores Valerón

Desde Aena, Ejército y Costas

Es clara al decir que nadie entiende lo de El Burrero. «Primero el ayuntamiento nos expropió para la remodelación de la costa -1993- . La rellenaron con arena negra cuando aquí era rubia y para quitar las piedras en una playa con mucho viento. Ampliaron un dique inservible. Derribaron nuestras casas, los límites de Aena (Aeropuertos Españoles y Navegación Aérea), la influencia del Ejército del Aire y la Demarcación de Costas. Pero ¿Qué les pasa con El Burrero?», pregunta por si alguien responde. «Costas tenía que ponerse un punto en la boca. Te acuestas con un derecho y te levantas sin ellos. No trata a todos por igual. Mira Arinaga. Cabrón. A 10 kilómetros y nada. Y no soy envidiosa, pero veo esas playas. Compáralo con esto. Ni siquiera han puesto una barandilla para bañarnos y llevo años pidiéndolo,. Quieren que nos vayamos a la cumbre». Tiene recuerdos inolvidables de la duna «que se formaba por detrás, el viento la movía y sabía. Por las tardes, íbamos a sentarnos todos los jóvenes, y el calor en era muy grato . Pero desde que destrozaron la playa se acabó. Eso sí. Yo mi playa no la cambio, soy feliz aquí con su viento».

La casa de Los Valerón, antes del derribo.

La casa de Los Valerón, antes del derribo. / La Provincia

Esta semana finalizó el plazo de presentación de recursos al nuevo deslinde. En los dosieres, algunos con más de 60 páginas, advierten de que esta propuesta no se atiene a la legalidad, y tendrá repercusiones sobre un barrio consolidado y reconocido en los instrumentos urbanísticos vigentes.

El conflicto ha alcanzado un nuevo punto de tensión tras recibir notificaciones de que el 17 de diciembre comenzará la colocación de los mojones que materializan físicamente la nueva delimitación. Para muchos, esta actuación genera más incertidumbre sobre la seguridad jurídica y patrimonial de sus viviendas, garajes y espacios privados. No obstante, es un trámite administrativo.

Franja de 20 metros validada

Las familias afectadas insisten en que la franja de 20 metros ha sido técnicamente validada durante décadas y que la ampliación hasta 100 metros carece de justificación técnica suficiente. En su opinión, la medida supondría restricciones de uso, limitaciones para reformas y la pérdida de valor patrimonial, además de afectar directamente a la identidad y la memoria del barrio. La combinación de antecedentes históricos, alegaciones documentadas y el apoyo institucional refleja la complejidad del conflicto.

Josefina Gopar con su nieta, paseando por la playa.

Josefina Gopar con su nieta, paseando por la playa. / La Provincia

La historia de Josefina Gopar está ligada también al igual que su vida y su familia a la playa de El Burrero desde mucho antes de que existiera el paseo, los aparcamientos o las urbanizaciones modernas. Sus abuelos levantaron una de las primeras casas del lugar, una vivienda sencilla situada prácticamente sobre la arena, donde generaciones enteras crecieron al ritmo de la marea.

Bar la cueva

«Siempre fue un hogar. El olor del mar al amanecer», indica Gopar, que rememora «las serenatas nocturnas, cuando grupos de jóvenes recorríamos la playa con guitarras, y cómo después nos reuníamos en el pequeño bar improvisado en una cueva para tomar un refresco».

Evoca también cómo la casa familiar se prestaba a amigos y conocidos para que pasaran unos días junto al mar, en una época en la que compartir era una norma y «veranear» era un lujo sencillo y comunitario.

Señala rincones de su casa -el patio, la zona donde antes había un pequeño trastero, el cuarto donde se guardaban aparejos de pesca heredados- e ahora Costas identifica como parte del dominio público o su afección. «Cada vez que vienen nuevos planos, es como si nos dijeran que nuestra vida no vale», explica la vecina. “Primero derribaron una casa donde crecieron mis abuelos. Ahora quieren borrar esta, donde crecieron mis hijos».

Ese mundo desapareció en 1988. Durante el primer deslinde de Costas, la vivienda de sus abuelos fue declarada ilegal por encontrarse dentro de la zona de servidumbre . También derribada. Para compensar la pérdida, les ofrecieron igualmente otra vivienda . Fue un golpe duro, pero la familia trató de comenzar de nuevo. Pensaron que quedaba atrás. Pero Más de treinta años después, el pasado regresa. La nueva línea pasa de lleno sobre la casa. La familia lo vive como una segunda amputación y se pregunta cómo es posible que la historia se repita después de una permuta «avalada» por la propia administración.

Barrio consolidado

Los vecinos alegan que El Burrero no es un asentamiento improvisado. Es un barrio urbano consolidado desde hace décadas, con viviendas « con escrituras, contribuciones al día, accesos históricos y servicios municipales. Muchas casas, incluidos los inmuebles afectados, figuran en planos antiguos y documentos oficiales desde mediados del siglo XX. Por eso, la nueva delimitación no es solo un trámite técnico, «es una reinterpretación de la historia del lugar que ignora la realidad vivida. Consideran que la propuesta contiene errores técnicos, no respeta la realidad urbana existente y se basa en interpretaciones que no coinciden con los documentos históricos del municipio. Han recopilado planos municipales que según exponen, reflejan la existencia de viviendas y calles consolidadas desde hace décadas. Igualmente, escrituras de propiedad que acreditan la tenencia legal de los inmuebles; o fotografías aéreas, donde se aprecia el crecimiento natural del barrio muy anterior a la normativa actual.

Aportan además informes urbanísticos y topográficos elaborados por técnicos independientes que cuestionan la metodología empleada en la delimitación. También testimonios orales de mayores del barrio, que sirven para reconstruir la evolución histórica y humana del lugar o documentación de la propia Administración que avala la permuta otorgada tras el deslinde de 1988.

Los vecinos no se oponen a la protección del litoral. Reconocen la importancia de preservar los ecosistemas costeros, pero reclaman que se haga con rigor y justicia, atendiendo a la realidad humana y urbana del Burrero.

Lo que piden es una revisión del trazado que tenga en cuenta la historia del barrio, su consolidación y los actos administrativos previos que la propia Administración emitió.

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