Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

La Piconera, el flambeado que heredó Castellano

Localizado en el barrio Las Medianías de Telde, La Piconera lleva cerca de 40 años ofreciendo a partes iguales calidad en sus productos y servicio. José Castellano comenzó desde muy joven en el negocio familiar. Los comienzos fueron duros, por eso cada vez que el local está lleno de gente satisfecha se acuerda de sus padres

José Castellano, ‘Chiqui’, a la izquierda junto a su mano derecha, José Rivero, que lleva 21 años trabajando con él en La Piconera.

José Castellano, ‘Chiqui’, a la izquierda junto a su mano derecha, José Rivero, que lleva 21 años trabajando con él en La Piconera. / La Provincia

José A. Neketan

José A. Neketan

Telde

Fuera de los circuitos urbanos hay restaurantes a los que la gente acude por la calidad de su cocina y el servicio que dan. La Piconera, en el barrio de Las Medianías de Telde, lleva casi 40 años ganándose a pulso un lugar en la gastronomía de la Isla.

José Castellano Macías heredó el negocio que su padre fundó en 1989 en este barrio teldense. Su progenitor, Pepe Castellano, fue emigrante en Inglaterra durante ocho años y posteriormente en la Costa del Sol. Hasta que decidió regresar a su tierra guiado por la nostalgia que su mujer, Pino, tenía por la isla, y dispuesto a montar su propio negocio. Las especialidades serían los platos flambeados y el grill. Ambas técnicas no tenían secretos para él.

Su hijo José pasó buena parte de su pronta juventud ligado a la forma de trabajar de su padre y de su madre. Castellano sabe que la clientela tiene que llegar hasta La Piconera, en el extrarradio de Telde. Una vez allí, el cocinero y su equipo se encargan de que los comensales sientan que ha valido la pena descubrir y comer en el lugar.

José Castellano confiesa que el camino hasta hacerse un nombre a lo largo de tres décadas no ha sido fácil. Al negocio familiar le costó arrancar y una vez que lo consiguió a comienzos de los 90 ya no paró hasta llegar hasta aquí.

El flambeado del padre y la ayuda de su madre comenzaron a dar sus frutos. José Castellano tenía en ellos a sus mejores maestros. Él desde muy joven sacrificó todo por ellos. Comenzó ayudando en la cocina y aprendiendo. «Fue duro porque éramos adolescentes, yo con 13 años y mi hermano con 11 y la economía familiar no era muy buena, pero había que seguir luchando», afirma el dueño de La Piconera, quien señala que los platos fuertes del local siguen siendo las carnes a la brasa y los flambeados, que hace en el mismo carro y los fogones donde antes los hacía su padre.

Aunque reconoce que le va bien, prefiere la humildad que heredó de su familia. No tiene una chaquetilla de trabajo con su nombre ni fotos en las paredes de famosos que han visitado el local. «Para mí todos los clientes son igual de importantes. Es lo que me enseñó mi padre. Y el premio te lo da la clientela cuando La Piconera está lleno o ves que los clientes repiten», subraya Castellano, que no para de agradecer a la clientela todos estos años de confianza en el negocio familiar.

La memoria de sus padres

José Castellano, que tiene como mano derecha en el local a José Rivero, que lleva 21 años trabajando tras ficharlo su padre, mantiene aún en la memoria aquellos tiempos duros en los que sus padres comenzaron con el restaurante. «Cuando veo La Piconera llena pienso mucho en ellos y me digo que ojalá estuvieran aquí para que lo vieran», señala con una mezcla de orgullo y nostalgia. También reconoce que le gusta cuando visitan el local clientes de muchos años y ven en su jeito el flambeado a su padre. «Eso sí me gusta que me lo digan», asegura.

El cocinero defiende que el producto que ofrece en su negocio «es de primera calidad, porque solo así puedo mantener a la clientela durante tantos años». Con sus mesas de madera y los bancos en lugar de sillas, el comedor tiene un aire de antiguo bodegón de los que no fallan en su recetario.

La carta

La carta de La Piconera ofrece entre sus entrantes diferentes quesos, ensalada mixta, tomates y aguacates, papas arrugadas, chorizos parrilleros, salchicha campesina, morcillas y chistorras.

Los flambeados, una de las especialidades de la casa, tienen un especial protagonismo. Entre los platos que se elaboran con esta técnica están solomillo a la pimienta, solomillo strogonoff, escalopines al Oporto, entrecot a la pimienta, entrecot Diane y langostinos al champán. También tiene un apartado para los empanados, en lo que se ofrecen escalope de ternera o cordon bleu o una versión de cachopo. En el grill del local se hacen a la brasa el pincho de cerdo, las costillas, presa ibérica, entrecot, brocheta de solomillo, solomillo de ternera, chuletón de novillo o especial al peso o una parrillada que se sirve con chorizo, morcilla, pincho, costilla, lomo de cerdo, entrecot, papas fritas, pimiento asado y ensalada.

La parte dulce como broche de la comida la ponen el flan de la casa, el mousse de chocolate y de galleta Oreo, tarta de queso con arándanos, plátanos flambeados y polvito uruguayo.

Castellano, a pesar de que reconoce que el trabajo de todos estos años ha sido «muy duro», asegura que La Piconera le ha «dado la vida». Eso también dice de la clientela que visita el local desde hace más de 30 años.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents