Agüimes
Sopa, menús baratos de calidad y bocatas 'petan' un restaurante del polígono hasta los sábados
Las Rosas 2, en Arinaga, referente y reclamo gastronómico entre naves: vende 400 bocatas de pata al día y ofrece menús selectos, abundantes y baratos

Restaurante Las Rosas 2, en el polígono industrial de Arinaga / La Provincia
Desde que abrió sus puertas hace cuatro años, el restaurante Las Rosas 2 ha logrado algo poco habitual en un polígono industrial de Arinaga: convertirse en un imán de gastronomía para trabajadores, ejecutivos, transportistas y visitantes casi como obligación. Sin publicidad, sin redes sociales ni campañas, solo con la fuerza del boca a boca, el local de Agüimes ha crecido hasta situarse entre los más concurridos de la zona. Figura a entre los primeros valorados por la revista gastronómica Gurú. Ha logrado imponer una forma de trabajar basada en la cocina casera, las raciones generosas y una capacidad de servicio que cubre desde los menús diarios hasta los bocadillos y pedidos por encargo. Saca 400 bocatas de pata con pan de leña al día, la sopa casera de pan del sábado que llena en un polígono sin actividad o menús "a precios que no se ven ya", lo convierte en un referente.
Detrás está la mano constante de Javier Ortega, un emprendedor de 36 años que se mueve entre fogones desde los 16 y que ha encontrado la fórmula exacta para llenar cada día con una mezcla de calidad, cantidad y precios ajustados. Estrellas son sus precios y sus bocadillos, 400 al día, de pata, o los de todo tipo especiales y el demandado de calamar sahariano. En su cocina, pulpo, chuletón, pescado fogonero, pan de leña y una repostería casera que elabora el mismo chef como el mus Rafaello, de maracuyá o turrón que incluye ya por Navidad, y las tartas, de todo tipo. Van incluidas en menú y son artesanales con su firma de repostero. Tiene siete empleados, bien remunerados, organizados: un equipo que forma «una piña».
Constancia, disciplina y ganancias
«Constancia, disciplina y perseverancia. Son claves del triunfo, según el joven emprendedor, mientras cocina la fabada asturiana en una cocina impoluta. En poco tiempo, se ha convertido ó en primera opción gastronómica para quienes trabajan en el polígono.
El local empezó hace años pero despuntó cuando lo abrió con su formato hace cuatro años y lo posicionó en el escaso mapa gastronómico de la zona industrial. Ha ido creciendo, pero siempre dentro de un control medido. Invirtió 9.000 euros en su remodelación y no piensa expandirlo porque «es mejor una barca chica en puerto que uno grande en altamar», comenta seguro. Tanto como al declarar que «trabajamos mucho y claro que da ganancias». A él y a sus siete empleados, que cobran casi 1.500 euros, "aparte de los 120 para cada uno de las propinas de media que se reparten al mes y libran dos días por semana con ocho horas laborales.

Ortega prepara una fabada, uno de los seis platos opcionales como primero a elegir del menú. / La Provincia
Seis opciones de primero y de segundo
El menú diario, disponible de lunes a sábado, cuesta 13 euros. Este formato no ha cambiado desde que abrieron, pese al aumento generalizado de precios en restauración. Cada día ofrece seis primeros y seis segundos, siempre con producto fresco y mezcla de platos tradicionales -sopas, potajes, fabadas, ensaladas, etcétera- que acompaña con pan de leña, bebida y postres «que elaboro yo», comenta sin parar de trabajar en un local diseñado al detalle, con grandes ventanales que dejan entrar la luz natural al espacio que parece un oasis en medio de enormes naves frías del polígono. Tiene hasta un jardín vertical.
Muchos clientes comen un plato en el propio local y se llevan otro para casa «por la abundancia de las raciones», dice Ortega.

Interior del local. / La Provincia
La sopa que llena el polígono el sábado
Las buenas raciones es solo un motivo más por el que se llena hasta los sábados, día que no hay casi actividad en la zona industrial. Ese día el menú mantiene el mismo precio, pero se ofrece plato único opcionales de los seis que oferta de nivel y muy generoso: puede ser un chuletón u otras propuestas Aunque sin duda la estrella es la sopa de pan «la aprendí de mi abuela y solo la servimos los sábados en un gran cuenco». Salen de media 90 cada sábado. Se sirve con vino, pan de leña y postre.

La sopa de pan, la estrella del restaurante, casera,s olo sirve los sábados. / La Provincia
Entre servicios, lo llevan a las empresas que lo solicitan sin coste por el traslado, o hacen por encargo. No es de extrañar que salgan más de 400 bocadillos solo en sus desayunos. Son una de las estrella del local.
Desayunos completos por menos de cinco euros
Si los menús son uno de los pilares del éxito, los del desayuno han sido la verdadera revolución del polígono. El bar abre cada día a las 5.30 de la mañana y desde ese momento comienza un flujo constante de clientes que buscan un bocadillo grande de pan de leña de pata y un café con leche por 4,80 euros.
A las doce del mediodía ya se han agotado 200 panes, comenta como anécdota.

Javier, con bocatas y estrellas de su local. / La Provincia
Además del bocadillo de pata, el de calamar sahariano se ha convertido en otro de los más solicitados, por el producto de primera categoría con el que trabajan. El resto de bocadillo salen como churros igualmente, a precios más económicos igualmente.
La regla de que todo sea artesanal, incluidos los postres. Las tartas caseras, los mousses de distintos sabores y las elaboraciones especiales según temporada forman parte del menú habitual. Javier prepara también mousses específicos para épocas concretas, como el de turrón ya incluido por Navidad.

Fachada del restaurante, con la terraza. / La Provincia
"Somos una piña"
Uno de los aspectos que más valoran en Las Rosas 2 es la estabilidad laboral. El local emplea a siete personas que trabajan seis días a la semana, en jornadas de ocho horas, y cobran más de 1.400 euros. La propina, que ronda los 120 euros mensuales, se reparte íntegramente entre los trabajadores. Raul, Aitor, Rafael Zuleima, Rocío, Ana y Adrián,
Al ambiente entre el equipo es descrito por ellos mismos como una piña. La organización interna es sólida y cada uno conoce su función. Javier ejerce como cocinero principal y coordinador del ritmo diario. Aunque libra los domingos, también acude dos horas ese día para supervisar que todo esté en orden, revisar lo necesario y dejar la planificación del siguiente día preparada. Esa constancia ha sido clave para mantener un volumen de trabajo que a muchos les sorprende.
Javier aprendió el oficio junto a su padre cuando tenía 16 años. Su vinculación con la cocina fue inmediata: le gustó desde el primer día y no dudó en orientar su vida profesional hacia ella. Años después, ese aprendizaje temprano se ha convertido en la base de un negocio al que dedica prácticamente toda su energía.
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