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Los mensajes de los sicarios que asesinaron por error a 'El Conejero' en Telde: «Tanto tiempo para venir a cagarla»

Brayan F. R., uno de los detenidos, exigió al hombre que lo contrató para participar en el crimen el dinero que le prometió: «Necesito plata. ¿Qué culpa tengo que hicieran eso mal?»

Brayan F. R., uno de los detenidos, paga la reserva de hotel del autor del crimen de 'El Conejero', de espaldas

La Provincia

Las Palmas de Gran Canaria

Antony C. M., César Fabián C. B., Brayan Andrés F. R. y Diego Ferney P. N. Son los nombres de los cuatro sicarios detenidos por asesinar, presuntamente por error, a Josué Delgado, alias El Conejero, el 26 de junio en Telde. Antony, según la investigación policial, le descerrajó cinco tiros al confundirlo con el que era el verdadero objetivo: un luchador de MMA.

Ellos son los cuatro que han caído, pero en la planificación del crimen hay otro nombre clave: Manuel Alejandro R. C., un ciudadano colombiano que no ha sido arrestado al no localizarse en España. Él fue el responsable de contratar a Brayan —quien lo llama ‘broo’ (brother, hermano)— y también de enviar —recoge la documentación policial— el dinero para los gastos de los cuatro delincuentes apresados.

No les hizo llegar, como Brayan le recrimina, todo el salario prometido, al no acabar presuntamente con la vida de la persona indicada. Así se desprende de las conversaciones intervenidas entre los implicados que figuran en el atestado policial, al que ha accedido LA PROVINCIA/Diario de Las Palmas.

«Manuel no solo tenía conocimiento de los hechos, sino que ejerció un papel relevante en la planificación. Según los análisis, fue quien ofreció participar a Brayan en esta ‘vuelta’ o ‘negocio’», explica el atestado: «Dejan claro en varias ocasiones que no salió como estaba planeado, por lo que tenían problemas para el cobro».

¿Cómo va eso?, pregunta Brayan el 30 de junio a ‘broo’ (mote con el que guarda a Manuel Alejandro).

Mal, remal.

Esa es la respuesta que el colombiano da sobre el crimen cuatro días después de que se llevase a cabo. Se habían equivocado de hombre, apunta la nueva tesis policial. El rol de Brayan en el entramado era organizar el alojamiento, financiar gastos de los autores materiales y coordinar envíos de dinero. Él abandonó Gran Canaria antes de la ejecución del asesinato, de ahí el interés en cómo había salido. Se marchó de la Isla el día 23, justo después de que llegase Antony, el presunto autor de la ejecución, a Gran Canaria. Él mismo lo recibió en el hotel que habían alquilado.

A finales de junio, queda acreditado gracias al volcado del teléfono móvil de Brayan, le envía un audio a su contacto en Colombia en el que dice: «Tanto tiempo para venir a cagarla» y «fue una cagada, muy suave, muy recagada».

Días más tarde, vuelven a hablar. Manuel Alejandro le exige a Brayan que cambie ya de número de teléfono para evitar su localización, pero Brayan le contesta que no tiene dinero y que lo hará cuando le paguen. «Ah, no, yo no sé ni qué voy a hacer, gonorrea. De puta voy a sacar la plata, malparido», afirma Brayan, y añade: «No me dejes morir», en referencia a que le mande dinero.

El Conejero, una hora antes de su asesinato, en una casa de apuestas de Telde

El Conejero, una hora antes de su asesinato, en una casa de apuestas de Telde / LA PROVINCIA/DLP

Siempre, según el informe policial, los mensajes sostienen la teoría de que no les pagaron porque se confundieron de individuo. Así lo confirmó en sede policial el cuarto de los detenidos, Diego Ferney, que explicó que la habían ofrecido 60.000 euros por vigilar y matar a El Luchador —no a El Conejero—, un experto de artes marciales propietario de un gimnasio. Él se negó, y por eso contrataron a otro de los sicarios, que fue quien habría cometido el fallo al no distinguirlos por su parecido físico.

—Esto es una hueva, papi y aparte no hice la vuelta, ¿cómo crees que vamos a pagar esa deuda, huevón?, pregunta Manuel Alejandro a Brayan, y le pide que se relaje.

Pero Brayan no tiene dinero y le exige más:

—Marica, no. Me descontaron una semana de trabajo y eso es lo que me tiene penando. Con los 400 euros yo resolvería. Debo a la señora del piso, debo a los jefes. Le debo plata y tengo que mantener a mi mujer.

Para poder participar en las tareas previas al asesinato y desplazarse desde Andalucía a Gran Canaria a vigilar a la víctima, Brayan pidió dos días de baja en su trabajo para «poder solucionar lo de los papeles», porque había hecho unos exámenes y «estaba un poco enfermo».

—Téngame paciencia, insiste Manuel Alejandro. Y le ofrece otro negocio:

Si quiere otra vueltica se anima.

La respuesta de Brayan a través de un audio transcrito o se hace esperar: «Necesito plata, marica. Estaba libre de deudas para este mes, pero volví a quedar endeudado hasta la chimba». Por escrito, Brayan le pregunta: «¿Qué culpa tengo que hicieran eso mal?».

Hay otro mensaje más importante para los investigadores. «Qué cagada, mano, [sic] si con que hubiera salido eso bien estaría bien la cosa, pero marica, tampoco salió bien». El «eso bien» al que se refiere Brayan los agentes lo vincula a la muerte por error de El Conejero. Su interlocutor se une a las lamentaciones, también necesita dinero, también estaba lleno de deudas... «Me estaba coronando todo, porque también pensé que con la salida de esta vuelta iba a salir bien. Pero no, nada, nada, nada, nada...».

600 euros

Además de los mensajes, el vínculo entre ambos queda patente porque entre el 19 de junio —día que se reservó el vuelo de Brayan a Gran Canaria— y el 26 —día en que mataron a Josué— se llamaron 49 veces.

A juicio de los investigadores, «es evidente» que fue Manuel Alejandro quien ofreció a Brayan participar en los hechos a cambio de 600 euros, «cantidad que no le habría podido dar porque quien solicitó el trabajo no quería pagar a ninguno por no llevarlo a cabo correctamente», consta en el atestado.

Manuel Alejandro sí entregó a Brayan el dinero que debía dar a otros dos detenidos. El registro de transferencias muestra que este hombre habría actuado como intermediario. Antony, el autor material del asesinato, recibió 1.700 euros en dos pagos enviados por Brayan, como informó este diario, para sus gastos en Gran Canaria.

Precisamente, antes de ejecutar esos envíos, él fue quien consiguió 1.497 euros de Manuel Alejandro. «No existen dudas que esa cantidad fue recibida por Brayan en calidad de intermediario para el posterior envío a los otros dos detenidos que permanecían en la Isla», sostiene la Policía Nacional. Además de la localización de Manuel Alejandro, otra incógnita permanece: quién fue la persona —o banda— que contrató a todos los implicados.

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