Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Letras | Miguel Pérez Alvarado Escritor

Miguel Pérez Alvarado: "Quesada y Doreste Silva hablaban mucho de salud en sus cartas, pero nunca nombraron la tuberculosis"

Miguel Pérez Alvarado es el autor de ‘Epistolario Alonso Quesada-Luis Doreste Silva’ que presentará este jueves 27 de noviembre, a las 19.00 horas, en la Biblioteca Insular y el próximo 2 de diciembre en la Librería del Cabildo. El experto ha reunido 168 misivas que se conservan entre ambos autores.

Miguel Pérez Alvarado

Miguel Pérez Alvarado / LP / DLP

Las Palmas de Gran Canaria

¿Por qué es relevante el intercambio epistolar en Luis Doreste Silva y Alonso Quesada de cara a la obra y personalidad del escritor?

No solo se trata del conjunto más extenso de cartas conservadas de Quesada, sino que abarcan su periodo más fructífero, entre 1913 y 1925. Luis Doreste, además de un amigo cercano, era alguien con una posición relevante en la cultura y la política canaria de la época, y por eso en el diálogo afloran temas íntimos y personales pero también eventos de relevancia social. En ese sentido, este epistolario es una fuente imprescindible para acceder a la biografía de Rafael Romero Quesada.

Usted señala que las cartas entre ambos amigos abre una ventana a las tres primeras décadas del siglo XX, pero ¿sobre qué aspectos más concretamente?

En estas cartas, la literatura es solo un tema entre otros. Lo que emerge a cada rato son los vínculos sociales de ambos escritores, muy sensibles a la realidad que los rodea. A modo de ejemplo, y sin ánimo de exhaustividad, podemos mencionar algunos de los eventos que surcan el epistolario: la Primera Guerra Mundial, la dictadura de Primo de Rivera, el surgimiento de los Cabildos, el estreno en Madrid de La vida breve, la muerte de Tomás Morales, la introducción de los primeros automóviles en la isla, la expansión de la ciudad desde Vegueta, Triana y los Riscos hacia el Puerto, los primeros triunfos de Néstor en España… Y entre los personajes que pueblan el intercambio entre ambos se encuentran Néstor y Miguel Martín-Fernández de la Torre, Claudio de la Torre, Unamuno, Juan Ramón Jiménez, Ortega y Gasset, el emperador Guillermo II de Alemania, Leopardi, Carducci y D´Annunzio, Eduardo Suárez Morales, Alfredo S. Pérez, Tomás Morales, León y Castillo, Leopoldo Matos, José Mesa y López, Saulo Torón, Colombine, Donizetti, Wagner y Bellini, Jorge Lang Lenton, Pérez Galdós, Schopenhauer…

¿Podría destacar los asuntos que trataron en estas cartas que le hayan llamado especialmente la atención?

Existen multitud de temas que están esperando la mirada propicia que los analice con un poco de dedicación. Entre los asuntos que me han llamado la atención podría mencionar, por ejemplo, las referencias a la salud. Lo que más destaca es que, entre la abundancia de síntomas aludidos, nunca se mencione directamente la tuberculosis, la enfermedad de la que moriría Quesada en Santa Brígida. Además, hay un material muy interesante para analizar las relaciones de Quesada con las mujeres, desde el vínculo materno y el rol como cabeza de familia ante sus hermanas hasta la determinante irrupción de su esposa en su vida, pasando por otras mujeres con las que mantuvo relaciones de amistad y sin obviar el asunto de la prostitución en la ciudad de Las Palmas. Por último, también es llamativa la cantidad de obras que Quesada proyectaba, dándoles incluso un título, sin que luego llegaran a concretarse.

El libro tiene dos partes delimitadas: la transcripción de las cartas y la interpretación y contextualización que usted hace de las mismas. ¿Ha sido un trabajo complejo?

La primera parte del libro la ocupan las 168 misivas que se conservan entre ambos. Aparte de la transcripción, para cuya realización me apoyé también en el trabajo previo de Antonio Henríquez, José Luis Correa y Lázaro Santana, resultó especialmente difícil la datación y ordenación de las cartas: 73 carecen de fecha expresa, y 70 de ellas son de Quesada, es decir, más de la mitad de sus envíos. En un epistolario es fundamental determinar cuándo se escribe cada frase, no solo porque así se puede entender el alcance real de lo que se transmite en ellas, sino por compromiso ético con los corresponsales. Mis notas y la documentación complementaria que presento en el anexo son fruto de una investigación que me ha ocupado los tres últimos años. Una edición comentada de las cartas no solo mejora la comprensión de su contenido, sino que sirve para alimentar futuras investigaciones en torno a Quesada o a la intelectualidad canaria de las primeras décadas del siglo XX.

Gran parte de este intercambio se produce con Luis Doreste Silva en Madrid y constantemente Alonso Quesada le repite en sus cartas "que no vuelva". ¿Cuál es su interpretación con respecto a este ruego?

La reiteración del mantra “no vuelvas, Luis” es el complemento perfecto de los deseos de Quesada de salir de la isla. Solo su matrimonio con Rita Suárez en 1920 calmó esa obsesión, que cabe interpretar como una proyección de sus insatisfacciones con el ambiente social de Las Palmas. Por otro lado, mantener amigos en ciudades de gran actividad cultural ampliaba sus contactos e influencia literaria, como sucedió con el caso de El lino de los sueños, que no habría visto la luz si Néstor y Doreste no hubieran hecho de puente en Madrid con García Bilbao y otros intelectuales españoles. También fue posible la recepción de La Umbría en Francia gracias a la estancia posterior de Doreste en París. La realidad es que este tampoco soportaba mucho el ambiente insular. Se tomó su tiempo para acabar la carrera de medicina en Madrid, y cuando regresó a Las Palmas para ocupar una plaza de médico municipal, no cejó en su intento de volver a encontrar un destino fuera de las islas. Sus cartas pidiendo colocación a León y Castillo y Leopoldo Matos dejan bien claro que la vida en Canarias también le resultaba insatisfactoria. La diferencia es que él sí consiguió el anhelado destino como secretario del primero en la Embajada española en París.

Un desengaño amoroso de Alonso Quesada también es motivo de alguna carta, pero el escritor no lo atribuye a un fracaso sentimental. ¿Considera que es debido al clasismo de los padres de ella?

Desde el punto de vista de Quesada, el clasismo fue determinante, aunque no podemos olvidar que solo conocemos su versión de los hechos. La información contenida en los documentos personales siempre debe tratarse con la debida distancia crítica. A día de hoy, ni siquiera conocemos con certeza la identidad de aquella novia, aunque podemos especular con varias posibilidades. Además, tal y como indico en mis notas, no creo que fuera casualidad que el noviazgo se interrumpiese justo tras el paso de María Álvarez de Burgos, la hija de Colombine, por Las Palmas, pues con ella mantuvo Quesada una relación muy cercana.

¿Es ese suceso un motivo para pensar que la obra de Alonso Quesada está atravesada por un rencor de clase contra la burguesía insular?

La postura de Quesada en relación con la burguesía insular es muy ambivalente a lo largo de toda su vida, y por lo tanto sería muy simple resumirla en una forma de rencor derivado de la ruptura de ese compromiso sentimental. Junto a una postura crítica y rebelde general, cuyos valores de fondo tampoco son del todo ajenos a los ideales de la burguesía liberal, nos encontramos con episodios de abierto deseo de integración social. En este epistolario hay ejemplos de ambos tipos de postura. Desde la puesta al día a su amigo en París de la publicación de Banana Warehouse, la novela por fascículos en la que destripaba a sus conciudadanos por su tendencia al clientelismo, hasta su angustiada búsqueda de contactos para conseguir su colocación en la Junta de Obras del Puerto en 1922.

También formaron un grupo compacto que defendía sus intereses, como ocurre en el caso del conflicto de Néstor con el Gabinete Literario, al que no le adjudica finalmente los murales del salón. ¿Qué importancia tuvo la influencia periodística de Alonso Quesada periodística para intentar que no sea así?

Lo interesante en este caso, en mi opinión, es la estrategia que Quesada desplegó en la prensa, iniciando una polémica en defensa del pintor que duró varias semanas, y de la que mantuvo al día a Doreste en Madrid enviándole los recortes que se iban publicando. Normalmente tendemos a leer sus textos periodísticos desde la óptica de la crónica literaria, supuestamente imperecedera. Pero Quesada fue un periodista en sentido amplio, y en las polémicas de actualidad lo vemos bregándose como pez en el agua. Al final, ganaron los sectores conservadores de la junta del Gabinete, que no querían que se asignase a Néstor el proyecto de decoración. Imagino que para desconsuelo de los socios actuales de la institución.

¿Qué destacaría del conflicto de Luis Doreste Silva con los republicanos que le echan en cara su inconstancia laboral en el ejercicio de la plaza de médico municipal? Luis Doreste Silva decide acogerse a algo parecido a una baja médica por una neurastenia.

Quienes hoy vean con malos ojos los vicios que rodean a la concesión de determinados puestos en la administración pública no podrán, leyendo los argumentos que se intercambiaron ambos amigos, estar de acuerdo con ellos en este punto. Los republicanos criticaban el largo periodo de excedencia en Madrid de Doreste, que siguió cobrando su salario base y contaba con el apoyo del alcalde. Cuando los republicanos iniciaron una campaña de prensa para criticar esta práctica, Quesada se puso a disposición de su amigo para conseguir que el asunto desapareciera de las páginas de El Tribuno, donde colaboraba habitualmente.

La estrecha relación entre Luis Doreste Silva y Alonso Quesada lleva a este último a comprometerse seriamente con los leonista (de León y Castillo), hasta el punto dirigir el periódico Ecos, portavoz de la facción, del que finalmente dimite tras ser objeto de una dura campaña contra su persona. ¿Se arrepintió Alonso Quesada de ese compromiso?

Ecos, bajo la dirección de Quesada, no fue el portavoz oficial del leonismo, que seguía ejerciendo Diario de Las Palmas, sino un proyecto para promover al sector ruanista, la rama que hoy consideraríamos más progresista dentro del partido de León y Castillo. Sin Doreste como mano derecha del cacique en París, la operación no tenía sentido, y en parte fue su falta de implicación a partir de determinado momento lo que frustró la experiencia, dejando un poso de amargura en Quesada que se hace patente en el epistolario. Lamentablemente, no conservamos las cartas de Doreste Silva en este periodo, pero es evidente que tuvo mayor habilidad para continuar manejándose cerca del poder. En todo caso, no creo que Quesada dejara de participar en la política local, como lo demuestra su implicación en favor de la alcaldía de José Mesa y López entre 1922 y 1923. Se trata de un episodio poco estudiado, pero interesantísimo, y conocer sus detalles introduciría un factor de complejidad en la imagen que hemos heredado del escritor. No en balde, Mesa y López era un político conservador al que Quesada, desde las páginas de , había criticado abiertamente cinco años atrás.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents