Ingenio
Candelaria, de Ingenio, 104 años "sin pizza ni estrés"
Su familia la arropa cada 3 de septiembre. Friega, hace de comer, memoria prodigiosa. Su sabiduría de vida es una lección de humildad, amor y agradecimiento.

La Provincia
Candelaria García cumplió 104 años el pasado 3 de septiembre. Lo celebró en su casa de El Sequero en Ingenio, rodeada de recuerdos familiares y de la calma que la acompaña desde siempre. A su lado, su hija Luz Marina ayuda a ordenar una vida que atraviesa más de un siglo y que se sostiene sobre una idea que Candelaria repite . De forma directa, resume sus hábitos: nunca ha comido hamburguesas, pizzas, perritos, latas, embutidos, mantequilla ni mayonesas. Nada procesado. Todo natural. Lo del tiempo, lo que daba la tierra. Como ahora, aceitunas de la tierra, siempre acompañado con gofio, a diario. Antes también comían zapote, muy común en Canarias. Su relación con la salud ha sido igual de singular: solo necesitó médico una vez, por una caída, y nunca llegó a operarse porque ya era mayor. Hace de comer, friega la loza, habla clarito. Solo está en la cama porque se rompió una cadera. Único percance y dolencia en su vida. Pero hace ejercicio a diario. La clave: tranquilidad y buenos alimentos. Ah, su hermana Agustina falleció hace poco menos de un año. Tenía 107 años y con sus mismas reglas. Sumarían 211 entre ambas. De raza.
Desde esa visión, contrasta su pasado con el presente: «El problema hoy día es que lo tienen todo y no agradecen nada. Pisamos la tierra y no nos damos cuenta de que lo que tenemos bajo los pies es seguro y nos lo da todo. Antes no teníamos ni para comer. Vivíamos en la miseria».
Comíamos lo que teníamos
Su relato de infancia es claro. Cuando había tunos, comían tunos. Los recogían , secaban y así duraban meses. Siempre acompañados de gofio. No había nevera. Si mataban un cochino, lo salaban para que durara. Con un trocito de carne bastaba para dar sabor a un caldo. «No era como ahora, que ponían trozos de carne para todos y distintos tipos. Aquello era un trozo y para dar sabor».

Candelaria García cumple 104 años / La Provincia
La despensa se completaba con otros vecinos, con trueque: quien tenía millo lo cambiaba por azúcar; quien tenía café lo intercambiaba por otra cosa. Lo que había se compartía y se aprovechaba al máximo.
Luz Marina la menor de los diez hijos de Candelaria, siete mujeres, y cuatro varones, recuerda que hace poco menos de un año también falleció su tía Agustina, de 107 años. Conoce bien lo que hay detrás de sus vidas y poco le falta para comparar estas generaciones a las actuales.
" Es muy activa y solo una clave: Tranqulidad, buenos alimentos y agradecimiento. Su hermana falleció con 107 años años"
«Te dicen ¿Qué cómo? Con la nevera llena»
«Hoy abres la nevera y hay de todo, y, sin embargo, dicen: ‘no hay nada para comer’. Ellos vivían miseria. Ahora tienen el ropero lleno y te dicen: ‘no tengo qué ponerme’”.
Antes, en la época de mi madre, la ropa pasaba de hermano a hermano y se arreglaba según las necesidades. Para lavar, se iba a la acequia. «Nada de lavadora», recuerda.

Padres de Candelaria, Juan García González y Candelaria Santana González / La Provincia
En su casa del Sequero cuelgan de sus paredes retratos enmarcados con imágenes de sus padres Juan García González y Candelaria Santana González. E incluso de sus abuelos, Juan Santana Viera y Agustina González. Los abuelos de por parte de padre eran Antonio García y Juana Antonia González «que fue la abuela de mi madre que se marchó para Cuba después de que su marido, Antonio se matara reparando la cúpula de la iglesia de Ingenio», cuenta su hija.
A Cuba de ida y vuelta
Su historia familiar de Candelaria estuvo marcada por la emigración precisamente por el triste desenlace. Su abuela, de repente sola con siete hijos, decidió marcharse a Cuba, donde tenían familia con haciendas de caña de azúcar. Allí encontraron una oportunidad. Su padre trabajó de capataz y durante años mantuvo un ir y venir entre Canarias y la isla caribeña.

Los abuelos de Candelaria, Juan Santana Viera y Agustina González / La Provincia
Su madre, tirajanera y de una familia de cesteros, también viajó a Cuba para trabajar como cocinera. Ese periplo entre islas marcó profundamente a todos. La llegada del régimen de Fidel Castro hizo que la familia perdiera sus bienes. Se dividieron: unos emigraron a Miami, otros se quedaron en Cuba. Los únicos que regresaron a Canarias fueron sus padres, que se establecieron en El Sequero , el barrio ingeniense donde sigue residiendo. Fue tras comprarle una casa a un hermano que ya no retornaría.
En ese contexto de trayectos y cambios nació Candelaria. Su familia decía que había sido «hecha en Cuba, pero nacida en Canarias», una frase que resume bien el vínculo entre las dos orillas que marcaron su origen.
"Antes no teníamos nada y agradecías todo y hoy se quejan por nada cuando tienen todo".
De sardinas
El mar también tuvo un papel en su vida adulta. Su padre, Juan García, comerciaba con sardinas que pescaba en el Sáhara. Para llevarlas a Cuba viajaba en pequeños barcos, travesías de unos cuarenta días.
Candelaria formó una familia numerosa: 10 hijos, siete mujeres. Su hermana Agustina falleció hace poco más de un año, con 107 años. Entre ambas superaban los doscientos años de historias compartidas.
Hoy, a sus 104, Candelaria mantiene la misma claridad con la que explica cómo vivieron, qué comieron y qué valoraban. Su hija la describe como una mujer fuerte, de mentalidad abierta, capaz de adaptarse a todos los cambios de época que ha vivido.
En las recientes celebraciones familiares por su cumpleaños, los recuerdos volvieron a ocupar la casa, igual que las fotografías que siguen colgadas en las paredes: retratos de abuelos, padres, hermanos y nietos que forman la memoria de una vida larga, sencilla y profundamente arraigada a la tierra.
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