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Reabre la mítica tienda de aceite y vinagre de Teror: así es su combinación de tradición y modernidad

El histórico establecimiento situado junto a la Basílica del Pino mantiene su esencia característica y añade tartas de queso y helados artesanales

Víctor Montesdeoca e Iván Morales detrás del mostrador de la tienda con quesos, chorizo de Teror y una tarta de queso.

José Pérez Curbelo

Teror

La mítica tienda de aceite y vinagre que durante más de cuatro décadas llevó con mimo Pepito Falcón, en aquel local entrañable encajado en un lateral de la Basílica de Nuestra Señora del Pino, en Teror, ha vuelto a abrir sus puertas. Y lo ha hecho, además, tal y como él soñaba cuando cerró el negocio: preservando esa estética pintoresca, casi detenida en el tiempo, que convirtió el establecimiento en una pequeña joya del pueblo.

Hoy, su esencia permanece intacta, pero llega con un toque delicioso de renovación. Al aroma tradicional del chorizo y del pan se suman ahora tartas de queso irresistibles, helados artesanales y los famosísimos cinnamon rolls —o rollos de canela, chocolate y pistacho— que prometen convertirse en la nueva tentación de la zona.

Ahora, al frente de la tiendita se encuentra Víctor Montesdeoca, un joven que, como no podía ser de otra manera, también es del pueblo y, además, «de toda la vida». Cuando supo que el local de siempre cerraba, vio la oportunidad perfecta para recuperar ese negocio tan querido, incorporarle nuevos productos y, aun así, mantener intacto su espíritu. Y, desde luego, dio en el clavo.

Increíble acogida

Aunque reabrió a principios de noviembre, la acogida no ha podido ser mejor. Tanto los vecinos como quienes llegan desde otros puntos de la isla se detienen sorprendidos al pasar frente al local y descubrir que prácticamente nada ha cambiado. Todo permanece igual, con ese encanto inconfundible que convierte la visita en un pequeño viaje al pasado.

Interior de la tienda.

Interior de la tienda. / José Pérez Curbelo

Montesdeoca asegura que solo ha retocado «algunas cositas», como el mostrador y parte del equipamiento, «para poder ofrecer más productos a los clientes». Su intención, desde el principio, fue complementar lo tradicional de toda la vida —«eso no se puede tocar», insiste— con una propuesta más actual. Así, a los quesos y embutidos de calidad que siempre distinguieron al local se suman ahora opciones modernas, como las tartas de queso de pistacho o de maracuyá, que ya se han convertido en un reclamo para quienes pasan por la zona.

Además, justo en la entrada se encuentra una pequeña heladería que apuesta, por supuesto, por helados artesanales y cien por cien canarios elaborados con leche de cabra, lo que les da un sabor intenso y auténtico e irresistible. «Están hechos sin conservantes ni saborizantes de ningún tipo; son completamente naturales», recalca el dueño.

Limpieza e higiene

No obstante, además de estas novedades que llaman la atención nada más entrar, la tienda sigue ofreciendo todo lo que uno espera encontrar en un establecimiento tradicional de aceite y vinagre. A través de las cristaleras de los armarios de madera que recorren las paredes se alinean botes de legumbres, latas de conservas, cartones de huevos y hasta artículos de limpieza e higiene personal. También hay vinos, rones, bollería y, por supuesto, los míticos bocadillos de chorizo de Teror, que siguen preparándose con el mismo sabor de siempre.

En este proceso de reapertura también ha estado muy presente Pepito Falcón, quien no ha dudado en aconsejar a Montesdeoca en distintos aspectos del negocio y brindarle todo su apoyo. «Está muy contento», asegura el nuevo responsable. «Al final, lo que queremos ofrecer a los clientes son productos básicos, de calidad, de toda la vida y a buen precio», resalta el dueño, quien insiste en que esta es una tienda a la que se puede acudir para hacer una «comprita» de lo más completa.

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