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EXCLUSIVA

El lado más personal de Carolina Darias, una niña de barrio con alma de alcaldesa: “Soy una mujer firme”

Desde su infancia en Gran Canaria hasta su pasión por la cocina, conoce el lado más humano de Carolina Darias, líder política y cercana.

El lado más personal de Carolina Darias: "Cuido la intimidad de mi familia, en eso soy muy leona"

La Provincia

Adolfo Rodríguez

Adolfo Rodríguez

En la librería Agapea, rodeada de estanterías cargadas de papel nuevo y memorias antiguas, Carolina Darias se muestra con la serenidad de quien no necesita fingir. La alcaldesa de Las Palmas de Gran Canaria sonríe mientras el ambiente se acomoda a su presencia, transmitiendo esa vida personal cercana que la caracteriza. Antes de comenzar, se define como alguien “afable, cercana y risueña… pero también muy exigente”, reflejando la combinación de humanidad y firmeza que marca su política en Canarias. Un retrato íntimo de una figura clave en Gran Canaria.

Darias no tarda en quitarse la coraza institucional. Se define como una ciudadana más, con sueños, anhelos e inquietudes, alguien que intenta mantenerse siempre “con los pies pegados al suelo”, un mantra que parece repetirle internamente desde hace décadas. La figura pública queda suspendida por un momento, dando paso a esa persona que llega a casa, se pone cómoda y, entre pucheros o paseos a deshora, vuelve a encontrarse consigo misma. Puedes ver el encuentro, en exclusiva y al completo, en el vídeo que abre este reportaje.

La niña de barrio que no olvida de dónde viene

Cuando habla de su infancia en Miller Bajo, la alcaldesa se transforma: la mirada se le ilumina y las palabras salen casi de corrido. “Soy una niña de barrio y eso lo llevo a gala”, confiesa. Recuerda un portal con puertas siempre abiertas, un trasiego constante de vecinos entrando y saliendo, una convivencia que hoy parece de otro mundo. En La Gaviota —la zona del parque que marcó su infancia—, la comunidad era familia. Allí aprendió la alegría, la sencillez, el compromiso y ese cariño de vecindario que la acompaña todavía.

Salir de la isla para estudiar en Madrid fue su primer ejercicio de independencia. Le sirvió, dice, para entender que el mundo era mucho más amplio de lo que imaginaba desde su portal. Pero también para valorar lo que tenía aquí. Aunque con algo de pudor, admite que no siempre hace falta irse para viajar: “Yo aprendí a salir sin salir a través de la lectura. Era una lectora voraz”. Hoy lamenta no tener el mismo tiempo para devorar libros, aunque recomienda con entusiasmo el último que ha leído: ‘Mi nombre es Emilia del Valle’, de Isabel Allende.

Entre el derecho y la política: una firmeza que nace de las pérdidas

Su formación jurídica no es un detalle accesorio; es, según ella misma, el cimiento sobre el que se sustenta todo su trabajo político. “El derecho siempre. Me da solidez en las decisiones”, explica. Se recuerda como una joven opositora persistente que logró las plazas que hoy le permiten presumir, con razón, de una base profesional robusta.

¿De dónde surge esa firmeza que tantos le atribuyen? Ella se lo piensa un segundo y contesta con sinceridad: de los momentos difíciles. De las pérdidas familiares que obligan a recomponerse para sostener a quienes siguen. “La vida continúa, incluso con ausencias”, afirma con la serenidad de quien ya atravesó algunas.

También habla de las críticas, del dedo constante sobre la acción pública. Lo asume con naturalidad. “Las críticas son necesarias para ver otras perspectivas. Lo que no acepto son los insultos”. Su tono no es crispado, sino pedagógico.

La Carolina más doméstica: tiramisú, pastelón de mariscos y escapadas a Las Canteras

A la gente le cuesta imaginar a una alcaldesa como una persona común, pero Darias rompe ese cliché en dos frases. Le encanta cocinar y presume de repertorio: pastelón de mariscos, tiramisú, arroces, cordero, potajes, lentejas compuestas… Cocina con soltura y cariño; se le nota en la forma en que lo cuenta. Luego está el supermercado, donde suele ir en ropa deportiva, sin ceremonias.

Carolina Darias y el periodista Adolfo Rodríguez en la Librería Agapea de Las Palmas de Gran Canaria

Carolina Darias y el periodista Adolfo Rodríguez en la Librería Agapea de Las Palmas de Gran Canaria / La Provincia

Y, aunque pueda sonar sorprendente, dice que se “escapa” a menudo. Camina por Las Canteras, recorre calles sin previo aviso para observar qué necesita mejorar, disfruta de la ciudad sin que nadie sospeche que la alcaldesa pasea a pocos metros. No se pone disfraces, bromea: “No, no voy de Bad Bunny. Voy normalita”.

Familia, igualdad y sueños por cumplir

La familia es su ancla. Lo dice con emoción contenida: “Son el amor de mi vida. Siempre han estado a mi lado”. Agradece el apoyo sin dramatismos, pero con la claridad de quien sabe que no estaría donde está sin esa red afectiva.

El feminismo, aunque confiesa que lo aprende cada día, lo vive con orgullo. Reconoce abiertamente que es “fruto de las cuotas”, un modelo que defiende porque abrió oportunidades a mujeres que, como ella, hoy gobiernan ciudades. “Nuestra obligación es abrir camino a las que vienen”, sentencia.

¿Tiene miedos? No se considera una persona temerosa. ¿Sueños? Siempre. Cita a María Zambrano para explicarlo: “Anhelar nos permite alcanzar”. Y su mayor logro profesional hasta ahora, asegura, no se mide en infraestructuras, sino en percepción: “Que la gente me vea como responsable, honrada y trabajadora”. Ser alcaldesa de su ciudad es, de momento, el honor más grande.

¿Habrá cuatro años más? Ella se encoge de hombros, sonríe con esa mezcla de prudencia y naturalidad que la define. “Dependerá de la ciudadanía y del partido. Yo estoy bien, estoy cómoda”.

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