Entrevista | Pablo Guedes Divulgador
Pablo Guedes, divulgador, rebate la ubicación de Humiaga: «Es en la Montaña de las Tabaibas»
El hallazgo de un cañón mientras hacía submarinismo con 13 años inspiró a Pablo Guedes (61 años) a bucear en la historia de Castillo del Romeral y del sur de Gran Canaria, una zona de santuarios aborígenes y andanzas con piratas, levantamientos populares y submarinos alemanes de la II Guerra Mundial

Pablo Guedes, divulgador. / LP/DLP
¿Dónde nace su pasión por la Historia?
Cuando tenía unos 13 años me encontré con un cañón mientras hacía pesca submarina en la costa de Castillo del Romeral. A partir de ahí empecé a investigar de dónde salía ese cañón y fue lo que me inspiró para indagar en la historia del pueblo, descubriendo que tenía muchísimo por descubrir. Al final el cañón resultó ser un falconete pedrero del siglo XVI, que ahora se expone en la Casa de la Cultura.
No ha sido una historia tranquila la de Castillo del Romeral.
Este pueblo tiene mucha historia desde el siglo XVI que se hicieron las primeras salinas. Y luego a finales del XVII se edificó el fuerte para defender a los barcos que venían por aquí a cargar la sal. Esta era una zona estratégica de paso para toda la navegación que iba a América o a África. Cada mes había entre 15 y 30 barcos pesqueros que cargaban la sal para pescar en la costa africana. Por tanto, era el punto más comunicado y con movimiento del sur. Por eso se hizo el fuerte, porque los piratas venían aquí a capturar a los pesqueros.

Pablo Guedes con Maximiano Trapero en las salinas. / LP/DLP
¿También fue relevante antes de la conquista?
Era una zona muy importante para los antiguos canarios. Amurga para mí es el antiguo santuario de Humiaga de Tirajana. Para mí solo no, también para los principales investigadores. Del santuario de Tirajana decían las crónicas que tenía unos ocho o diez kilómetros de perímetro y estaba rodeado con mojones de piedra. Y que había una montaña especial que en la cima tenía una muralla de piedra con restos de los santones de los antiguos canarios, momias, donde se iba en peregrinación. Para mí esa montaña es la Montaña de las Tabaibas porque cuadra perfectamente con las descripciones.
«Mi hipótesis es que Colón realizó la aguada en lo que hoy es Bahía Feliz»
Otro de los aspectos que usted rebate es el punto donde Colón se reabasteció camino de América.
Hay que tener en cuenta que Maspalomas no era como pensamos hoy que es la zona de la punta del Faro y ya está. Maspalomas es un término que venía del antiguo canario que tiene que ver con las calmas. Aquí, en la zona del Castillo, se separaban la zona de los vientos y las calmas, ya hacia el sur. Cualquier hecho histórico que indique Maspalomas no quiere decir que sea en la punta, sino que podía ser en toda esta zona. Por tanto, Colón podía haber ido a cualquier punto del sur. Y mi hipótesis es que fue en un sitio que está en lo que hoy es Bahía Feliz que se llamaba Pozo del Lentisco en la antigüedad. Agua dulce al lado del mar, carne de las apañadas de ganado de Amurga y sitio de paso del camino de la madera que la llevaba del sur hasta Telde, todo lo necesario para la aguada en Maspalomas del cuarto viaje de Colón que describe su hijo en su diario.
Los pescadores de la zona se vieron una buena mañana rescatando nazis del mar.
Eran tripulantes de un submarino alemán que venía averiado desde Fuerteventura y que acabó bombardeado en esta costa. Entrevisté a una persona que fue testigo del suceso. Ante los daños sufridos, la propia tripulación lo hundió frente a Las Burras. También entrevisté a un pescador que iba a hacer su jornada de madrugada y al que de repente se le cuelgan del barco. El hombre, padre de Pepe el Chola, que fue concejal del PSOE en el Ayuntamiento de San Bartolomé de Tirajana, se quedó asombrado. Los dueños de los coches piratas por entonces de la zona trasladaron a los heridos hasta Las Palmas. Al tiempo recibieron las licencias de taxi 1 y 2 del municipio.
¿Era grande la sombra del Conde de la Vega Grande en los vecinos del Castillo del Romeral?
El Conde fue en su momento una de las personas más ricas de Canarias, tenía el 30% del territorio de San Bartolomé, además de otras posesiones en la isla. Por otro lado estaba la familia Rocha, dueña de las salinas. La rivalidad entre ambos provocó el Motín de Agüimes, aunque por aquel entonces no era condado todavía. Fue Francisco Amoreto, suegro del futuro primer Conde, el que trató de extender sus dominios hasta Vecindario, pero se encontró con el levantamiento del campesinado en su contra. Otro incidente fue con uno de sus descendientes siglos después, ya en la posguerra, cuando mandó a la Guardia Civil apalizar a unos salineros que se enfrentaron a su mayordomo cuando intentaba quitarles las cabras. Con el apoyo del comandante militar a los lugareños, se trasladó a esos guardias civiles y se multó al mayordomo.
Una muestra del espíritu combativo de las gentes de Castillo de Romeral.
Creo que es algo que tiene que ver con el espíritu de independencia de no ser vasallos de nadie. De vivir de tus medios, de la pesca, aunque ya después mucha gente de aquí se dedicó a los tomateros. En la posguerra estaba todo bloqueado, no llegaba comida de fuera. Así que se vivía de las cabras, de la leche y del pescado. Además, todos en Castillo del Romeral eran familia y estaban muy unidos. Cuando se agraviaba a uno, era un agravio a todos.
Hay una leyenda que habla del destierro de un rey portugués en esta zona de la isla.
La leyenda del rey Sebastián, seguramente difundida por una parte de la familia Guedes, que es de origen portugués. Llegaron a venir desde universidades de Portugal para estudiar esa leyenda. Ese origen portugués de los Guedes de Castillo del Romeral se remonta a la conquista, cuando los aborígenes asaltaron la Torre de Gando e hicieron prisionero al alcaide, un portugués llamado Juan Guedes que se acabó casando con la hija de un guayre de Telde. Ya en la segunda mitad del siglo XIX, una chica de la familia Guedes fue madre de los hijos ilegítimos del Conde de la Vega Grande, que se había quedado viudo. Y este le dio estudios. Creo que la leyenda viene un poco de ahí, por los piques de que el Conde les había quitado las riquezas a los Guedes.
¿Cree que se hace lo suficiente por difundir historias como las que descubre y cuenta?
La gente de hoy, y más la juventud, tiene muchas cosas en qué pensar y a las cosas de historia apenas le presta atención. Pero los que sí lo hacemos podemos decir que somos fanáticos. Queremos que se respete, que se conserve y que se difunda. Pero es difícil llegar por medio de la historia a la gente. En ese sentido, tengo pendiente publicar un libro sobre la conquista en esta zona.

Corona de Montaña de las Tabaibas, en hipótesis la montaña sagrada de Humiaga, con muralla de piedras rodeándola. / Manolo Rivero
¿De qué trata su libro?
El libro habla sobre las batallas en la zona de Tirajana. Casi todas las primeras incursiones entraban por aquí debido a las condiciones de la costa y porque era una zona ganadera muy importante. Hay crónicas que hablan de robos de dos mil cabezas de ganado. Ya a medida que pasa el tiempo empiezan a extenderse. Y en este caso la toponimia es muy importante. Trato de conocer bien el territorio y leer las crónicas para ver por dónde se pudieron desarrollar. Porque muchas veces los historiadores de fuera escriben sin conocer el territorio, sin venir a lo que para ellos era un desierto de Agüimes para abajo. Es lo que hice con el tema de Humiaga. Si te describen que es una montaña visible con una muralla alrededor, pues ahí está, en la Montaña de las Tabaibas. He descubierto que se mezclan cosas que se desarrollaron en una batalla con otra. No cuadran con las descripciones. En una hablan de un llano en una montaña que medía 300x300 metros. Y eso no está en el Bentayga, está en la zona más alta de Amurga. El libro trata de aclarar ese tipo de cosas.
¿Se hace lo suficiente por cuidar este patrimonio?
Me gustaría poner de ejemplo un poblado aborigen en Juncalillo, en la zona donde se hicieron las salinas en 1537 y que se bautizan como Salinas de Amoxo, que es probable que tenga que ver con el término majo, espíritu para los aborígenes. Todavía hay restos de algunas de las casas en primera línea y se los está comiendo la marea. Se está perdiendo ese legado. Lo hemos denunciado al Ayuntamiento y nos dicen que lo han hablado con el Cabildo, pero se sigue sin hacer nada.
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