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Entrevista | Ramón Díaz Investigador

Ramón Díaz Hernández: «El motín de la hambruna de Arucas fue el más importante de la Isla»

El catedrático de la Escuela Universitaria de Geografía Humana de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria Ramón Díaz acaba de publicar ‘El motín de Arucas de 1800’, que profundiza en el acontecimiento histórico

Ramón Díaz, anoche en Arucas.

Ramón Díaz, anoche en Arucas. / José Carlos Guerra

Javier Bolaños

Javier Bolaños

Las Palmas de Gran Canaria

¿Por qué es tan importante el motín de 1800 en Arucas?

El historiador Antonio de Bèthencourt Massieu decía que era el más importante que se había hecho en Gran Canaria. Fue importante porque nos da una imagen de la sociedad del Antiguo Régimen en las vísperas del paso a la modernidad. Era un motín de hambre. De una sociedad que se rebela cuando hay alimentos almacenados en los silos del mayorazgo, y ellos no pueden acceder. En ningún caso se habla de apoderarse del botín, sino de comprar el trigo a precio contante.

"El trigo lo tenía vendido el mayorazgo a las tropas acantonadas en Tenerife"

Ramón Díaz

¿Todo lo almacenado era para venderlo en Tenerife?

El trigo lo tenía vendido el mayorazgo a las tropas acantonadas en Tenerife. Hay que recordar que en 1798 la escuadra inglesa atacó Santa Cruz y se mantenía en estado de alerta. Pero había víveres para todos, que perfectamente podía dedicarse al ejército, al hospital y el resto para el consumo de los vecinos de Arucas, que era lo que exigían. Los vecinos amotinados le piden al comisionado militar solo lo que necesitan para paliar el hambre. Y el oficial accede a eso.

¿De cuántos amotinados estamos hablando?

La población entonces era de 3.500 habitantes. Y los amotinados eran, según estimaciones de los testigos, unos 400-450. Básicamente, localizados en tres barrios muy pobres: El Tabaibal, formado por cuevas cercano al casco, El Cerrillo y La Goleta. A estos se unieron vecinos de Firgas, formando una marcha para acampar delante de las puertas del granero.

¿Era un granero local?

Era particular del mayorazgo, y el motín era local, porque Firgas pertenecía entonces a Arucas. Los vecinos se amotinaron la noche del 5, el 6 y 7 de mayo de 1800.

¿Había habido algún caldo de cultivo previo?

Algunos amotinados tenían caracolas, garrotes y pasamontañas que se usaron en anteriores motines, según testigos, pero no se citan esos motines.

¿Consiguieron su objetivo?

En parte. El día 6 el granero abrió sus puertas.

"El 80% de la población hambrienta se quedó como estaba"

Ramón Díaz

¿Lo consiguieron gratis?

No. A precio contante. Y solo podían ir los que tenían dinero. El 80% de la población hambrienta se quedó como estaba. El proceso judicial no dice el trigo que se repartió. Pero he calculado que fue el suficiente para 15 días de una familia, del 20% de la población hambrienta. El precio era de 8 pesos el quintal, que pusieron los propios amotinados. Un quintal canario eran 46 kilos, con cifras gruesas.

¿Cuánto se repartió?

Se habla de 1.300 quintales, otros de mucho menos, de 700. El trigo se distribuyó con dos personas tomando el nombre del agraciado, el número de miembros de la familia a su cargo y el dinero que tenía que aportar.

Parece una revuelta ‘bondadosa’

Un motín ordenado. Habían tres milicianos vigilando el acceso al grano. Curiosamente, el encargado del granero del mayorazgo encargó al jefe de los amotinados controlar las colas, para que no se desmadrara. Le ofreció tres pesos de plata por ordenar la fila. Y los aceptó, aunque no cumplió y se marchó. Es más, cuando el secretario de la Audiencia fue a tomar nota habló de lo bien organizado, y dijo que sobraba él y se fue. El comisionado le dijo al encargado del almacén que necesitaba su testimonio. Ahí hace un alegato fantástico de cómo fue el motín, y eso que era analfabeto y tenía 76 años. Señala que para el granero tenía dos llaves, y les pidió una y la otra se la dieron a una persona que no estaba afectada, Pedro González, que tenía prestigio en El Cerrillo.

«El encargado pagó tres pesos de plata al jefe amotinado para controlar las colas, aceptó y se marchó»

Ramón Díaz

El motín apenas solucionó entonces la hambruna. ¿Cómo fue la situación posterior?

Muy poco. Y el día 7 por la tarde el escribano de la Audiencia manda a todos a sus casas. De lo contrario se les aplicaría el edicto se detalla que a quien siga en algarada le caerá todo el peso de la ley. La hambruna siguió. Solo se palió parcialmente y por poco tiempo. Una parte de la cola para comprar trigo no llegó al almacén. Y otros no pudieron comprarlo porque no tenían dinero.

En la investigación, ¿cuál es la mayor sorpresa que se ha llevado?

En los interrogatorios del tribunal, donde había siete analfabetos, salvo el cabecilla que sabía leer y firmar, se observa que supieron defenderse muy bien. Y la firmeza con la que declaraban.

¿Se les condenó?

Sí. Al cabecilla, Gregorio, le cayeron seis años en el penal de Ceuta. Otro se escondió y no lo encontraron (Antonio Enrique); el tercer condenado, José Antonio Rodríguez, era el más joven, cumplió condena preventiva y una vez que pudo salir se fugó a Caracas. Tenía tres meses y el coste del juicio. Los cumplió el padre que era mayor, y también tuvo que pagar una multa por no custodiar al penado hasta la condena. A los demás el tribunal les dio solo una reprimenda, y pagaron las costas del juicio. A los siete acusados de liderar el amotinamiento se les había embargado su patrimonio.

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