La sangre activista de Javier Marrero: 45 años de lucha por derechos sociales, la vivienda digna y justicia en Gran Canaria
Desde su juventud en Moya, Javier Marrero se ha convertido en una voz constante por los derechos de la ciudadanía canaria, la justicia social, la vivienda digna, el cuidado del medio ambiente y la defensa de los migrantes

Javier Marrero, en Moya. / José Carlos Guerra
Durante más de 45 años, Javier Marrero, natural de Moya, ha dedicado su vida a luchar por la justicia y a defender a los más vulnerables. Desde garantizar el derecho a un hogar digno hasta proteger a migrantes y apoyar la libertad de pueblos como el saharaui y el palestino, Marrero ha demostrado que un compromiso constante puede cambiar realidades.
Su camino comenzó a los 13 años, en plena Transición, cuando decidió unirse a un comité de curso en su instituto. Su objetivo era motivar a los alumnos a involucrarse en temas culturales —lo más cercano a la política en aquel entonces— y alejarse de las «ideas franquistas» que algunos profesores intentaban imponer. Aquella iniciativa temprana ya dejaba entrever su espíritu incansable por cuestionar lo establecido y luchar por un mundo más justo.
Con el paso de los años, Javier se rodeó de un grupo de amigos que compartían su pasión por el cambio y la defensa del territorio de Gran Canaria. Juntos fundaron el colectivo Magec, un espacio donde combinaban la conciencia ambiental con la acción social. Plantaban árboles, promovían campañas como «En Vegueta, a pie o en bicicleta» para reducir la contaminación y luchaban para que los coches no invadieran las calles históricas del barrio. Su objetivo era claro. Querían crear espacios verdes para todos, aunque en más de una ocasión su compromiso puso en riesgo su seguridad. «Los vehículos que querían pasar muchas de las veces nos intentaban atropellar», recordó.
Apoyo al pueblo saharaui
Más adelante, Marrero comenzó a formar parte de la Junta Preautonómica de Canarias. Con tan solo 21 años, impulsó la creación del área de Asociacionismo y Tiempo, un primer empujón que lo llevó posteriormente a trabajar en el área de Juventud. Allí, además de desarrollar proyectos para jóvenes, impulsó la publicación de la revista 10 de Mayo, un espacio de solidaridad y apoyo al pueblo saharaui, que distribuían tanto en el Frente Solidario como en los campos de refugiados.
Aunque nunca ha visitado personalmente el Sáhara, su compromiso no ha disminuido y hoy narra la vida de las mujeres en los campamentos de refugiados y, a través de sus redes sociales, visibiliza la masacre y el miedo que se vive en la región. Paralelamente, forma parte del colectivo La Internacional de Escritoras, Escritores Insurgentes, donde organiza jornadas de lucha y reflexión, combinando arte y activismo para mantener viva la voz de quienes más lo necesitan.
Derecho al Techo
Desde joven, también, una de sus preocupación ha sido el acceso a la vivienda en las islas. «Si no tienes un techo no te puedes desarrollar y no es estudiar si no tienes un techo», afirmó. Por este motivo, se adentró en el sindicato de Inquilinas de Gran Canaria, porque en esa época «las mujeres eran las que más problemas de vivienda tenían». De ahí, nació su idea de adentrarse en el sindicato Derecho al Techo. «Los sindicatos solo ocupan espacios públicos abandonados o los que son de fondos buitres, porque esos se los han quitado a los trabajadores, y por eso hay que recuperarlos», aseguró. Con persistencia, han parado 18 desahucios, uno de los últimos el de la familia en Ingenio. «En la comunidad autónoma hay 2.011 viviendas cerradas».
Además, paralelamente a sus primeras experiencias en los sindicatos por el derecho a la vivienda, coincidió con la llegada a la isla de la primera patera que marcaría el inicio de la migración masiva hacia Canarias. A raíz de ello, y tras años de esfuerzo, dedicación y lucha, comenzó a coordinar proyectos migratorios y de integración. Ese camino lo llevó a proponer la creación del primer centro de acogida de migrantes de la isla. La iniciativa surgió cuando Marrero comenzó a presenciar que muchos de ellos dormían en el Parque de Santa Catalina. «Cuando propusimos hacer el centro-albergue, los políticos de la época nos dijeron que teníamos que esconder las instalaciones para no crear mala imagen en la capital», criticó. Ante esas trabas, la única opción fue ubicar el centro en el polígono industrial de Miller Bajo. Allí, entre los propios migrantes y él, decidieron llamarlo ‘Udjima’, que significa gran familia.
Manifestación
Hoy en día, Marrero continúa su lucha a través de diversas plataformas y movimientos sociales. La más reciente de sus reivindicaciones es la coordinación de la manifestación que tendrá lugar este sábado, a las 12:00 horas, en la Ciudad de la Justicia, convocada en respuesta al «golpe judicial» derivado de la acusación y del fallo de una «sentencia inexistente» contra el Fiscal General del Estado por la supuesta filtración de información confidencial de un caso aún en curso del novio de Ayuso. Ante esta situación, Marrero ha llamado a toda la población isleña a movilizarse contra lo que considera una «injusticia» que no solo afecta al fiscal general, sino que pone en riesgo a las propias instituciones democráticas. «Esta es una lucha para que frenen la judicialización de la política, porque se están cargando la democracia», denunció con firmeza.
«Esta manifestación no tiene convocante, pero convoca a toda la población de la isla», destacó. Marrero lo tiene claro, y aseguró que «todo lo que la derecha y la ultraderecha no consiguen a través del Parlamento, lo judicializan, para así intentar alcanzar el poder por otras vías», concluyó.
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