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Santa Lucía

El ‘jiribillas’ que repica desde niño

José González es del casco histórico, licenciado en Traducción e Interpretación y es fiel a su gente y su fiesta en la comisión: con cuatro años empezó a repicar en la iglesia y aún sigue haciéndolo. Creó su productora, Jiribillas, que celebra sus 10 años y además impulsa por el mundo el rescate, memoria, identidad y tradición canaria.

José  González, con la vestimenta tradicional santaluceña.  | LP/DLP

José González, con la vestimenta tradicional santaluceña. | LP/DLP

Jose Pallarés Sanz

Santa Lucía

Con cinco años, José González, vecino del casco de Santa Lucía de Tirajana, ya apuntaba maneras cuando cada diciembre bajaba desde su casa -ubicada un poquito lejos de la iglesia- solo para observar cómo se preparaba la imagen de Santa Lucía en el trono en los días previos al inicio de las fiestas. No permitían que nadie la viera durante aquellos arreglos, pero él se mantenía cerca, atento, esperando el momento en que ya estuviera colocada. Cuando terminaban y se iniciaban los repiques desde el campanario, intentaba colarse con quienes subían entonces: «Pepe Toledo e incluso Francisco García, el actual alcalde de Santa Lucía», señala. A veces le decían que era demasiado pequeño, pero insistía en que tendría cuidado. Sus primeros repiques, recuerda, los hizo con cinco o seis años. Más adelante, ya con 12 años, se involucró de lleno en la fiesta y siguió repicando. Hoy no puede ir tantas veces como le gustaría, pero mantiene la costumbre. «Todos los días de diciembre, del uno al trece, se repica a las doce e intento ir todos los años», relata.

A sus 38 años, José Manuel González Padrón sigue siendo el muchacho inquieto de Santa Lucía que creció entre fiestas, cultura, proyectos sociales y amor por su tierra. Hoy, al frente de la productora que creó, Jiribillas, una de las más destacadas y a punto de cumplir diez años, mantiene vivo el vínculo con su municipio mientras impulsa iniciativas que rescatan memoria, identidad y tradiciones.

Su biografía casi se escribe con la misma energía con la que trabaja su cerebro, inquietud y curiosidad. A los 12 años José González se incorporó a la Comisión de Fiestas de Santa Lucía y paralelamente, es parte activa de la romería Los Labradores, una de las más señeras por ser la última del año en la isla. La conoce «desde dentro» y lo dice orgulloso.

Desde niño ha estado implicado en alguna causa: en su pueblo, en su comarca, en Canarias o fuera. Licenciado en Traducción e Interpretación por la ULPGC, formado en producción audiovisual, gestión cultural y varios másteres, su camino profesional y social han ido juntos. Ha participado en proyectos europeos con más de treinta países y trasladado la cultura y la identidad canaria a jóvenes de Islandia, Rumanía, Suecia, Polonia o Reino Unido. También se ha vinculado a iniciativas sociales como el proyecto ‘Estrella de Mozambique’, donde colaboró con voluntarios de Agüimes para apoyar el centro sanitario. Promueve igualmente actividades, ideas, movimientos culturales o deportivos. Entre otros, en la Caldera de Tirajana, el casco histórico y otros rincones de las islas.

Ha dado frescor con sus propios guiones al Juicio al Haragán, el acto más señero del casco de 50 años

Colabora con el grupo de teatro Ansite en la organización del Juicio del Haragán en el casco, un acto con más de medio siglo de vida que en los últimos años ha evolucionado con nuevos textos y vídeos que elabora el colectivo y que, precisamente, coordina el mismo José.

Su Jiribillas cumple diez años

Jiribillas, la productora que nació de su carácter inquieto, cumple diez años. Así lo comenta. En 2015 creó una empresa cuyo nombre, él mismo confiesa entre risas, refleja su forma de ser: una persona activa, que no para, que está siempre girando ideas. Diez años después, Jiribillas se ha convertido en una productora destacada desde la que ha impulsado proyectos escénicos que no solo entretienen: cuentan, recuerdan, recuperan. Mujeres del ayer es uno de esos trabajos que brotan de la memoria colectiva. «La vida de abuelas y bisabuelas que trabajaron en el campo como parteras o lavanderas», resume González. En Vuelta a casa, aborda la realidad emocional de los que emigraron buscando un futuro mejor. Historias que «transformo en escena», dice, que nacen de su identidad, su pueblo y su gente.

Su defensa de lo canario lo ha llevado a su formación académica. Centró su trabajo del Máster Internacional de Turismo en investigar el potencial del gofio como recurso turístico y cultural, convencido de que los productos de la tierra cuentan más de lo que parece. Como él mismo dice: «Es que soy un jiribillas».

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