La tradición navideña de Elba Auyanet, una vecina de Santa Brígida: más de 100 truchas hechas a mano para familiares y amigos
Elba Auyanet, vecina de Santa Brígida, mantiene viva la tradición familiar de elaborar truchas navideñas hechas a mano. Desde que era niña aprendió la receta de su madre y, hoy jubilada, dedica cada diciembre a preparar entre 100 y 150 truchas que reparte con familiares, amigos y vecinos, transmitiendo cariño, ilusión y espíritu navideño

José Carlos Guerra

Para algunas personas, la Navidad es sinónimo de regalos, consumismo y excesos. Para otras, en cambio, estas fechas suponen el momento perfecto para expresar cariño a través de lo hecho a mano, de lo auténtico y de lo que sale del corazón. Elba Auyanet pertenece a este segundo grupo. Vecina de Santa Brígida y enamorada de los detalles sencillos y llenos de cariño, cuando diciembre asoma ella ya tiene un plan que nunca falla: ponerse el delantal, encender los fogones y dejar que la casa huela a tradición. Con harina y azúcar como sus aliados, Elba transforma su cocina en un pequeño obrador y, con paciencia y mimo, llena bandeja tras bandeja de aproximadamente entre 100 y 150 truchas de Navidad para, posteriormente, repartirlas entre las personas a las que tanto aprecia.
Aunque ahora está jubilada, Auyanet siempre ha estado vinculada al municipio. Durante años trabajó en el área de Juventud y más tarde en el servicio de limpieza, desempeñando ambas labores con la dedicación que la caracteriza. Hoy, ya retirada, sigue muy activa, ya que pasa gran parte de su tiempo en la Biblioteca Municipal de Santa Brígida, donde colabora en talleres y actividades manuales, compartiendo su creatividad con vecinos de todas las edades. Sin embargo, la tradición de cocinar sus truchas no la ha abandonado ni un solo año. Pase lo que pase, diciembre siempre encuentra a Elba en su cocina, fiel a un ritual que mantiene vivo el sabor y el espíritu de la Navidad en su familia.
La pionera de esta tradición fue su madre. Desde que Elba era apenas una niña, la recuerda en la cocina por estas fechas, con las manos hundidas en la masa y la ilusión puesta en repartir después aquellas truchas entre familiares y amigos. Con el tiempo, Elba empezó a ayudarla, primero observando y luego amasando. De esta forma aprendió cada gesto y cada truco de la receta familiar. Así, paso a paso, fue heredando no solo la técnica, sino también el espíritu con el que su madre preparaba cada bandeja.

Truchas de Elba Auyanet. / José Carlos Guerra
Inicio de la elaboración
El puente de la Constitución es, para Elba, la fecha marcada en rojo para comenzar con la elaboración de sus truchas. Lo prepara todo desde cero, tanto la masa exterior como los rellenos. Para la masa utiliza harina, manteca de cerdo, agua y polvo de almendras. En cuanto al interior, apuesta por dos clásicos:el cabello de ángel y la batata. Confiesa que el primer relleno es el más laborioso, ya que requiere una cocción larga y, después, remover sin descanso para evitar que se queme.
Otra de las tareas más laboriosas en la elaboración de este postre es el amasado de la cobertura de las truchas. Elba utiliza la técnica conocida como «cabeza de buey», un método similar al que se emplea con la arcilla, que consiste en trabajar la masa para eliminar burbujas y expulsar todo el aire. Gracias a este proceso, la masa de las truchas queda mucho más homogénea, manejable y fácil de sellar antes de cocinar. Un paso que, aunque requiere tiempo y esfuerzo, ella considera fundamental para lograr unas truchas perfectas.
Después de preparar una gran cantidad de masa, Elba la guarda en la nevera y la va cocinando poco a poco, «para que no se echen a perder», explica. «Luego las reparto entre las personas a las que aprecio y que también me aprecian a mí», añade con una sonrisa. Cada año, su dulce obsequio llega a unas veinte personas del pueblo, entre amigos, familiares y antiguos compañeros que esperan con ilusión las tradicionales truchas de Elba, un gesto que ya forma parte del espíritu navideño de Santa Brígida.
«Algunos familiares dicen que la Navidad no ha empezado si yo no he repartido aún las truchas», recalca Auyanet, quien promete mantener la tradición muchos años más, «siempre que pueda». Con esa idea en mente, y deseando que la costumbre perdure en el tiempo, Elba ya ha comenzado a transmitir la receta a algunos miembros de la familia, entre los que está su nuera, que siempre que puede acude a una de sus particulares «clases» para aprender el proceso paso a paso. Sin embargo, este año aún están de suerte, porque Elba ya ha comenzado a repartirlas.
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