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El Sur de Gran Canaria declara la guerra a las palomas urbanas

El Ayuntamiento de San Bartolomé de Tirajana inicia una campaña para informar a los ciudadanos sobre los riesgos de la proliferación de palomas y la prohibición de alimentarlas

Palomas en la plaza de Santiago de Tunte.

Palomas en la plaza de Santiago de Tunte. / LP/DLP

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La Provincia

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Las Palmas de Gran Canaria

La Concejalía de Sanidad de San Bartolomé de Tirajana empieza una campaña educativa dirigida a la ciudadanía con el objetivo de controlar la proliferación de palomas urbanas y mitigar los riesgos asociados a su plaga. La iniciativa responde a la preocupación municipal ante el incremento descontrolado de estas aves, impulsado principalmente por la alimentación que reciben de particulares, una práctica que se encuentra prohibida.

La edil de Sanidad, Araceli Armas Cruz, ha subrayado que la situación de las palomas urbanas representa un problema sanitario de gravedad para el municipio. La proliferación descontrolada de estas aves en entornos urbanos implica un riesgo significativo para la salud pública, dado que pueden actuar como vectores de enfermedades como la histoplasmosis, la psitacosis o la salmonelosis.

Riesgo sanitario y deterioro del mobiliario

Además de los riesgos sanitarios, el impacto del elevado número de palomas se manifiesta en el deterioro del mobiliario urbano, las fachadas y los tejados de los edificios. Los excrementos de estas aves están causando daños que se traducen en un aumento considerable de los costes de mantenimiento y limpieza a cargo del consistorio.

La concejala Armas destacó la importancia de la participación ciudadana para erradicar el problema: «La sensibilización de la población es esencial para prevenir el desarrollo de plagas urbanas... Estamos impulsando esta campaña con acciones informativas que facilitan a la ciudadanía los conocimientos necesarios para afrontar esta problemática».

A pesar de las acciones continuas desarrolladas por el Ayuntamiento, como las capturas periódicas para reducir la población de ejemplares, el número de palomas no disminuye. La persistencia de la costumbre de alimentar a las palomas contribuye directamente a su anidamiento y multiplicación y frustra los esfuerzos municipales por preservar la salud pública y el adecuado mantenimiento del entorno urbano.

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