Un manuscrito recupera la historia de la medicina en Santa Brígida
El Ayuntamiento publica El tratamiento de las enfermedades en la Villa de Santa Brígida en el siglo XIX, el legado de Isidro Ezquerra, primer médico titular de Santa Brígida

Un manuscrito recupera la historia de la medicina en Santa Brígida / Ayuntamiento de Santa Brígida
Cuando en 1888, el médico aragonés Isidro Ezquerra Corrigüela llega a Santa Brígida, se encuentra con una población de apenas 3.900 habitantes azotada por enfermedades como la viruela, la difteria, el sarampión, la tuberculosis y el raquitismo que carecía de asistencia médica. Ese mismo año, aquel doctor de apenas 25 años emprendió una campaña de vacunación que marcaría un hito en la atención sanitaria de las zonas rurales conocidas como la Vega de Arriba y la Vega de Abajo.
Ezquerra Corrigüela se convierte así en el primer médico titular de la historia de Santa Brígida. “Se hospedaba en la Calle Real, número 14, donde una de las salas de la planta baja fue acondicionada como consulta y sala de urgencias”, describe el cronista oficial de la Villa, Pedro Socorro. Cuando la situación lo requería, “el joven doctor se desplazaba hasta los domicilios de los enfermos, a lomos de animales y atravesando caminos en pésimas condiciones”, demostrando un compromiso y una entrega que quedarían grabados en la memoria del pueblo.
En 1903 el doctor comenzó a elaborar en un manuscrito todas las enfermedades que observaba en la población, anotando barrios, nombres de pacientes, edades, síntomas y tratamientos aplicados. Este registro constituye hoy un valioso testimonio de la medicina rural en la isla, donde Corrigüela ya defendía una visión integral de la medicina, centrada en el equilibrio del organismo y en el cuidado del paciente como un todo. La lectura de los legajos nos devuelve la imagen de un doctor prudente frente a curas entusiastas que podrían causar más perjuicios que beneficios.

Manuscrito del médico aragonés Isidro Ezquerra Corrigüela / Ayuntamiento de Santa Brígida
El manuscrito, conservado hasta ahora por su biznieto, el ingeniero y escritor grancanario Luis Junco Ezquerra, es el núcleo central del libro El tratamiento de las enfermedades en la Villa de Santa Brígida en el siglo XIX que acaba de publicar el Ayuntamiento de Santa Brígida, y cuya trascripción ha estado a cargo del historiador Pedro Quintana Andrés. También incluye una preciosa biografía del doctor elaborada por el cronista oficial, Pedro Socorro, así como una contextualización de la medicina en el siglo XIX en Gran Canaria, por Quintana Andrés. La presentación tendrá lugar el 25 de febrero a las 19:30 horas en la Biblioteca de Santa Brígida, y se prevé un recorrido por los lugares que el galeno frecuentaba.
Santa Brígida, cuna de masones
Cuenta el cronista oficial de Santa Brígida que pronto, Isidro Ezquerra Corrigüela se convirtió en una persona venerada en la Villa. “La gente lo quería no solo por su ojo clínico” sino por “las buenas maneras de su alma. Eran sencillo y amable”, y quien no podía pagarle, le entregaba frutas o verduras de la tierra.
Hombre culto, republicano y masón, mantuvo una estrecha amistad con el maestro José María Domínguez López, también soltero y ateo, quien residía en la propia escuela del casco, situada en la calle El Calvario, número 10, a espaldas de la parroquia. La actividad intelectual y la pertenencia de ambos a la masonería los situaba dentro del progresismo liberal, un espacio social que chocaba frontalmente con la España beata de entonces y los convirtió en víctimas de la intolerancia religiosa ejercida por el párroco Juan Navarro Estupiñán.

Isidro Ezquerra Corrigüela se convirtió en una persona venerada en la Villa. / Ayuntamiento de Santa Brígida
Conviene recordar que la masonería hizo su aparición en Canarias en 1739, aunque no fue hasta 1816 cuando se constituyó la primera logia formal, en la isla de Tenerife, bajo el nombre de Los Comendadores del Teide. Se trataba de una organización de clara influencia bonapartista, a la que seguirían posteriormente Añaza y Abora, esta última en la isla de La Palma. En 1898 se constituyó y consagró oficialmente la primera logia en Gran Canaria, Afortunada, bajo la obediencia de la Gran Logia de España, una de las principales organizaciones masónicas de su tiempo. Según recoge el cronista, “Santa Brígida era el pueblo que más masones aportaba a la causa”.
En Afortunada participaron destacados médicos -entre ellos el doctor y el maestro-, así como políticos, notarios, periodistas y militares, quienes contribuyeron de manera decisiva a sentar los cimientos de la capital grancanaria. No en vano, la masonería ejerció una notable influencia en distintos ámbitos de la sociedad española, desde la conformación del Estado constitucional hasta la evolución del pensamiento filosófico y la defensa de derechos y libertades, incluida la libertad de culto.
Quema de libros
Cuando en 1912 muere Isidro Ezquerra -describe el cronista de Santa Brígida-, su condición de masón generó tensiones inmediatas en torno a su entierro. Las crónicas señalan que el párroco exigió como acto expiatorio la quema pública de todos los libros que Ezquerra guardaba en su casa, eco simbólico de prácticas inquisitoriales y advertencia colectiva: el conocimiento asociado al librepensamiento, la ciencia laica o el racionalismo debía ser destruido para restaurar el orden espiritual de la comunidad.

La familia del doctor. / Ayuntamiento de Santa Brígida
Para la Iglesia, la masonería no era únicamente una asociación filosófica de carácter racionalista y relativista, sino un enemigo ideológico activo, asociado a la pérdida de influencia eclesiástica en la educación, la política y la vida pública.
La hoguera se encendió en la plaza del pueblo como un gesto simbólico para “corregir” lo que se consideraba el desvío ideológico de un masón. “De toda su biblioteca, únicamente se salvó un manuscrito de su autoría, Tratamiento de las enfermedades, por azar o previsión familiar”, advierte el cronista.
Gracias a esa preservación, hoy se puede acceder a un testimonio único de la vida y la salud en Santa Brígida a finales del siglo XIX.
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