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Así vivió Pepe Dámaso una visita inesperada que le devolvió la Navidad de su infancia

El artista canario rememora un momento mágico en la noche del 24, con cantos, emoción y un Niño Jesús que llegó desde Agaete

Pepe Dámaso y una visita inesperada que le devolvió la Navidad

La Provincia

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Las Palmas de Gran Canaria

Eran las nueve de la noche. La casa en silencio. Un golpe suave en la puerta, como un susurro que irrumpe en medio de la oscuridad del pasillo. Pepe Dámaso duda, se acerca, abre y lo que encuentra no es sólo una visita, sino un milagro: la Navidad entra de golpe, como si hubiera estado esperando su momento para regresar.

Lo que ocurrió en ese instante entre murmullos, cantos y lágrimas es una escena que el propio artista definió como “algo inexplicable”, una epifanía popular que lo conectó con sus raíces, con Agaete, con la infancia y con la belleza de lo sencillo.

Una puerta que se abre al alma

“Es de noche. Son las 9. Tocan a la puerta”, comienza escribiendo Dámaso en su relato. La duda lo atrapa, pero también el deseo de abrir. Del otro lado, en medio de la penumbra, lo espera una comitiva de vecinos que le canta, que le ofrece un Niño Jesús, que lo envuelve con cariño. No hay anuncio previo, no hay cámara ni protocolo: solo emoción compartida y devoción sencilla.

Cantos, recuerdos y lágrimas

“Me saludan, me besan, lloro”, escribe. Y en ese gesto se agolpa el recuerdo de las Navidades de antaño, las de su pueblo, las de su infancia. La escena se llena de cantos populares: “Tarantantán que bella es la madre, tarantantán que bello es el niño…”

El Niño Jesús en brazos de alguien y el otro Niño que le acercan para que lo bese. Una dualidad casi mística entre lo tangible y lo espiritual.

El arte de vivir como Dámaso

Pepe Dámaso, que ha dedicado su vida a celebrar la identidad canaria a través del arte, no necesita grandes discursos para transmitir la fuerza de este gesto popular. Lo resume en una frase: “¡Qué hermosa es la vida!”.

Y con eso lo dice todo. Porque en medio del ruido del mundo, de los conflictos, de la tristeza o el olvido, hay momentos como este —pequeños, imprevistos, auténticos— que devuelven el sentido de lo común, del amor ofrecido sin pedir nada a cambio.

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