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Conjunto arquitectónico emblemático

El convento de Teror cumple 100 años con la vista puesta en abrir como hotel

El conjunto histórico se transforma en un centro de apoyo social, fomenta la cultura y el empleo, y promueve planes turísticos y de autoconsumo agrícola

Javier Bolaños

Javier Bolaños

Teror

El Convento de las Dominicas de Teror se adentra en nuevos proyectos coincidiendo con el centenario de su inauguración. La organización Verode que gestiona este conjunto arquitectónico de carácter religioso promueve la modernización de sus 60 estancias para albergar un hotel singular, dando a conocer sus estancias singulares como la biblioteca, que ha acogido grabaciones cinematográficas, sin perder sus planes solidarios con emigrantes, el aumento de sus árboles frutales para «autoabastecimiento» en sus fincas agrícolas y la promoción cultural con eventos todos los meses. En el centro, mientras, permanecen seis monjas, algunas nonagenarias.

El Convento ‘Scala Coeli’ de las Dominicas Misioneras de la Sagrada Familia de Teror se inauguró en octubre de 1925, tras seis años de obras. En la actualidad el conjunto monumental de piedra, que se extiende sobre más de 17.000 metros cuadrados, conserva pese al paso del tiempo la esencia del diseño del arquitecto Laureano de Armas (1890-1947).

Seis religiosas, algunas de ellas nonagenarias, continúan formando parte de la comunidad que mantiene la idiosincrasia de esta joya de la arquitectura clásica, que se levantó gracias a la suma de varias fincas al pie de la montaña Scala Coeli (escalera al cielo), en la finca donde estuvo situada la ermita de San Matías hasta 1752, al parecer la primera que existió en Teror tras la Conquista.

Coincidiendo con el centenario, la asociación Verode que se ha hecho cargo de la gestión del convento mediante un convenio de colaboración y bajo el marco de «respetar los conceptos de aprendizaje, espiritualidad y desarrollo humano que han impregnado los muros de este emblemático espacio» da un nuevo paso hacia los tiempos actuales para fortalecer su conservación.

Verode trabaja en la modernización de este inmueble, en el que todavía convive media docena de religiosas

Casa de Espiritualidad

El centro dispone de 60 estancias que se usan para retiros bajo la denominación de Casa de Espiritualidad. El objetivo, según la coordinadora del proyecto de desarrollo comunitario, Nieves Ramos, es habilitar un hotel emblemático, porque es la categoría que más se asemeja a sus características, con un número similar de camas, que podrían ser individuales. Para ello se ha pedido también una dispensa a la consejería de Turismo, mientras se inician los procedimientos para obtener la licencia en el Ayuntamiento de Teror.

El proyecto requiere una inversión de varios millones de euros para acometer obras para su adaptación a las normas turísticas, que deberán respetar las cualidades naturales de la edificación, que le confieren su singularidad. Sobre todo, en la puesta al día de instalaciones como de fontanería, al mismo tiempo que se pretende instalar energías renovables para reducir la factura eléctrica.

Centenario del Convento de Teror

Los jardines y el mirador ‘Scala coeli’ en la atalaya. / Andrés Cruz

Junto al proyecto turístico, Verode pretende intensificar su actividad agrícola, mediante la plantación de nuevos frutales. El objetivo es «ser autosuficiente». En estos momentos cuentan con cientos de frutales como naranjas, aguacates y otras variedades. Y para dar este paso, el colectivo ha firmado un acuerdo con la Granja del Cabildo para acometer un proyecto para la plantación de nuevas variedades frutales.

El convento, situado junto a la carretera de Teror-Arucas y cerca de la finca de Osorio, cuenta con la edificación principal del inmueble de piedra y tejas, en el que domina la presencia de la cantería de Arucas y muchas obras de arte, algunas casas secundarias, un mirador que dio nombre al convento con su antigua gallanía, cientos de árboles frutales en sus extensas fincas y otros servicios.

Desde la loma que da nombre al lugar, el visitante puede disfrutar de vistas panorámicas de Teror y de buena parte de la capital en días despejados. La edificación central, con su claustro, acoge los espacios que conservan la identidad religiosa. Entre ellas, la capilla, con capacidad para un centenar de personas sentadas, con sus cristaleras de colores clásicas y una rica carpintería de madera en el techo. En este espacio reluce el harmonium recién rehabilitado, que volverá a sonar en actos públicos. No en vano, se trabaja en la organización de un ‘candelight’ para este nuevo año 2026.

El edificio conserva el atractivo arquitectónico y se ha llevado a la grabación de películas en su añeja biblioteca

En otra estancia está el comedor, donde las religiosas comían en absoluto silencio mientras una compañera leía pasajes sobre una pasarela de madera situada a dos metros de altura en el extremo de la entrada. En otro salón se encuentra la sala capitular, donde se hacían los debates y asambleas y a unos pasos está la biblioteca con un diseño de época, donde destacan los libros en armarios de madera. Su singularidad ha hecho que en su interior se hayan rodado escenas de tres películas, con una escalera estrecha de madera que conduce hasta las habitaciones de la planta alta. El colectivo baraja transformar la biblioteca en un pequeño museo, dada su relevancia.

Nieves Ramos destaca que el convento se diseñó en base a secciones independientes que pueden evitar las comunicaciones y molestarse. Tampoco falta un piano y una chimenea para dar calor en los días de frío de las medianías de Teror.

En todas las estancias sobresalen los cuadros religiosos, muchos de ellos afectados en su tonalidad por el paso del tiempo. El edificio conserva algunas piezas de arte de gran valor, de las que sobresalen el lienzo que recrea la expulsión del Paraíso de Adán y Eva, del pintor Juan de Miranda (1723-1805), así como también las cristaleras decoradas y el rico mobiliario, realizado con maderas nobles, además de la cantería de piedra de Arucas con sus elementos decorativos.

Centenario del Convento de Teror

Vista exterior del convento. / Andrés Cruz

Además del uso turístico que se le pretende dar al inmueble para su proyección fuera de estas paredes, el colectivo viene llevando a cabo un amplio programa social, solidario y cultural, con el objetivo de mantener las funciones de este espacio religioso y para abrir sus puertas a la sociedad y a sus inquietudes. El convento da empleo a una docena de personas, además de la Casa de la Espiritualidad.

En su historia, en la implantación de la congregación hay que buscar su origen en las estancias de las Dominicas en el Palacio Episcopal de Teror. Tanto les gustó, que comenzaron a buscar suelo hasta encontrarlo en torno a una atalaya en la que se erigen ahora tras la compra de varias fincas.

En el mismo solar que hoy ocupa el convento se levantó la desaparecida ermita de San Matías durante el siglo XVI. En ella recibió culto la imagen de Nuestra Señora del Pino durante el tiempo en que duraron las obras de construcción de la segunda iglesia parroquial, abierta al culto a comienzos del siglo XVII.

Reinventarse

Con el tiempo, este espacio de recogimiento religioso ha pasado por ser un colegio o la actual casa de espiritualidad. Ahora busca nuevos cauces para fomentar su conservación y reinventarse.

En octubre se cumplió el centenario del convento, que ha venido acompañado de un programa de actos bajo el lema de ‘Alma, memoria y futuro’, que muestra el valor histórico, su trascendencia y su plan para seguir adelante con una visión complementaria.

El convenio con Espacio Verode, dentro de la Asociación Incluye, permite desarrollar las instalaciones mediante varios ejes. Uno de ellos el cultural, que prevé celebrar cada mes actividades entre las que se incluyen certámenes de pintura, conciertos de música clásica, presentación de libros y debates, dentro de este escenario natural.

En segundo lugar, el eje intercultural, con labores solidarias. No en vano, acoge programas dirigidos a jóvenes migrantes con el apoyo de un amplio número de voluntarios de muy diversos ámbitos que ofrecen actividades formativas. Y luego están las actividades de pago para generar empleo y recursos. Para ello también cuentan con una empresa de inserción que ofrece labores de mantenimiento de jardinería y otros servicios.

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