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Entrevista | Javier Solís Doctor en Arquitectura y profesor de la ULPGC

Javier Solís: «Puedes estar sentado sobre un lagar del siglo XVI y no darte cuenta»

El doctor en Arquitectura Javier Solís revela los secretos de la arqueología del vino en Gran Canaria, desde las monumentales Cuevas de Ortega hasta las estructuras excavadas en San Bartolomé de Tirajana que hoy permanecen ocultas bajo el paisaje actual, en el marco de la exposición sobre lagares que se puede visitar en la fachada exterior del Cabildo

El arquitecto Javier Sollís.

El arquitecto Javier Sollís. / José Carlos Guerra

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Las Palmas de Gran Canaria

¿Cómo nace su interés por estos lagares excavados en roca?

Mi interés nació a partir de una línea de investigación que llevaba el catedrático Francisco Ortega Andrade en la Escuela de Arquitectura que trataba del patrimonio etnográfico vinculado al paisaje, donde se podían tomar muchos caminos como la arquitectura de la cal o del viento. Por mi vinculación personal con la tradición, como tenderetero y amante del folklore, me atrajo la arquitectura del vino. Investigando los diferentes tipos de lagares, dimos con los excavados, que creo que son una gran singularidad dada la tradición que tenemos de trabajo en la piedra desde tiempo aborígenes y, a su vez, una parte menos conocida. El origen se remonta a un inventario realizado en 1994 por un grupo de arquitectos y geógrafos, donde catalogaron más de 80 lagares. Mi trabajo consistió en localizar esta investigación, de la que se había perdido buena parte, y darle un toque más didáctico, recorrer gran parte de los sitios y profundizar algo más, como el rescate de prensas y otro tipo de instalaciones a su alrededor. Me apoyé sobre todo en ese texto y después en caminar y recorrer esos espacios. Como decía mi profesor y director de tesis: «dibuja, dibuja y dibuja».

«El origen de la investigación se remonta a un inventario realizado en 1994 por un grupo de arquitectos y geógrafos, donde catalogaron más de 80 lagares»

Javier Solís

— Doctor en Arquitectura y profesor de la ULPGC

Usted menciona que muchos de estos elementos son «invisibles». ¿A qué se refiere?

Muchas veces recorres el paisaje y hasta te rozas con ellos, incluso puedes estar sentado encima de un lagar del siglo XVI y no darte cuenta. Como no lo conocemos ni lo hemos interiorizado, para nosotros son invisibles. También los llamo así porque en zonas del noroeste, donde hoy se ven plataneras, tengo la teoría de que bajo las aportaciones de tierra para los cultivos hay lagares enterrados de los siglos XVI y XVII, cuando allí se plantaban parras. Hay toda una toponimia que lo recoge en la zona de Guía y Gáldar como Barranquillo del Vino, La Viña o el Llano del Lagar que nos lo dice.

¿Qué pistas nos permiten identificar un lagar histórico en medio del campo?

A simple vista pueden parecer construcciones agrícolas, pero si sobresale una viga de madera que atraviesa la edificación, puedes estar seguros de que allí se hizo vino. En los excavados es más complicado; si damos con ellos, veremos tres elementos: una tina para pisar la uva, una mica o canal por el que se conduce el vino y una lagareta donde se deposita. Si están esos elementos, en sus alrededores seguro que se plantó vid.

San Bartolomé de Tirajana destaca como un punto clave. ¿Por qué se concentran tantos lagares excavados en el suroeste?

Aunque ahora la zona vinícola más conocida de Gran Canaria sea el Monte Lentiscal, no es hasta el siglo XIX cuando empieza a tener ese nivel de actividad. Después de la Conquista, la zona óptima para el cultivo de uvas iba desde Agaete hasta San Bartolomé de Tirajana, al resguardo de los alisios. Los lagares tienen que estar cerca de donde se cosecha porque la fermentación no se puede producir en el transporte, tiene que ser en el lugar donde se pisa o se puede echar a perder todo el trabajo.

«Después de la Conquista, la zona óptima para el cultivo de uvas iba desde Agaete hasta San Bartolomé de Tirajana, al resguardo de los alisios»

Javier Solís

— Doctor en Arquitectura y profesor de la ULPGC

¿Podría describir algún ejemplo significativo en ese municipio?

Está el de los Sitios de Abajo, en el barranco que divide San Bartolomé y Santa Lucía. Es muy singular porque es un lagar excavado no en un terreno rocoso sino en una gran roca que cayó producto de un desprendimiento, una tosca de color ocre oscuro. También el lagar del Caidero, donde se aprovechó una oquedad en la ladera para seguir excavando y vemos cómo la tina y la lagareta se adaptan a la morfología del terreno.

Usted denomina a las Cuevas de Ortega como «la joya de la corona». ¿Qué descubrió allí?

Es un conjunto de producción de vino maravilloso en Las Palmas de Gran Canaria. Costó mucho encontrarlo. Son cuatro tinajas excavadas de 4x3 metros, una barbaridad. Tienen forma de ánfora y pueden almacenar unos 25.000 litros aproximadamente. Están a diferentes alturas para que el mosto fuera vertiendo por gravedad. Mi teoría es que desde el lagar pasaba por las tinajas, se fermentaba y, también por gravedad, entraba en la bodega, que también está excavada. Quien hizo eso conocía la historia del vino y empleó técnicas antiguas.

¿Existe una técnica que sea genuinamente canaria en estas construcciones?

No creo que tengamos ninguna propia, sino que los conocimientos que se trajeron de fuera se tuvieron que readaptar a lo que iban a encontrar aquí. Se encontraron con habitantes que conocían muy bien el trabajo en la roca. Hay una tradición troglodita en Gran Canaria muy significativa y singular en el Archipiélago. Esa técnica de labrar la piedra se trasladó en un proceso de adaptación al medio constructivo.

«El estado de conservación de estos lagares es lamentable»

Javier Solís

— Doctor en Arquitectura y profesor de la ULPGC

Al recorrer la Isla, ¿en qué estado de conservación ha encontrado este patrimonio?

El tema es penoso. El abandono de todo este patrimonio es muy significativo. El ejemplo más claro es el Patio de los Siete Lagares, que es el único BIC (Bien de Interés Cultural) que tenemos en la provincia de Las Palmas vinculado a la cultura del vino. Está en un estado lamentable. Incluso se usó en su momento una experiencia de reconstruir una viga de prensa y el techado, pero hace poco lo tuvieron que eliminar porque ponía en riesgo a las personas que lo visitaban. El único caso que se salva dentro de lo que yo conozco es la Hoya del Parrado. Allí hay unas propietarias detrás que han querido, con mucho cariño, conservarlo, y ahora mismo creo que es el lagar y prensa más completo y en mejor estado de Gran Canaria. En otros lugares se están haciendo esfuerzos, como una cata arqueológica reciente en el fondo de la Caldera de Bandama donde el Cabildo intentó desenterrar una de las tinas del lagar que llevaba muchos años tapada, que se ha vallado y luce mejor aspecto. Pero realmente el abanadono es muy alto.

¿Qué es lo que más le ha emocionado de esta investigación personal?

Ha sido una experiencia enriquecedora. Me impresionó la unidad vitivinícola de Cuevas de Ortega y ahora vamos a profundizar más específicamente en el tema de los lagares excavados, ya que creo que es una parte muy singular de la cultura de Gran Canaria. También me da pena el Patio de los Siete Lagares, hay que seguir trabajando para que se convierta en un lugar de encuentro vinculado al patrimonio. Una de las labores de esta muestra es intentar difundir, proteger y concienciar a las personas de este patrimonio tan vinculado al paisaje.

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