Agricultura
La lluvia alumbra la vendimia tras la peor cosecha en una década en Gran Canaria
El consejo regulador de vinos de Gran Canaria espera que la producción aumente gracias a las precipitaciones de noviembre y diciembre

Imagen de archivo de agricultores vendimiando en la finca de Valerio Hidalgo, en El Pinillo, en La Aldea de San Nicolás.

Las lluvias y el frío invernal suponen un punto de inflexión para el cultivo del viñedo en Gran Canaria después de la peor cosecha en diez años. Pedro Suárez, presidente del consejo regulador de la Denominación de Origen Protegida Vinos de Gran Canaria, considera que si al clima de los meses de noviembre y diciembre le sigue una primavera templada y un verano cálido, será un buen año y la producción incluso podría aumentar, algo que ha sido imposible de conseguir en las últimas temporadas a pesar de la demanda del mercado.
El sector vitivinícola sigue arrastrando el problema de la insuficiente producción para atender una demanda creciente. Pese al aumento de las hectáreas cultivadas en los últimos años, la producción no ha crecido al mismo ritmo e incluso ha descendido, lo que dificulta dar continuidad al producto en el mercado. «Esperamos que este año sea un punto de inflexión», apunta Suárez. En la campaña anterior solo se recolectaron 171.431 kilos de uva, 73.722 kilos de blanca y 97.709 tinta; por los 573.000 kilos de 2015, una cifra decreciente con los años principalmente por las condiciones climáticas.
«Hemos pasado de un año de sequía extrema a un año muy bueno en lluvias. Y parece que va a continuar. Nosotros creemos que todo esto va a ser positivo, porque hemos pasado de unos años en los que se confundía el verano con el invierno. El enero pasado fue un mes muy caliente, por ejemplo. Muchas plantas brotaron cuando tenían que brotar dos meses más tarde. Con lo cual este año va a ser más normal. Es de suponer que será un año bueno, aunque todo depende de cómo se comporte», indica Pedro Suárez.
En la campaña anterior, la cosecha fue de 171.431 kilos, mientras que en el años 2015 ascendió a los 573.000
El responsable del sector explica que la vid necesita en torno a 600 litros de agua para desarrollarse con normalidad, una cantidad que este año «se ha cumplido con creces», favoreciendo el crecimiento de las plantas. Suárez también destaca que el frío invernal beneficia especialmente a los cultivos mediterráneos, ya que ayuda a controlar plagas como cochinillas o pulgones y contribuye a «limpiar» el viñedo.
Aunque Suárez reconoce algunos daños puntuales, como el derrumbe de paredes de piedra seca en viñedos antiguos, subraya que «son muchas más las virtudes que los defectos» de este episodio de lluvias. Además, señala que el terreno, especialmente en los suelos apiconados predominantes en la isla, ha absorbido el agua como una esponja, con escasas escorrentías o barranqueras. «Tengo el defecto de ser optimista y pinta bien. Si el invierno es invierno, la primavera es primavera y el verano es verano, que está acorde a cómo debería ser, será una buena cosecha», augura Suárez.
En este sentido, recuerda que el invierno pasado no fue tan frío y en esta ocasión ha coincidido ese clima con lluvias, a pesar de que las estaciones con más pluviometría suelen ser otoño y primavera. «La tendencia es muy buena y creemos que este año va a ser un buen año», reitera. Respecto a la aparición de focos de filoxera en Tenerife, que ha encendido las alarmas en el sector ante la amenaza que supone para el cultivo, el presidente del Consejo Regulador aclara que no se ha detectado en Gran Canaria. La filoxera, cuyo nombre científico es Daktulosphaira vitifoliae, es un parásito de la vid que ataca principalmente a las raíces, provocando la muerte progresiva de la planta, aunque también puede manifestarse en las hojas.
En el resto de España y Europa, la solución fue la sustitución masiva de vides por cepas injertadas sobre portainjertos americanos, resistentes a la plaga. En Canarias, sin embargo, la ausencia histórica de filoxera ha permitido conservar varietales autóctonos sin injertar, una singularidad que ha sido clave para el posicionamiento internacional de los vinos isleños. Precisamente por ello, la confirmación de estos focos ha generado una profunda preocupación entre viticultores y bodegueros, especialmente en Tenerife, donde existen cinco denominaciones de origen protegidas.
En la Isla aún no se ha detectado la aparición de focos de filoxera, un parásito que amenaza a los cultivos en Tenerife
Para Suárez será clave observar cómo se comportan los focos hallados en zonas como Valle de Guerra y La Matanza tras el invierno y evaluar su evolución según el tipo de suelo, ya que en terrenos arenosos o apiconados tiene más dificultad para afectar a la raíz. Suárez confía en que, con los medios actuales y una estrategia coordinada entre el Gobierno de Canarias, los cabildos y el sector, exista la posibilidad de erradicar la filoxera y mantener el archipiélago libre de esta plaga, como sucedió con el picudo, y es algo que en el siglo XXI, asegura, «no se afronta igual que en el XIX».
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