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Historia

Rumén Sosa, historiador: «El guanche murió como lengua viva, pero dejó muchas trazas»

El doctor en Historia Rumén Sosa (Las Palmas de Gran Canaria, 1983) acaba de publicar su estudio sobre la lengua guanche (LeCanarien Ediciones), tras una investigación de diez años

Rumén Sosa.

Rumén Sosa. / LP / DLP

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Javier Bolaños

Javier Bolaños

Las Palmas de Gran Canaria

¿De dónde viene su interés por la lengua de los guanches?

Siempre he sido una persona a la que le ha interesado mucho los idiomas y desde pequeño me llamaba la atención que en Canarias existieran nombres de lugares, personales y palabras tan especiales. Con el tiempo, al estudiar historia uní mis dos pasiones: las lenguas y la historia, y de lo nuestro. Al principio parecía que era algo imposible, porque había poca información, pero cuando lo estudias a fondo y otros casos alrededor del mundo, te das cuenta de que hay cosas que se repiten y eso ayuda.

¿Ha muerto la lengua guanche como dice el libro o tiene matices?

Ha muerto como lengua hablada, viva, pero ha dejado muchas trazas en el dialecto canario y en la literatura canaria en general que nos ayudan a conocer a los indígenas canarios y algo de su lengua. El material no es suficiente para conocer en profundidad, pero sí para poder saber características y hacer uso de ellas para la reconstrucción de la identidad canaria.

¿Quién lo propició o cómo para que desapareciera?

Desapareció por muchos motivos, pero derivados del propio proceso de colonización. La nueva sociedad colonial, la élite estaría acaparada por castellanos y por la lengua castellana, que llevaría cada vez más prestigio. Es la lengua del poder y de los grupos que habitaban Canarias, como portugueses, canarios y moriscos.

«Décadas después de la Conquista había hablantes aborígenes monolingües que no sabían castellano»

Rumén Sosa

— Historiador

¿Fue un proceso lento o radical desde la Conquista en el siglo XV?

Es un proceso relativamente rápido, pero mucho más complejo y lento de lo que se suele creer. Se extendió entre tres o cuatro generaciones. Eso es en torno a dos siglos, pero dependiendo. En algunas islas pudo pasar un siglo. Lo curioso es que en este proceso también existió un bilingüismo, con los indígenas sobre todo hablando dos lenguas: la suya y la impuesta. Y los motivos tienen que ver con eso y con el estigma que sufrió la lengua, que se asociaba a un mundo pagano, no cristiano. Para los europeos era un pueblo bárbaro por el menor desarrollo tecnológico y por haber sido sometido y cristianizado. Hablar cristiano era hablar castellano.

¿Hubo interés en este tiempo por algún grupo en preservarlo?

No se conoce. Pero sí sabemos que en zonas hubo una mayor resistencia lingüística, que se refleja en la cantidad de la toponimia. Tiene que ver probablemente por la propiedad y por el prestigio que podía alcanzar el indígena. Puede verse en la comarca del valle de Güímar, en torno al culto de la Virgen de Candelaria, donde la lengua se siguió usando más tiempo. Aunque no se pudo evitar su desaparición, algunos apellidos que se han conservado hasta el día de hoy y la toponimia tan intensa nos hacen creer que pudo ser un elemento de identificación. Al estar vinculados los guanches con la Virgen de Candelaria, revertía cierto prestigio. Los descendientes de guanches de Candelaria solían decir que eran cristianos viejos como los castellanos, porque la virgen se les apareció antes de la Conquista.

¿Hay una única lengua guanche en Canarias, una por isla, o varias según los reinos en cada isla?

El término guanche es una extracción para el conjunto de lenguas indígenas. Son parte de la familia lingüística bereber o Amazigh, pero cada isla al menos tenía su propia variante o lengua. Lo sabemos porque los propios cronistas explicaron las dificultades de comprensión entre unas islas. También se usaron indígenas como intérpretes de una isla a otra, lo que evidencia cierta unidad dentro de las diferencias.

«No ha habido una entidad científica especializada, sobre todo por política, pero se está superando»

Rumén Sosa

— Historiador

Se ha hablado de la similitud de la lengua con el vascuense. ¿Qué opina de esa teoría?

Un estudio profundo ha demostrado que son diferentes.

¿Por qué se ha estudiado tan poco la lengua y que lo hayan hecho pocos canarios también?

Hay pocos, es cierto. Existe una tradición de estudios lingüísticos desde el siglo XIX, pero casi siempre extranjeros y esporádico. No se ha desarrollado en Canarias una entidad científica especializada en la lengua indígena. Eso ha propiciado que fueran extranjeros. Se debe sobre todo por motivaciones políticas, pero creo que se está superando. Porque con el auge independentista a finales del siglo XX fue excluida de la Academia. Pero se ha vuelto al interés del mundo académico. Pero queda mucho por desarrollar a nivel institucional y universitario con grupos de investigación. Es el reto para este siglo.

¿Se podría hacer un diccionario con lo que se conoce?

Hay lingüistas que lo han intentado, pero que se limita al vocabulario que se conserva, con frases y pequeñas construcciones.

¿Y se podría revivir la lengua, al menos parcialmente?

Hay varias opciones a desarrollar en el futuro, gracias a la lingüística comparada, con las lenguas bereberes modernas, que ayudan a reconstruir muchas palabras que nos han llegado. Sería un gran avance que apareciera nueva documentación. Por otra parte, desarrollar especialistas y grupos de investigación, que requiere apoyo económico y académico. Y, por último, con la lingüística comparada se puede llegar a la recreación lingüística. Hay mucho por hacer, más de lo que se puede creer. Los cronistas recogieron nombres de lugares, de personas y un léxico disperso e inconexo, con pocos verbos. Pero este método, con las lenguas bereberes modernas, puede permitir hacer reconstrucciones del sistema verbal y otros ámbitos gramaticales que no nos han llegado. También se pueden revisar archivos de otros países y en la Península.

¿Cuáles han sido las sorpresas en estos 10 años de investigación?

Encontrar que en muchos lugares del mundo se han producido procesos similares. Que había más información de la que me esperaba, aunque desde el principio me dijeron que era casi imposible hacer este trabajo. Pero buscando en fuentes muy dispersas se puede recoger e interpretar información. Y cuando estudié testamentos guanches encontré a personas que muchas décadas después de la Conquista seguían hablando guanche monolingüe, y no habían aprendido castellano.

¿Va a seguir profundizando en la investigación?

Mi intención es seguir profundizando porque queda mucho que indagar. También revisar y mejorar los datos. Hay campos que se abren y pueden producir mayor conocimiento.

¿Crecerá el apoyo institucional por este tema?

También depende del apoyo social. Y en Canarias el interés por su historia está creciendo y soy optimista. Tanto de la academia como las instituciones. Es una riqueza cultural que nos beneficia a todos. Y tenemos derecho a disfrutarlo.

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