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Investigación

Cuatro grandes incendios suman el 97% del suelo quemado en Gran Canaria en 20 años

Un estudio de la ULPGC revela que si bien cada vez hay menos fuegos, sí son más devastadores y que el abandono del campo, más que el cambio climático, es una de las principales causas

Imagen de archivo del incendio de verano de 2019 en Artenara.

Imagen de archivo del incendio de verano de 2019 en Artenara. / Andrés Cruz

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Las Palmas de Gran Canaria

Gran Canaria ha experimentado una transformación radical en su régimen de incendios forestales durante las últimas dos décadas. El estudio científico 'Dinámica de incendios forestales y riesgo en la interfaz urbano-forestal en Gran Canaria (España): Influencia del cambio climático, la ordenación del territorio y las políticas de protección civil', publicado en la revista Geographies, revela que solo cuatro grandes incendios forestales, en 2007, 2017, 2019 y 2020, el 0,4% de 988 eventos registrados, fueron responsables del 97,6% de toda el área quemada entre 2000 y 2020 con un total de 46.358,5 hectáreas. El mayor de ellos, ocurrido en 2007, afectó a 18.684 hectáreas, convirtiéndose en el incendio más grande jamás registrado en el archipiélago canario.

Según la investigación, firmada por Fernando Medina, Pablo Máyer, Feliciano Tavío y Lorenzo Quesada, de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, aunque el número de incendios ha disminuido de manera significativa, la gravedad y el impacto espacial de los eventos extremos se han intensificado de manera alarmante, especialmente en las zonas de interfaz urbano-forestal, es decir, donde las construcciones humanas y la vegetación se encuentran y se mezclan.

Una nueva realidad que requiere adaptación urgente

«El 96,7% de lo que arde en los últimos años se debe a estos grandes incendios. Esto no nos sorprende, pero confirma científicamente lo que ya sabíamos por experiencia: que estos grandes fuegos son extraordinariamente virulentos», resume Medina.

El estudio concluye que Gran Canaria ejemplifica una transición en curso: del modelo tradicional de extinción de incendios hacia la creación de territorios adaptados para coexistir con incendios más frecuentes, intensos y condicionados por el clima. «El desafío ya no es eliminar el fuego, sino vivir con él bajo un modelo que reduzca su impacto y evite que se convierta en un desastre», enfatizan los investigadores. Para lograrlo, será esencial integrar la adaptación climática, la planificación territorial y una regulación más estricta del uso del suelo en áreas de interfaz urbano-forestal, indica el estudio. Los paisajes resilientes, aquellos que son capaces de resistir y recuperarse de desastres, no pueden existir si las construcciones irregulares continúan expandiéndose en zonas de alto riesgo sin criterios estrictos de planificación o diseño adaptado al fuego, advierten.

«El desafío ya no es eliminar el fuego, sino vivir con él bajo un modelo que reduzca su impacto y evite que se convierta en un desastre»

Más allá del clima: el abandono rural como factor clave

Uno de los hallazgos más sorprendentes del estudio es que el cambio climático, aunque relevante, no es el factor principal. «El cambio climático no es una de las causas principales de la severidad de los incendios», afirma el investigador. «Tiene mucho más que ver con el abandono de las prácticas rurales y sobre todo de ese sistema agro-silvo-pastoril que tenía Gran Canaria y que queremos recuperar».

El análisis climático del estudio revela que entre 1991 y 2020, el número de días con temperaturas extremas (superiores a 30°C) ha aumentado significativamente, con casi medio día adicional por año. El año 2017 registró el máximo histórico con 46 días de calor extremo. Sin embargo, Medina insiste en que «las condiciones climáticas favorecen la ignición, pero no explican todo. Es el abandono del campo y la acumulación de material combustible lo que genera el caldo de cultivo para que estos grandes incendios se puedan producir».

«El abandono del campo y sobre todo la acumulación de material fácilmente combustible es un problema grave»

Las soluciones: volver al campo y crear paisajes en mosaico

Ante este panorama, Medina es claro sobre las soluciones necesarias y apunta a «la vuelta a los usos agroforestales tradicionales», aunque reconoce que «es complejo, pero el abandono del campo y sobre todo la acumulación de material fácilmente combustible es un problema grave».

El investigador destaca la importancia del trabajo de prevención en las zonas forestales y especialmente en la interfaz urbano-forestal. «Es importante volver, por lo menos, a no tenerlo de espaldas, sobre todo las zonas agroforestales y ese abandono que hemos hecho del campo», explica.

Medina señala iniciativas prometedoras como Gran Canaria Mosaico. «Se está haciendo muchas cosas y esta es un ejemplo. Creemos que en el futuro puede mejorar mucho, sobre todo en las fases iniciales», indica, con el objetivo final de crear paisajes heterogéneos que permitan un control rápido antes de que los incendios alcancen dimensiones catastróficas.

La interfaz urbano-forestal: el nuevo desafío

Uno de los aspectos más críticos identificados en el estudio es la problemática surgida en la interfaz urbano-forestal. «Cuando la población se ha ido a zonas prácticamente forestales a vivir, eso genera problemas importantes», explica Medina.

El traslado de población a estas zonas no solo aumenta el riesgo de ignición por negligencia, sino que complica enormemente las labores de extinción. «Cuando nos trasladamos a esa interfaz urbano-forestal, ya hay una parte humana ahí que está donde no estaba antes. Legalmente tenemos que estar pendientes primero de las vidas humanas, con lo cual la extinción del incendio pasa a ser una parte secundaria», reconoce el investigador.

El incendio de 2019 en Artenara y Valleseco ilustra de manera dramática esta realidad: más de 10.000 personas tuvieron que ser evacuadas, constituyendo el mayor desplazamiento humano causado por un incendio forestal en la historia de Canarias.

El 70% de los incendios: negligencia humana

Otro dato revelador del estudio es el origen de los incendios. «La mayoría de incendios son incendios que tienen una mano humana detrás, que están directamente relacionados con alguna negligencia o algún tipo de problemática», señala Medina.«No tenemos incendios de forma natural en Canarias, al menos no los forestales», indica.

El investigador subraya la diferencia crítica entre los pequeños y grandes incendios. «Hay un montón de incendios forestales que se quedan en nada porque se pueden atacar de forma rápida. Pero los grandes incendios forestales que están en esa interfaz urbano-forestal son un poco más difíciles de atacar porque inicialmente lo más importante es salvar la vida de las personas, no el ataque inicial del incendio», analiza.

En ese sentido, revela que los cuatro grandes incendios estudiados en detalle (2007, 2017, 2019 y 2020) se produjeron bajo «condiciones climáticas particulares, con olas de calor», pero siempre con el factor humano como desencadenante y con un patrón que se repite: «Siempre se da en un año anterior seco, eso genera que el material de ignición esté mucho más preparado para ese gran incendio».

Ordenación territorial y emergencias: «primos muy lejanos»

Una de las conclusiones más contundentes del estudio tiene que ver con la desconexión entre la planificación territorial y la gestión de emergencias. «La ordenación territorial y la planificación de emergencias son dos vías que concurren de forma paralela, pero nunca se cruzan», denuncia Medina.

El investigador explica que mientras la ordenación territorial genera condicionantes permanentes para los ciudadanos como las condiciones para construir una casa o qué normativa cumplir, la planificación de emergencias solo se activa en momentos puntuales. «El plan INFOCA (Plan de Incendios Forestales de Canarias) solo se activa cuando está en prevención o cuando hay un incendio activo. La ordenación territorial no sufre con el INFOCA porque deberían ser prácticamente hermanos y lo que son es primos muy lejanos», comenta.

Solo el 9% de los planes municipales se han actualizado en los últimos 12 años

Esta desconexión significa que «la planificación de emergencias no genera que durante todo el año el ciudadano tenga que cumplir una serie de condiciones obligatorias y legales para quien vive en esa zona». El análisis revela que solo el 9% de los planes municipales se han actualizado en los últimos 12 años, dejando la mayor parte del territorio sin ordenación adaptada a los nuevos riesgos.

Incendios de sexta generación: «prácticamente inextinguibles»

«No tiene nada que ver la cantidad de incendios con la severidad de los mismos», explica Medina, quien además de profesor en el Departamento de Geografía ha trabajado durante años en la Central de Coordinación del CECOES (Centro Coordinador de Emergencias y Seguridad). «Estamos ante incendios forestales de sexta generación que azotan de manera mucho más virulenta el territorio», indica.

«Son prácticamente inabarcables y sobre todo inextinguibles. Sus condiciones climáticas son demasiado violentas», describe. Ante estos eventos extremos, añade, «la Protección Civil y la gestión de emergencia se basa principalmente en que no ocurra nada con las vidas humanas».

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