Los últimos zapatos de Agaete
La industria del calzado de Agaete alcanzó en el siglo pasado gran renombre, con dos industrias y cinco talleres artesanales. José Antonio Álamo es uno de esos últimos trabajadores de aquel negocio que dejó huella histórica

Vista de la zona exterior de la trasera de la Fábrica, en una foto de la familia Armas, con personas en las escaleras de acceso y los ventanales. / Cedida del libro 'La horna de la memoria'

Elda (Elche), Almansa (Castilla La Mancha) y Manolo Blachnik, son nombres asociados a la más relevante industria del zapato nacional e internacional. Sin embargo, hasta hace pocas décadas Agaete concentró una exitosa producción de calzado, que reunió dos industrias y cinco talleres artesanales, empleó a casi un centenar de trabajadores, y que fue el principal motor económico local de la época, junto al hotel y balneario de Los Berrazales. El documental La horma de la memoria. Una mirada retractiva sobre la confección de calzado en Agaete, vinculado al libro del mismo nombre, rescata una actividad que dio nombre a la Villa en la islas y en África. Y José Antonio Álamo y su hermano Agustín son últimos testimonios de aquella historia gloriosa que dejó su sello en la película Tirma.
El Museo del Calzado de Madrid recoge una dedicatoria a esa época. «La Fábrica de Calzados Armas, en Agaete (Gran Canaria) forma parte de la historia comercial de las Islas Canarias. Fue la primera fábrica de zapatos de Canarias. Abrió sus puertas en 1936 y cerró en 1975. Sus botas ‘de caña baja’, su zapatos de vestir y sus sandalias fueron muy cotizadas, llegando a abastecer a todas las islas y posesiones españolas en el Norte de África. Llegó a contar con 51 empleados. Su historia va unida a la de Valentín Armas Nuez, su fundador».
El nacimiento de esta industria en Agaete tiene un recorrido previo y algunas hijuelas. Las primeras referencias se remontan a los años 1503 y 1504 (siglo XVI), cuando aparece en las cuentas del ingenio azucarero que los esclavos gastaron dos pares de alpargatas en toda la zafra y pagos con asalariados para zapatos de cordobán (un cuero de alta calidad, suave, fino y resistente, elaborado a partir de la piel curtida de cabra o macho cabrío).
Además, junto a los actuales restos del ingenio azucarero aparece una tenería de curtir pieles para transformar en cuero útil, usado para calzado, vestimenta y guarniciones para bestias y carruajes.
Estas tenerías en el yacimiento de Las Candelarias nos habla ya de un uso industrial en Agaete del cuero en el siglo XV, tal y como recoge La horma de la memoria. Una mirada retractiva sobre la confección de calzado en Agaete. Entrevistas, realizado por José Ramón Santana, César Ubierna, Francisco Javier López y Héctor Moreno.
Los primeros talleres artesanales surgen en Agaete a finales del siglo XIX. Entre ellos, el emplazado en el recién cerrado Bar Perola, regentado por Salvador Medina Palmés, que trabajaba con sus hijos y sobrinos.
Hasta los años 30 del siglo XX estaba el taller de Manuel Bermúdez Santana, en la calle Rosario. En la calle León y Castillo del casco se localiza a ‘Los Simones’, con los hermanos Bermúdez, que llevaban todo el trabajo de manera artesanal. «Era un zapato irrompible», se decía, y que se heredaba por su durabilidad.
En San Pedro de El Valle abrió el taller de Antonio García Rosario (maestro zapatero y remendón). Falleció en 1949 y el negocio fue heredado por su hijo Pedro García García, hasta finales de los años 50; y en la Vecindad de Enfrente, el taller de Clemente Dámaso Vega, activo hasta los 70 de siglo pasado.

Vistió en ‘Tirma’ a Silvana Pampanini y suministró a la policía local de Las Palmas y a nómadas africanos / La Provincia
Los primeros datos concretos del nacimiento de la gran industria del cuero nos lleva a mediados del siglo XIX. La familia Armas contaba con un taller artesanal de fabricación y reparación de calzado y otros aperos de cueros en la calle San Sebastián, 3, con cinco empleados.
Con el cambio de siglo se convirtió en una boyante actividad. Ya el primer padrón de Agaete de 1910 contabilizaba 62 zapateros: tres maestros, 58 oficiales y un aprendiz, según los autores del libro.
En 1903 la tienda ya es del maestro zapatero Valentín Armas (1852-1909) que la hereda de su padre José Armas. Tenía entre 8 y 10 operarios. Don Valentín fallece a los 60 años (1909), y se hace cargo del negocio su viuda Juana de la Nuez Palmés y sus hijos Pedro Armas Nuez (con 16 años) y Valentín (14 años).
«Los Calzados Armas de Agaete se han im puesto en toda la isla», publicaba LA PROVINCIA el 22 de julio de 1936, destacando que llevaban 60 años con la actividad. Ante la pregunta de si vendía todo el género, los dueños responden: «Ya lo creo. Toda la producción. Y más si tuviéramos». Y destacaban que su principal mercado era la capital. El periodista recoge: «Nunca nos pudimos figurar que allí, en aquel pueblo existiera una industria de la importancia de esta».
La fábrica de calzado Viuda e Hijos de Valentín Armas adquiere la máquina de sinisaje, que le permite entrar en la primera división del gremio, con la incorporación del charol, junto a sandalias para niños. «No tenemos competencia», señalaban.
El éxito les lleva a ampliar la antigua tienda-taller, con la incorporación de maquinaria y personal, y la diversificación de modelos y productos. Crece con 22 operarios («todos de Agaete»), convirtiéndose junto al hotel y el balneario en la primera industria de la Villa y su trabajo se repartía por toda la Isla a diario en el coche de hora (guaguas).

El Museo del Calzado de Madrid recoge que Armas fue la primera fábrica de Canarias y referente comercial / La Provincia
Los autores del documental destacan que «la marca de calzados Armas se va imponiendo. Y es un sello distinguido en toda la provincia; sus zapatos, prácticamente artesanales, del mejor cuero del mercado, tienen una duración casi eterna y son reclamados por todas las zapaterías de la Isla. Su especialidad son las botas de trabajo, los zapatos de charol y las sandalias para caballeros, señoras y niños».
Introducen el motor a gasoil, trayendo el material de Igualada (Barcelona). Y el puerto de Las Nieves les sirve para exportar a Tenerife.
El estallido de la Guerra Civil, lejos de hundirlos, les fortalece. La mayor parte de las fábricas del Levante y Cataluña quedaron en zona republicana y no llegaba de la Península. Lo mismo con la Segunda Guerra Mundial, al paralizarse el comercio internacional.
Las desavenencias conducen a una separación traumática de los hermanos Armas Nuez el 14 de febrero de 1948, tras casi cuatro décadas conduciendo el negocio familiar.
Esto hace que a partir de 1950 Agaete ya cuenta con dos fábricas de zapatos, ya que cada uno abre su propio negocio. Pero, el exponente de la internacionalización y la industrialización recayó en Calzados Armas, conocida como La Fábrica, en el barrio de San Sebastián, propiedad de Valentín Armas y que fue la que más éxito alcanzó. Los años 40 y 50 fueron años de grandes pedidos. Se vendía en las posesiones españolas de África, Ifni, Sáhara y Guinea Ecuatorial. Suministraba al ejército colonial, a las tropas nómadas y a la policía territorial (las llamadas nailas o naylas) unas sandalias de goma para la arena del desierto.
Además, era proveedor de la Policía Local de Las Palmas de Gran Canaria, a trabajadores portuarios y otros obreros municipales. También llevaban a la tienda de un familiar en Tenerife.
En 1954 se hace con el contrato del calzado, vestimenta y atrezos para la película Tirma, con Silvana Pampanini y Marcello Mastroiani como estrellas. Para cumplir con los enormes encargos hicieron muchas horas extra y trabajaron los domingos, que era el único día de descanso. No solo pusieron sandalias a los protagonistas, sino que atendieron la demanda de cinturones, correaje y otros equipos.
El incendio de la decadencia
Tras una ampliación de los talleres y entrada de maquinaria moderna llegan a fabricar hasta 200 pares de zapatos diarios. Y es cuando alcanza hasta 46 trabajadores, de los que tres eran mujeres (Fermina, Celeste ‘la de Paquita’ y ‘Juanita’ Cubas), sentadas en un cuarto aparte, cobraban menos y hacían tareas de cosido de las pieles.
En 1963 tiene capacidad para producir 11.000 pares de calzado de caballero, 13.500 de señora y 6.000 sandalias. Y hacían incluso botas ortopédicas adaptadas a cada persona y su discapacidad física. Pero llegó el declive. A la 1 de la madrugada del 10 de marzo de 1966 la fábrica sufrió un incendio. Las pérdidas se calcularon en 500.000 pesetas (3.000 euros), aunque se apuntó en El Eco de Canarias que todo estaba asegurado.
La competencia del ‘plástico’ de las industrias peninsulares, el cierre de la empresa de curtido de Tenerife y que era más caro el de Cataluña y la pérdidas de las colonias hizo decaer la industria. Hasta que echó el cierre en 1975. El dueño indemnizó a los 11 operarios que quedaban con el reparto de la maquinaria, para que siguieran diseñando en su casa.
La otra gran industria era la de su hermano, ‘maestro’ Pedro Armas Nuez, denominada ‘Calzados Agaete’ y conocida como La Zapatería (la fábrica de abajo), en la calle León y Castillo esquina con San José. Curiosamente, su número de teléfono era 10. En el mismo año 1948 de la división de la empresa familiar logra los permisos y estrena su actividad. Alcanzó una media de 25 trabajadores, hasta su cierre en 1965, tras sufrir problemas de liquidez e impago de salarios.
Como curiosidad, la mayoría de zapateros de Agaete formaban parte de la Banda de Agaete. «Había zapateros de arriba y zapateros de abajo», en una curiosa simbiosis de esta actividad laboral y el ocio musical. Con el cierre de los dos principales negocios se puso fin a un etapa boyante de la industria del calzado en Agaete, cuyo nombre resonó en Gran Canaria y fuere de sus fronteras.
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