Gran Canaria
Nueva protesta en Salinetas por el deterioro del litoral y el modelo de acuicultura: «Cuando se cierra una playa, se apaga un barrio»
Personas vestidas de negro, kayaks y bucios protagonizan la tercera protesta convocada por la Plataforma Ciudadana por el Mar Limpio en el litoral de Telde

Martina Andrés

«Con el corazón encogido, con los pies en la arena y los ojos llenos de tristeza». Así han protestado este domingo desde la Plataforma Ciudadana por el Mar Limpio en la playa de Salinetas, en Telde, en un acto que contó con la presencia del alcalde del municipio, Juan Antonio Peña. Por tercera vez, el colectivo volvió a convocar una movilización para denunciar los episodios recurrentes de contaminación en el litoral, el modelo actual de acuicultura y el impacto de las jaulas marinas sobre los fondos y la calidad del agua.
La concentración arrancó a las 12.00 horas, bajo un sol firme que no disuadió a quienes acudieron a la llamada. El ambiente fue tan reivindicativo como simbólico, con un grupo de personas que se adentró en el agua con ropa negra, ya fuese a nado, en kayaks o en tablas de surf. Desde la orilla, los bucios y las pitas rompían el murmullo constante del mar; en la arena, crucifijos clavados miraban al océano, mientras una nube de humo rojizo teñía por momentos el horizonte, como una señal de alarma visible desde lejos. Una forma de hacerse oír y de hacerse ver.
Familias enteras participaron en la protesta, con niños y niñas incluidos, en una imagen marcada por el duelo, la denuncia y el amor a una tierra que está siendo maltratada. «Hoy estamos aquí por tercera vez por lo que está ocurriendo en casa, en nuestro mar», expresó la portavoz de la Plataforma durante la lectura del manifiesto que dio comienzo a la protesta. «Este mar no es solo de los que aquí viven y residen, sino de todos aquellos que lo disfrutamos. De isleños y de gente de más allá», añadió.
Desde el colectivo han vuelto a insistir en que el litoral de Telde continúa sufriendo «episodios de mucha suciedad descontrolada y contaminación que nadie puede ignorar», y acusan a las administraciones y a las empresas implicadas de «ocultar información de forma cómplice y alevosa en contra del pueblo».
En ese sentido, recordaron que el cierre de playas -habitual en los últimos meses- por causas sanitarias tiene consecuencias que van más allá del baño: «No solo se cierra un espacio natural, se apaga la alegría de un barrio. Se vacían negocios, se quiebran sueños de quienes dependen del turismo y la hostelería para sobrevivir. Se pone en pausa la vida de todos y todas», apuntó la portavoz.
La Plataforma apeló también a los compromisos internacionales y europeos en materia ambiental que, en sus palabras, «no se están cumpliendo». Así, se citaron los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU, la Directiva Marco de Estrategia Marina, el Pacto Europeo por el Océano y la Red Natura 2000. A su juicio, durante años se ha permitido «desaguar residuos indiscriminados, desarrollar una acuicultura sin control y generar emisiones sin sanción efectiva», rompiendo la cadena de vida que alimenta el mar y a las comunidades desde hace más de 20 años.
Lejos de un mensaje derrotista, la portavoz insistió en que esta tercera protesta busca ser «una llamada de atención para evolucionar hacia un cambio real» que permita iniciar «una restauración urgente de la biodiversidad marina». «Defender el mar es defender la salud, la economía azul, la sostenibilidad, la biodiversidad, la cultura y el patrimonio marino de Canarias», afirmó, subrayando que «un mar sano es un derecho universal, no un privilegio».
El manifiesto se centró también en las consecuencias del actual modelo de acuicultura, sobre el que también se puso el foco al grito de «¡jaulas no!» y al que califican de «defectuoso» y «no sostenible», por el vertido de excrementos, restos de piensos y otros residuos en un entorno especialmente vulnerable. «El mar no es un vertedero, no es una fábrica sin límites. El mar es vida, es equilibrio», concluyeron, entre aplausos, con la mirada puesta en el horizonte y en el mar que reclaman como espacio de vida y de futuro. Hoy amenazado por un modelo que, denuncian, prioriza el beneficio económico frente a la salud ambiental y social.
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