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Tejeda

Portugal acecha el almendro en flor de Tejeda

El alcalde guía a una delegación de Castro Marim, que celebra en el Algarve unas fiestas muy parecidas

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Javier Bolaños

Javier Bolaños

Tejeda

Tejeda quiere hacerse más internacional, después de la exitosa navidad con los bombones Ferrero Rocher. La delegación de un pueblo del turístico del Algarve de Portugal tomó ayer buena nota de sus Fiestas del Almendro en Flor, ya que ambos están ‘hermanados’ por una celebración con rasgos muy similares.

La gente madrugó este domingo para visitar la Cumbre, para ver sus almendros en flor y disfrutar de su fiesta. Tal vez, porque la experiencia confirma que los primeros que llegan encuentran con una mayor facilidad un aparcamiento para dejar el coche, y el resto debe buscarse la vida pateando. O porque querían disfrutar del ambiente gastronómico, de la música parrandera, de los 78 puestos con comidas de la tierra y artesanía, de la exhibición de lucha canaria, la trilla, ganado y los oficios tradicionales canarios. Todo esto forma parte de las Fiestas del Almendro en Flor de Tejeda, que este año cumple 53 ediciones.

'Hot chocolate'

Apenas se estaba yendo el relente de la noche y el sol calentaba el cuerpo, cuando los primeros buches hambrientos ya estaban degustando la carne preparada por vecinos de los barrios del municipio cumbrero, que ponen como es tradición sus puestos para recaudar algunas ‘perrillas’ para los menesteres de sus asociaciones. Y, en medio, se escucha a un avispado vendedor que ‘vende’ sus ‘hot chocolate’, para los turistas que están empezando a despertarse, un día después de su día en esta fiesta.

Una parranda anima a turistas y canarios.

Una parranda anima a turistas y canarios. / J. B.

La ‘milla de oro’ de Tejeda, la calle en la que se concentra todo el movimiento de puestos y visitantes, es un punto de encuentro para muchos conocidos también. «Ella es vecina mía de La Aldea», le explica una mujer mayor a su acompañante, durante la improvisada conversación. No resulta extraña la presencia de aldeanos en esta fiesta. No en vano, salió una guagua de vecinos para disfrutar del almendro en flor.

Bocadillos de pata de La Culata

En una esquina se montan ya poco después de las diez y media de la mañana las primeras colas para comprar un bocadillo de pata recién cortada a mano.

Alejandro Vega señala que han preparado 14 patas. Diez se fueron el sábado, con el Día del Turista, que también alcanzó un gran éxito de visitantes. «Los turistas estaban privados», manifiesta durante una leve pausa, mientras un visitante le da algunas recomendaciones sobre los cortes.

Alejandro Vega, cortando una pata asada para los bocadillos.

Alejandro Vega, cortando una pata asada para los bocadillos. / J. B.

Las otras cuatro patas ya estaban casi listas el domingo, porque los clientes se amontonaban cada vez más junto al puesto para llevarse este bocadillo a cuatro euros.

Alejandro Vega corta lascas sin parar, mientras aclara que se traba de cochinos del barrio de La Culata, y que han sido previamente asados en la dulcería de Tejeda.

Al otro lado de la mesa de corte se encuentran los panes. El sábado se consumieron unos 650, y se espera al menos que salga más de la mitad en estas horas de ajetreo.

Una paseo para la trilla

Bajo los quioscos se ven carteles en varios idiomas, con los precios de los platos. El barrio de La Solana ofrece sancocho canario a cuatro euros a partir del mediodía y la carne de cochino a tres euros. También hay puestos con la barra de pan de campo con chorizo de Teror y queso de medio tiempo a seis euros, y tres euros y medio si se quiere comprar la mitad.

En la superficie del aparcamiento subterráneo están los oficios tradicionales. Las yuntas no hacen más que dar vueltas sobre la paja tirada en el suelo, mientras niños y mayores se suben en la parte de atrás, para conocer en primera persona cómo se maneja este oficio.

La calle principal, llena de visitantes.

La calle principal, llena de visitantes. / J. B.

Bajo los distintos toldos están los animales, entre los que no faltan las ovejas, las cabras y los burros, sobre los que también se ofrecen unas pequeñas ‘excursiones’ por los alrededores. Y unos niños preparan queso artesano con sus manos, mientras los curiosos prestan atención y muestran la admiración por su joven adiestramiento, y en otros momentos los ganaderos ordeñan sus animales.

Al otro lado se expone el trabajo de la artesana Lesley Bohncke. En el año 2009 abrió su taller en La Gavia, en Telde, y ahí sigue confeccionando vestimenta con la lana de las ovejas, y luchando con pasión por un oficio que es ya casi testimonial, pese a que antaño fue esencial para la población canaria.

Un hierro

Lesley Bohncke realiza mediante técnicas ancestrales chalecos, sombreros y pañuelos, creando ella misma el fieltro a partir de la lana de ovejas, y realizando el proceso de limpieza de una forma manual. En otras piezas aplica lana merino.

La artesana reconoce que esta es una forma de aprovechar la lana de las ovejas, que ahora lamentablemente se ha convertido en un habitual desecho que acaba en el contenedor de basura, pese a la utilidad que se le puede dar.

La artesana Lesley Bohncke, preparando la lana para confeccionar alguna prenda, con algunos utensilios para su trabajo, un caldero al fuego para teñir la ropa, y los chalecos ya acabados expuestos a su espalda. A su lado, Pablo, limpiando la lana.

La artesana Lesley Bohncke, preparando la lana para confeccionar alguna prenda, con algunos utensilios para su trabajo, un caldero al fuego para teñir la ropa, y los chalecos ya acabados expuestos a su espalda. A su lado, Pablo, limpiando la lana. / J. B.

En el puesto se puede ver los distintos pasos, tras el esquilado y el lavado. Como también en un barreño alguna pieza tiñéndose, para lo cual se usan colorantes naturales, como puede ser la cochinilla y hasta las cáscaras de cebolla.

A su lado está su compañero Pablo pasando la lana por una pequeña máquina con rodillo, en un proceso inicial para eliminar los restos de suciedad que acumulaba la piel exterior del animal.

En su caso, el chaleco es la prenda que más interés despierta entre su clientela, aunque también las mochilas. «Yo trabajo por encargo, y muchos a través de la Fedac», esto es, la Fundación Etnográfica para el Desarrollo de la Artesanía Canaria, del Cabildo.

Un sombrero le puede llevar unas diez horas de trabajo artesanal, y algo más cuando se pone manos a la obra a confeccionar un chaleco.

‘Meat in sauce’ y ‘fleisch in soba’

La gente del barrio Timagada ofrece a sus comensales papas arrugadas con mojo, carne en salsa (‘meat in sauce’, en el cartel para los ingleses; o ‘fleisch in soba’ para los germanos), y escaldón de pescado (a tres euros). Y una frase de leyenda: «Timagada, donde la tierra canta y el alma florece».

Fernando Sánchez está detrás de uno de los puestos más innovadores de comida. Este oriundo de Mendoza, en Argentina, y con acento ya muy canario, tiene un puesto de piñas a la brasa. ChonPepe da el toque original con sabores para todos los gustos y para quienes tienen limitaciones para comer, como los celiacos. Con sal, con mantequilla, con sal picante, con sal y azafrán, y así un amplio listado con todo tipo de sabores, que llena el cartel en el que da a conocer el producto en venta.

«Este es un producto tradicional en Canarias, y a la gente le gusta subir al campo y comerlo. Pero cuando yo empecé apenas había quién lo hacía», señala.

El sábado preparó un total de 440 piñas, y esperaba con un buen día llegar hasta las 600 durante la jornada dominical en Tejeda.

Fernando Sánchez, preparando las piñas a la brasa, para darle más tarde el toque personalizado de cada comensal.

Fernando Sánchez, preparando las piñas a la brasa, para darle más tarde el toque personalizado de cada comensal. / J. B.

Fernando Sánchez se dio a conocer por un puesto de castañas en el Centro comercial Alisios, en la capital. Y ahora lleva también por los pueblos las piñas. «Estamos todos los domingos en Teror», le anuncia a su clientela. Y resalta que muchos jóvenes prefieren comerse ya una piña asada a carbón que un perrito caliente o una hamburguesa, que también tienen su lugar en estas fiestas.

En algunos puntos estratégicos está el producto estrella, las almendras. Una piedra y un hierro son los enseres que las acompañan para partirlas de forma individual por quien quiera, y no volverse a sus casas sin probarlas.

Un hombre, abriendo las almendras, en Tejeda.

Un hombre, abriendo las almendras, en Tejeda. / J. B.

Entre la iglesia y el ayuntamiento se mueven en una exhibición las nuevas generaciones del club de lucha Tinamar, de San Mateo. Y las distintas parrandas están dispersas entre los quioscos ofreciendo las canciones más tradicionales del repertorio canario.

Mientras, el alcalde de Tejeda, Francisco Perera, hace las veces de cicerone con un grupo de personas. Se trata de una delegación procedente de la localidad de Castro Marim, de Portugal (de unos 8.000 habitantes, y muy pegadita a España y el municipio de Ayamonte) que está tomando buena nota de las Fiestas del Almendro en Flor, ya que también ellos celebran una parecida en su tierra. Las autoridades no descartan que terminen hermanándose en poco tiempo.

Francisco Perera, junto a la delegación portuguesa.

Francisco Perera, junto a la delegación portuguesa. / J. B.

En la promoción dentro de sus redes sociales de la página oficial de Turismo de Portugal se señala que: «la Fiesta del Almendro en Flor del Algarve vuelve en febrero al Alto Mora, en Castro Marim. El evento ofrece a los visitantes una serie de actividades y experiencias, así como paseos por valles, arroyos y los antiguos almendrales de las montañas del Algarve. También habrá espectáculos callejeros, danza, teatro, artes en vivo, música tradicional portuguesa, juegos tradicionales, talleres de pan y queso de cabra, talleres de plantación de almendros y gastronomía tradicional. Venga a descubrir la leyenda asociada a la flor del almendro».

En este caso, la Fiesta del Almendro de Tejeda nace en el año 1970, bajo la denominación en esa primera edición promovida por los jóvenes del pueblo de PUM 70. Un año después, bajo el apoyo municipal, adquiere su actual denominación. Está considerada la primera fiesta pagana constituida como tal en Gran Canaria. Se celebra en pleno invierno, y coincide con la floración de los almendreros en febrero. «En la comunidad ninguna otra fiesta de relevancia enaltece la floración de sus campos como es la del Almendro».

Y sardinas

Una de sus singularidades consiste en que cada barrio cuenta con un puesto, su gente va ataviada con trajes típicos ofreciendo a los visitantes degustaciones de platos y productos tradicionales canarios, escogidos previamente por cada uno de una forma diferenciada para que pueda ofrecerse la más rica variedad de productos de la tierra.

Este año, por citar algunos ejemplos, El Espinillo llevaba tortillas de carnaval y arroz con leche; El Carrizal puso a la brasa sardinas, junto al chocolate y queque; El Chorrillo, pan de puño y rancho canario; y Ayacata, garbanzada, potaje de berros, arroz con leche y frangollo, acompañado en muchos de los casos con las papas arrugadas con mojo.

Además, los colectivos sociales y organizaciones de enfermedades también cuentan con puestos. Entre ellos, Cáritas brindó con licor de naranja y ofreció de postre truchas de batata y cabello de ángel con almendras, bienmesabe, tarta de almendras y bollos.

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