Entrevista | Leví García Geógrafo e investigador de la ULPGC.
Leví García, geógrafo: «Maspalomas va a cambiar, pero no va a desaparecer»
Un estudio reciente de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, del que formó parte Leví García, registró un retroceso de 120 metros de la línea de costa de la playa de Maspalomas en los últimos 60 años

Leví García, geógrafo e investigador de la ULPGC. / José Carlos Castro
¿Qué fue lo que más le impactó cuando empezó a analizar los datos?
En un estudio en La Graciosa con el que empecé, cuyo objetivo era ver la función de la vegetación para el paisaje de la isla, me llamó la atención la interpretación tan distinta que tenía la sociedad sobre un asunto con una sobrada base científica. En este caso, la gente creía que cortando la vegetación, las playas no perderían arena. Sin embargo, está más que demostrado que la vegetación tiene una función de captar arena y de retener el suelo, no solo en dunas sino también en sistemas montañosos, donde cumple un papel importantísimo para evitar la erosión. Es curioso cómo una mala interpretación, por falta de acceso a la información, puede dar lugar a iniciativas, quizás no tan acertadas. Esto me llevó a interesarme por los procesos biogeomorfológicos, la interacción entre la vegetación y las dunas, más especialmente por aquellos alterados por la actividad humana.
¿Cuánto de lo que está pasando en Maspalomas es reversible?
En estos momentos, Maspalomas está en un momento crítico y la causa no está del todo clara. Puede ser incluso por un déficit de arena natural si la isla no está produciendo tanta arena. Pero lo que sí hemos visto es que todo lo que se ha hecho en los últimos 30 años, exceptuando desde 2018 en adelante, no ha sido correcto. No se tendría que haber desarrollado toda la urbanización de Playa del Inglés y Maspalomas, lo construido forma una cuña que corta el flujo y el transporte de arena y altera la dinámica del espacio, como se ha podido comprobar en diferentes tesis doctorales y artículos científicos. Además, se suma el mal uso del interior con usuarios que hacen actividades no permitidas o que van por fuera de los senderos autorizados y las infraestructuras artificiales de la playa como hamacas, contenedores o goros (cortavientos con piedras). Todo eso bloquea el sistema de dunas y es un efecto heredado de los últimos 60 años.
¿Tiene solución?
Ahora hay iniciativas que están tratando de curar esas heridas en los últimos años, pero todavía queda. Tiene que pasar mucho tiempo para ver si el efecto es positivo, aunque es verdad que hay algunas cosas positivas como la recuperación de buena parte de la población de balancones y la captación de arena en lo que se denomina duna costera, la primera que se forma en Maspalomas que está justo detrás de Playa del Inglés. Esperamos que sea un efecto positivo y que esa desaparición que parece inevitable, se alargue lo máximo posible.
¿Qué influencia tiene el cambio climático en las dunas, en este caso las de Maspalomas?
Uno de los efectos es el aumento del nivel del mar y de la frecuencia de las tormentas marinas. Esto provoca que el mar esté ganando espacio a ecosistemas como el de las dunas. La mayor temperatura del océano trae consigo más inestabilidad, y nosotros como islas oceánicas recibimos estas tormentas agresivas que son cada vez más comunes. Si tenemos un sistema de dunas débil por toda la actividad humana y le sumamos esta amenaza, más se acelera su degradación y desaparición.
¿Se ha documentado el efectos de un temporal concreto?
Tenemos una herramienta desarrollada por el Gobierno de Canarias con modelos de cómo va a aumentar el nivel del mar en toda Canarias, calcula hasta dónde va a llegar. Ahora estamos viendo que con algunas tormentas e incluso simplemente durante las mareas equinocciales -las máximas que hay en un año-, ya se están inundando zonas que la herramienta calcula que ocurra entre 2050 y 2100. Y en ese sentido ya se están observando efectos muy aproximados de lo previsto para el medio o largo plazo. Eso nos preocupa bastante, la verdad.
¿Se puede evitar?
Hay que seguir trabajando en reforzar la duna costera e intentar cambiar la gestión de las playas. Esa inundación la estamos viendo tanto en la Playa del Inglés como en la de Maspalomas. En los últimos años hemos estado trabajando para coordinarnos con las instituciones competentes en la gestión de las playas para que se haga de forma sostenible y faciliten la conectividad ecológica que debería existir entre la playa y el interior de las dunas. Es decir, poder renaturalizarlas sin eliminar los servicios que ya tienen. Necesitamos que la playa tenga cierta pendiente, una captación de arena, que la retenga y se comporte de forma natural. Muchos estudios han señalado que cuanto más naturales son los sistemas, son capaces de responder mejor a cualquier amenaza. Cuando hay alguna alteración como diques u otros obstáculos puestos por la actividad humana, esa dinámica de recuperación o se da más lenta o no se da. Si la playa no se vuelve a alimentar, va retrocediendo, y para que sea sostenible en el tiempo, tenemos que conseguir que se alimente de forma natural.
¿Proyectos como Masdunas son sostenibles?
Lo es porque se están aplicando lo que se llaman soluciones basadas en la naturaleza. Lo que pasa es que Masdunas es un proyecto del Cabildo que puede intervenir en el interior de la reserva natural pero no en la playa. Una de las líneas que se han abierto es la de colaborar con el Ayuntamiento de San Bartolomé de Tirajana, que es el competente en las playas. Es una colaboración necesaria porque si no, el proyecto no tendría sentido. Si la playa se gestiona mal y de manera insostenible, de nada vale que refuerces la duna costera, que plantes balancones o que muevas arena. Al final, si la boca está bloqueada, que en este caso es Playa del Inglés, el sistema no está funcionando bien. Poco a poco, en los últimos años se ha avanzado bastante en la coordinación entre Cabildo y Ayuntamiento.
¿Hay algún lugar en el mundo que haya tenido éxito con este problema?
Respecto al déficit de sedimentos, hasta ahora no hay ningún caso que se haya resuelto al 100%, sobre todo porque también se están viendo afectados por el aumento del nivel del mar. Aún así, hay casos, como en Australia, Nueva Zelanda y EE UU en el que proyectos parecidos al Masdunas han logrado renaturalizar los sistemas, que han pasado a funcionar por sí solos. Pero han sido iniciativas no de dos o tres años, sino de diez o doce años. En ellos, lo que más ha costado no ha sido la renaturalización del sistema sino educar a la población. Cuando empezaron a tomarse medidas en Nueva Zelanda, costó años en que la gente no vandalizara vallas o carteles. Aquí en Maspalomas, al proyecto Masdunas le está costando ya cada vez menos que la gente entienda que no se puede pisar las dunas, arrancar la vegetación o hacer muros de piedras. Va a costar muchos años que la gente entienda que Maspalomas es una reserva natural importante para todo el mundo por sus funciones ecológicas y, cómo no, también un recurso turístico del que mucha gente come gracias a las dunas.
Como científico que lleva estudiando años las dunas, ¿es optimista respecto a su futuro?
Soy optimista porque, aunque entiendo que el paisaje de Maspalomas va a cambiar, creo que se va a mantener y no va a desaparecer por completo. También lo soy porque las diferentes instituciones involucradas van a seguir remando en la misma dirección, incluso independientemente del color político. Si eso se consigue, el efecto que va a soportar el sistema será menor. De seguir así, Maspalomas conseguirá responder mejor al aumento del nivel del mar y al cambio climático.
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