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Telde

Una excavación halla en el ingenio de Los Picachos monedas y restos del XVI

Los hallazgos incluyen formas azucareras, estructuras hidráulicas y utensilios que revelan cómo se producía y exportaba el oro blanco a otros continentes

El equipo de Arqueocanaria realiza trabajos de excavacion en el ingenio azucarero de Los Picachos.

El equipo de Arqueocanaria realiza trabajos de excavacion en el ingenio azucarero de Los Picachos. / LP/DLP

Elena Montesdeoca

Elena Montesdeoca

Telde

Una nueva excavación arqueológica en el antiguo ingenio azucarero de Los Picachos, en Telde, ha sacado a la luz vestigios que reescriben un capítulo esencial de la historia económica de Gran Canaria. Los trabajos han permitido recuperar restos de formas azucareras —moldes cerámicos utilizados para refinar el azúcar—, así como monedas del siglo XVI, entre ellas piezas portuguesas, y diversos recipientes empleados en los procesos productivos de la época.

Las llamadas ‘formas’ eran elementos clave en la elaboración del oro blanco de la isla. Tras la molienda de la caña y la cocción del jugo en grandes calderas, el líquido espeso se vertía en estos moldes, donde se concentraba y terminaba de purgarse. Durante el secado la melaza descendía lentamente y dejaba en la parte superior el azúcar solidificado. Una vez endurecido el bloque se desmoldaba, se volteaba y se preparaba para su empaquetado y exportación en un circuito comercial que conectaba Canarias con puertos peninsulares y mercados internacionales como República Dominicana.

Los trabajos arqueológicos en Los Picachos se iniciaron en 2021 de la mano de Arqueocanaria y, cinco años después, han regresado a la zona con una segunda campaña financiada por el Gobierno de Canarias y por el Cabildo de Gran Canaria.

En esta nueva fase los investigadores han centrado sus esfuerzos en profundizar en el conocimiento de los restos arqueológicos hallados en el enclave. Entre los descubrimientos más destacados figura la localización de los pilares que sostenían la acequia por la que discurría el agua que movía la rueda del ingenio azucarero, una infraestructura que comenzó a funcionar a comienzos del siglo XVI, en torno al año 1500.

Arqueólogos y el equipo de Arqueocanaria realizan los trabajos en Las Longueras.  | LP/DLP

Arqueólogos y el equipo de Arqueocanaria realizan los trabajos en Las Longueras. | LP/DLP

Además, las excavaciones se han extendido a los terrenos de cultivo colindantes en busca de las edificaciones que formaban parte de la antigua fábrica. Junto a la emblemática rueda que molía la caña el complejo contaba con una sala de calderas, espacio en el que se elaboraban las denominadas ‘formas azucareras’. «Yo siempre le digo a la gente que estas formas azucareras se parecen mucho a las rapaduras palmeras, pero de medio metro de altura», explicó Valentín Barroso, director de Arqueocanaria.

Cuando concluyan los trabajos arqueológicos en el ingenio azucarero de Los Picachos los materiales recuperados serán trasladados a las dependencias de la empresa responsable de la excavación. Allí se llevará a cabo un proceso de limpieza, inventariado y clasificación antes de su entrega definitiva a Museo Canario, institución encargada de su custodia, estudio y conservación.

Los hallazgos no solo permiten reconstruir el proceso técnico de producción del azúcar en el siglo XVI, sino también comprender la dimensión social de estos complejos agroindustriales. «Los ingenios azucareros eran como un pueblo, en donde día a día se desplazaban muchas personas de los poblados de la zona», explicó el arqueólogo responsable de los trabajos.

Esa relevancia histórica ha dejado huella incluso en la toponimia y en el patrimonio local. No en vano, la Iglesia de San Gregorio es conocida popularmente como la iglesia de Los Picachos, en referencia directa a este importante enclave productivo.

En torno a los cultivos de caña y a la fabricación del azúcar se articulaba toda una red de infraestructuras destinadas a sostener la vida cotidiana. El ingenio de Los Picachos contaba en ese entonces con hornos para la elaboración de pan, molinos donde se molían cebada y trigo, herrerías en las que se fabricaban y reparaban piezas metálicas esenciales para el funcionamiento de la maquinaria, e incluso carpinterías donde se confeccionaban las cajas destinadas al transporte del azúcar hacia otros puntos del país y del Atlántico.

«Es por eso que no solo buscamos y nos fijamos en restos arqueológicos, sino que también son clave en la investigación los restos arquitectónicos», añadió Barroso, quién destacó la importancia de muros, estructuras productivas y espacios de trabajo para reconstruir la compleja organización de estos enclaves.

Terreno privado

Aunque el ingenio azucarero de Los Picachos, en el municipio de Telde, era conocido por numerosos investigadores y vecinos como uno de los enclaves en la producción del llamado oro blanco insular, no fue hasta 2021 cuando pudieron iniciarse de forma efectiva los primeros trabajos de investigación y recuperación patrimonial. Hasta entonces, el yacimiento permanecía bajo titularidad privada, una circunstancia que había dificultado cualquier intervención arqueológica de envergadura desde el siglo XVI hasta la fecha.

El punto de inflexión llegó cuando el Ayuntamiento de Telde, con el respaldo de otras instituciones públicas, adquirió el solar y por ende la compra permitió desbloquear una situación que se había prolongado durante años y abrió la puerta al inicio de las excavaciones sistemáticas.

No obstante, los trabajos de investigación no se han limitado únicamente al enclave de Los Picachos. Las actuaciones arqueológicas se han extendido también al ingenio azucarero de Las Longueras, igualmente situado en el municipio de Telde, con el objetivo de ofrecer una visión más amplia del entramado productivo que existió en la zona durante el siglo XVI.

Aunque el más conocido y emblemático es el ingenio de Los Picachos la documentación histórica confirma la existencia de, al menos, otros tres complejos azucareros en el término municipal. En el entorno del barrio de San Juan-San Francisco se localizaba otro ingenio; en Las Longueras, en dirección a Valsequillo, funcionó un segundo; y, con anterioridad a estos, también estuvo en actividad el de La Herradura.

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