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Agüimes

¿Sabes qué princesa canaria está enterrada en Agüimes desde hace 500 años?

Este mes se cumplen 500 años del fallecimiento de Catalina Hernández, hija de los reyes canarios Guayedra Semidán, conocido tras su bautismo como Fernando Guadarteme, y de Abenchara Chambeneguer, una muerte que pasó desapercibida en su época, lo que no deberí ocurrir de nuevo cinco siglos después

Escultura de la artista B. de la Vega, localizada en la plaza de San Antón de Agüimes, que homenajea a la princesa Catalina Hernández.

Escultura de la artista B. de la Vega, localizada en la plaza de San Antón de Agüimes, que homenajea a la princesa Catalina Hernández. / ANDRES CRUZ

José A. Neketan

José A. Neketan

Las Palmas de Gran Canaria

A finales de este mes se cumplen 500 años del fallecimiento en Agüimes de Catalina Hernández Guadarteme, nombre que corresponde según los documentos de la época, a la hija de Guayedra (mal llamado Tenesor) Semidán, conocido tras su bautismo como Fernando Guadarteme, y de Abenchara Chambeneguer, también cristianizada con el nombre de Juana Hernández, últimos reyes de la isla de Canaria. Una efeméride que no puede pasar desapercibida por lo que significa en la historia de Canarias. Detrás del nombre de Catalina Hernández Guadarteme se advierte lo dura que fue la transición entre el mundo indígena y el mundo colonial tras la cruenta conquista castellana.

Catalina nació el 30 de septiembre de 1482 en el Alcázar Nuevo de Córdoba. Y no por casualidad ni capricho de la historia. Su madre, Abenchara, fue capturada violentamente en la primavera del año 1482, probablemente en Guayedra, donde residía la familia real en aquellos tiempos tras el abandono de Gáldar. A la reina indígena, que estaba embarazada de pocos meses, la llevan cautiva en barco hasta Sevilla y después la trasladan a Córdoba, donde estaba la corte de los Reyes Católicos en aquel momento. Llegó «doliente a la muerte», como recogen las cuentas de Juan de Frías, alcaide del Alcázar, quien le asigna los mejores médicos de la corte para tratar de sanarla.

Detrás de este rapto había una estrategia política clara. Los Reyes Católicos y sus estrategas tenían claro que había que descabezar el reino de Canaria, en aquel momento unificado tras la extraña desaparición en la Península del Guaderteme de Telde. Sin su reina, Guayedra Semidán no tiene otra opción que pactar con los conquistadores castellanos su propia entrega para convenir una capitulación y asegurar su posición recuperando a su esposa.

Guayedra se entrega, viaja a la Península y llega a Córdoba a tiempo de ver nacer a su hija Catalina. Él ciertamente está presente ya en el Alcázar de Córdoba cuando nace Catalina y ahí es cuando, bautizado como Fernando de Guadarteme, es nombrado caballero castellano. Un año después, tras la anexión de Gran Canaria a la Corona de Castilla, don Fernando regresa a Córdoba y en ese momento le son entregadas su mujer y su hija. Los tres regresarán a Gran Canaria en el verano de 1483.

Unos pocos años más tarde, sobre 1487 Fernando Guadarteme vuelve a la Corte con dos de sus hijas, Margarita Fernández, habida de un matrimonio anterior, y Catalina Hernández, cuando esta última contaba con aproximadamente 5 años.

Menina de la infanta María

Fernando Guadarteme solicita y consigue de los Reyes Católicos que Catalina pase a formar parte del séquito real como menina de la infanta María, quien había nacido dos meses antes que ella en el mismo Alcázar de Córdoba. Allí vive allí toda su infancia y su juventud, hasta que María de Aragón se casa con el rey de Portugal, Manuel I. Catalina ‘La Canaria’ contraerá matrimonio entonces con el leonés Pedro de Vega, que tuvo repartimiento de agua y tierras en Gáldar como conquistador de la isla.

Catalina después de haber tenido varios hijos con Pedo de Vega, quien se hace llamar Pedro el Rey, repudia a su esposo, haciendo uso de una prerrogativa de las mujeres de la casa real indígena, para casarse a continuación con Adán de Acedo, ‘El Mozo’, conquistador de la isla de origen navarro, también vecino de Gáldar. Con él tiene cuatro hijos, y por último, fallecido Adán, casará con Blas Rodríguez, un hijo de Juan de Vargas, el alcalde de Gáldar, y de mujer nativa, con el que no tuvo descendencia.

Faneque Hernández y Manuel Lobo compartirán este jueves, a las 19.00 horas, un acto en la nueva Casa Museo Orlando Hernández de Agüimes en el que harán una glosa del personaje

Tras casar con Blas Rodríguez, el matrimonio sufre penurias económicas, lo que la lleva a vender la casa de Gáldar que había heredado de su padre y a recorrer la isla pidiendo limosnas para obras pías.

En su deambular Catalina, con su marido, llega hasta Agüimes en febrero de 1526, alojándose en la casa de su prima hermana, Ana Hernández, hija de Fernán de Canaria, (Chambeneguer) la cual estaba casada por entonces con el vasco Pedro de Urúspuru. A la villa llega en muy mal estado de salud pues llevaba un tiempo enferma de la peste, una epidemia que azotó la isla en los años 20 del siglo XVI.

Agonizante, el 17 de febrero otorga autorización ante el notario de la villa episcopal a su marido, Blas Rodríguez, para que en su nombre dicte testamento ante el escribano de Gáldar. En dicho testamento, fechado en 10 de abril de 1526, exhumado por Manuel Lobo Cabrera en el Archivo Histórico Provincial de Las Palmas (AHPLP,) Catalina manda ser enterrada bajo las losas de la primitiva iglesia de San Sebastián de Agüimes, que estaba situada donde hoy se encuentra la plaza.

Una muerte desapercibida en la época

La muerte de Catalina Hernández Guadarteme en Agüimes a sus 43 años pasó completamente desapercibida. En su recorrido por Gran Canaria fue a morir a un pueblo por entonces muy pequeño y con pocos muy pocos vecinos. Su óbito afectó a la familia que lo aloja pues Pedro de Urúspuru, su anfitrión, moriría al año siguiente.

Su media hermana, Margarita Fernández , aprovecharía de inmediato su fallecimiento para con artimañas quedarse en exclusiva con las propiedades de su padre don Fernando Guadarteme, fundamentalmente con el término Redondo de Guayedra, que efectivamente pasa a manos de ella y de su marido, el extremeño Miguel de Trejo de Carvajal.

Testamento de Catalina Hernández, fechado en 10 de abril de 1526, exhumado por Manuel Lobo Cabrera en el Archivo Histórico Provincial de Las Palmas.

Testamento de Catalina Hernández, fechado en 10 de abril de 1526, exhumado por Manuel Lobo Cabrera en el Archivo Histórico Provincial de Las Palmas. / LP/DLP

Escuchar la historia de Catalina Hernández Guadarteme, con ‘d’, como aparece en los documentos del siglo XVI, de la voz y la explicación del profesor, historiador e investigador Faneque Hernández es una magnífica oportunidad para conocer la importancia de los hechos históricos de los que ella fue testigo privilegiado. Su vida y la de su madre, Abenchara, le han inspirado para narrar en diversos géneros (ensayo histórico, novela, teatro, poesía) los avatares de la conquista y de la fulminante aculturación de sus habitantes.

En su opinión, los hechos narrados constituyen «una lección muy dura de la historia». Hernández explica que por decisión real tras la capitulación la mayoría de los indígenas fueron desterrados de su isla, «y antes de esto, para ganarla, los métodos empleados habían sido realmente deshonrosos: el rapto violento de una reina para deslegitimar a su marido, su secuestro durante un año junto a su hija recién nacida para extorsionar a su esposo con la finalidad de que este colaborase con la conquista de su propia isla. Son hechos tristes que hay que recordar y lamentar».

En el empeño de rescatar la figura de Catalina, Faneque Hernández y Manuel Lobo compartirán un acto en la nueva Casa Museo Orlando Hernández de Agüimes, el próximo día 26 de este mes, a las siete de la tarde, donde harán una glosa del personaje. También se proyectará un cortometraje producido por El Museo Canario, donde la artista María Quintana, haciendo el papel de Catalina Hernández desde su lecho de muerte, dicta una carta para despedirse de su madre, Juana Hernández, al tiempo que rememora la vida de ambas.

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